La psicología de la desinformación y los «paquetes retóricos».

Dibujo sobre los algoritmos que distorsionan la información

En la era de la saturación cognitiva, tendemos a creer que el discurso público es un torrente espontáneo. Sin embargo, la viralidad no es azarosa sino estructural, sigue patrones matemáticos y psicológicos diseñados para secuestrar nuestra atención, manipularla o desviarla.

El siguiente análisis apunta hallazgos importantes sobre quién domina realmente los micrófonos y sobre cómo se fabrica el odio mediante un encuadre retórico preciso. Buena parte de su contenido está vinculado al excelente artículo de Newtral firmado por Marilín Gonzalo y Miguel Ros que lleva por título «El “paquete retórico” del odio: la fórmula que viraliza la desinformación en las redes sociales«.

Micrófonos y representación política en el Congreso.

Un análisis técnico de los tiempos de intervención de los grupos políticos en el Congreso español revela que la visibilidad no depende de los escaños, sino de un encuadre oportunista del reglamento. Grupos minoritarios logran «mandar» en el micrófono mediante una ocupación sistemática del tiempo.

Mientras tres diputados de Podemos sumaron 25 horas y tres de ERC superaron las 24 horas, el presidente Pedro Sánchez acumuló un total de 38 horas. El contraste es importante: la visibilidad individual alcanzó su cénit con Alberto Núñez Feijóo y su récord de 41 minutos ininterrumpidos.

Desde la perspectiva de la economía de la atención, estas cifras demuestran que la palabra se usa de forma transaccional. No se busca solo legislar, sino saturar el ecosistema mediático para que la minoría proyecte una autoridad desproporcionada frente a la mayoría.

El «Paquete Retórico» de la comunicación viral.

Una investigación de Newtral y la Universidad de Granada identifica una estructura denominada «paquete retórico». Este patrón aparece entre el 86% y el 99% de las veces en los mensajes de odio, funcionando como una llave maestra para los algoritmos de recomendación.

Esta fórmula estructural consta de cuatro mecanismos coordinados:

  • Identidad grupal: Construcción de un «nosotros» frente a un «ellos».
  • Información distorsionada: Narrativas parciales diseñadas para el sesgo de confirmación.
  • Inferencias causales injustificadas: Búsqueda de culpables mediante marcos conspirativos.
  • Uso de las emociones: Activación de la ira, el miedo o el asco para anular el juicio.

Esta combinación no es anecdótica, es una herramienta para la distribución masiva de mensajes. Al priorizar el engagement emocional, los algoritmos convierten esta psicología en un estándar de visibilidad en plataformas como TikTok o Telegram. Por ejemplo, según la investigación citada, los altercados sucedidos en Torre-Pacheco, Murcia, en julio de 2025, contenían uno o varios de los mecanismos psicológicos que, según investigaciones previas, están habitualmente asociados a la desinformación y a la difusión de prejuicio. En X la cifra fue del 74,4%, en TikTok del 71,4% y en Telegram del 83,6%.

El odio digital como riesgo nacional

El caso de los disturbios en Torre-Pacheco (2025) confirma que la desinformación traspasa dimensiones. Las narrativas antiinmigración se duplicaron (+96,53%) días antes del estallido de violencia real, demostrando que el terreno se prepara digitalmente.

La toxicidad está en manos de una extrema concentración: apenas el 12,4% de los usuarios en redes o solo 14 canales de Telegram generaron la mitad del odio. Esto no es un «malentendido», sino una saturación orquestada que busca la parálisis del sistema.

Según el Departamento de Seguridad Nacional (DSN), esta saturación cognitiva representa una vulnerabilidad crítica para la seguridad pública. El bombardeo constante de desinformación precede a la agresión física, convirtiendo el espacio digital en una zona de conflicto real.

Ocho mecanismos psicológicos del paquete retórico

Según el modelo de clasificación desarrollado por la investigación de Newtral a partir de muestras catalogadas por los expertos de la Universidad de Granada cabe distinguir estas categorías:

  • Heurísticos de la fuente (relacionadas con las características del emisor: una persona admirada o una autoridad tienen mayor capacidad de influencia, por ejemplo). También caben aquí las afirmaciones sobre la credibilidad de las fuentes (“la prensa manipula”).
  • Efectos intra/exogrupo: afirmaciones que apelan al sentimiento de pertenencia y a la identidad del grupo, a menudo marcando una frontera entre el endogrupo (“nosotros”) y el exogrupo (“ellos”).
  • Prueba social o falso consenso: Las personas tendemos a hacer lo que hace la mayoría en esa situación, el falso consenso implica que asumimos que la mayoría de las personas tienen las mismas creencias que nosotros (“es de sentido común”).
  • Presentación parcial o distorsionada de la información: Se expone una parte no representativa de la información como si fuera la totalidad, o se distorsiona para que encaje en una narrativa. Incluye cherry-picking, sesgos de muestreo, evidencia anecdótica, negación de tasa base, trampas en elementos gráficos, validación de creencias previas y falso dilema.
  • Inferencias causales injustificadas: Incluye marcos conspirativos, causalidad simplista y confusión correlación-causalidad. El marco conspirativo atribuye un suceso a un plan oculto ejecutado por un poder que se esconde. La causalidad simplista refiere historias con una sola causa clara y a menudo un «culpable» al que responsabilizar. La confusión correlación-causalidad interpreta la co-ocurrencia de dos hechos como evidencia de relación causal.
  • Deshumanización: Es un proceso mental que conduce a la percepción de otras personas y grupos como inferiores y menos que humanos. A veces implica una negación de los aspectos centrales de la humanidad (racionalidad, civismo, autocontrol). En otras ocasiones adopta la forma de la metáfora animal, presentando al grupo objetivo con términos como «bestias», «cucarachas», “cerdos”. En nuestra investigación, dada la escasa prevalencia de ejemplos claros de deshumanización en los mensajes analizados, el modelo tendió a incluir en esta categoría todos los mensajes que contienen lenguaje peyorativo e insultos, sean propiamente deshumanizadores o no, e independientemente de que se dirigieran a colectivos migrantes o a otros usuarios de la red.
  • Uso de las emociones: Uso de lenguaje cargado emocionalmente para activar al receptor y colocarlo en un estado poco propenso a la reflexión y más a la acción impulsiva. Se centra en emociones negativas y energéticas (las que mueven a la acción): ira/odio, miedo, y, en menor medida, asco.
  • Llamadas a la acción: Llamamientos a actuar. Inicialmente el foco estaba en llamamientos a conductas e intenciones conductuales de agresión/violencia contra las personas migrantes, pero la mayoría de los mensajes clasificados en esta categoría incluye también acciones no necesariamente agresivas (por ejemplo, “hay que expulsarlos”, “tienen que marcharse”).

Los peligros de la censura por decreto.

Frente a esta «incivilidad», imponer un «Régimen de Civilidad» estricto podría dañar aún más la dignidad igualitaria. En este sentido, es crucial distinguir entre el «caso fácil» (insulto directo) y el «caso difícil» (opiniones ofensivas en un debate académico). Silenciar el «caso difícil» suele generar un respeto fingido que oculta el prejuicio sin resolverlo. Callan argumenta que, para proteger la igualdad de oportunidades educativas, debemos permitir que las ideas —incluso las hirientes— salgan a la superficie para ser desarticuladas.

Frente a la censura, la estrategia Brandeisiana de «más discurso» (more speech) es pedagógicamente superior. En lugar de callar la disidencia, el objetivo debería ser exponer las falacias mediante el debate abierto, fomentando la crítica y análisis intelectual sobre la corrección impuesta.

Rebranding y comunicación transaccional como alternativa.

La retórica política es a menudo una herramienta de rebranding necesario para el ejercicio del poder. La coherencia ideológica cede ante la eficacia del momento, convirtiendo las declaraciones en activos de corto plazo.

Un ejemplo mordaz es el precio de la luz (por no hablar de la vivienda). En la oposición, Pedro Sánchez calificaba las subidas como «golpes a las familias» y Pablo Iglesias pedía nacionalizar las eléctricas. Al llegar al Gobierno, el discurso mutó hacia un tecnicismo pragmático y frío.

Este cambio no es un error de memoria, sino una comunicación profesional diseñada para que el receptor actúe o decida. La hemeroteca revela que la palabra es, ante todo, una moneda de cambio para mantener la autoridad en un entorno volátil.

Entender estos mecanismos —la fórmula del odio, la paradoja de la voz y los riesgos de la censura— nos hace ciudadanos menos vulnerables a las cámaras de eco. La autoridad real no emana del volumen, sino de la honestidad en el diseño de la información.

Reconocer estos patrones es el primer paso para desactivar la manipulación algorítmica. En un mundo diseñado para la reacción visceral, recuperar la amistad cívica requiere un esfuerzo consciente de análisis y moderación.

En un ecosistema que nos empuja a la ira constante, cabe preguntarse: ¿estamos dispuestos a ejercer el análisis crítico necesario para entender la realidad que vivimos, o seguiremos siendo rehenes del próximo paquete retórico?

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