El XXIV Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros (EIPCO) reafirma la defensa de Cuba y Palestina, pero deja abierta la cuestión de cómo convertir la solidaridad internacionalista declarada en poder popular organizado dentro de cada territorio.
El XXIV Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros (EIPCO) reunió en La Habana, entre el 7 y el 9 de agosto, a más de un centenar de representantes de 48 organizaciones políticas de distintos continentes, entre las que se encontraban el PCE y el PCPE.[1][2] La cita, celebrada en el Palacio de Convenciones bajo el lema de rendir homenaje al legado de la Revolución cubana en el centenario del nacimiento de Fidel Castro, tuvo como eje la defensa de Cuba, la solidaridad internacionalista, la lucha contra el imperialismo y la búsqueda de una coordinación más eficaz entre fuerzas comunistas y obreras.[3]
El EIPCO, fundado en 1998 en Atenas y que agrupa hoy a 118 partidos en todo el mundo, retomó el desarrollo de sus objetivos fundacionales de facilitar el intercambio político e ideológico, concertar posiciones y promover acciones comunes.[4] En un escenario marcado por guerras, rivalidades entre potencias, crisis ecológica, desigualdad creciente y avance de la extrema derecha, sus participantes reivindicaron la necesidad de articular una respuesta internacional desde los intereses de la clase trabajadora y de los pueblos.
Cuba como centro político
La elección de La Habana no fue casual. Cuba sigue ocupando un lugar central en el imaginario comunista internacional por su ruptura histórica con el dominio estadounidense, sus políticas universales de educación y sanidad, y su trayectoria de cooperación internacionalista. El Partido Comunista de los Trabajadores de España señaló que la Revolución cubana convirtió derechos sociales fundamentales en pilares de la vida colectiva, y que esa experiencia sigue siendo inseparable de la defensa del socialismo.
Las delegaciones denunciaron el bloqueo económico, comercial y financiero estadounidense y sus efectos extraterritoriales, y reclamaron el levantamiento inmediato de las medidas coercitivas. El canciller cubano Bruno Rodríguez fue más allá y denunció durante su intervención el resurgimiento de posturas que calificó de neo-macartistas en Estados Unidos, rechazando un reciente informe del Departamento de Estado que tildó de superficial y mendaz.[5] Ese mismo informe estadounidense, según medios críticos con el gobierno cubano, describe el «comunismo del siglo XXI» promovido desde La Habana como una evolución de la Guerra Fría adaptada a la era de la información.[6] El propio Partido Comunista de Cuba presentó la situación del país como resultado de una combinación de asfixia externa, dificultades económicas internas y presión política orientada a provocar una ruptura social.
La cuestión palestina ocupó igualmente un lugar destacado. El representante del Partido Comunista de Palestina, Ihab Masfi, agradeció la solidaridad con Cuba y exigió, a su vez, la retirada de la isla de la lista unilateral de terrorismo de Estados Unidos y el fin del bloqueo genocida sobre Gaza.[4] Los participantes vincularon así la guerra, el colonialismo y la subordinación de los pueblos con la lógica imperialista del capitalismo contemporáneo, situando la defensa de Cuba dentro de un marco más amplio de solidaridad con Palestina, Venezuela y otros pueblos sometidos a agresión o presión.
De la denuncia a la organización
Uno de los aspectos más relevantes de la clausura fue el reconocimiento de que la solidaridad no puede limitarse a declaraciones. Miguel Díaz-Canel llamó a construir redes de cooperación política, económica, tecnológica y comunicativa, y a movilizar parlamentos, sindicatos y movimientos sociales contra el bloqueo y las campañas imperialistas de desinformación.
También se planteó la necesidad de organizar a la clase trabajadora bajo las nuevas formas de empleo. La digitalización, la automatización y las plataformas no eliminan la explotación, sino que modifican sus mecanismos, fragmentan a los trabajadores, dificultan la acción sindical y trasladan riesgos y costes hacia quienes venden su fuerza de trabajo. En este punto apareció uno de los principales desafíos pendientes del EIPCO: transformar la coordinación entre partidos en capacidad real de intervención. Para ello no bastan los encuentros internacionales ni los comunicados conjuntos; hace falta mantener una política sostenida en los centros de trabajo, los barrios, las universidades, los sindicatos y los movimientos sociales de cada territorio.
Declaración final y matices
La declaración final, leída por José Luis Centrella (PCE), identificó la unidad, la solidaridad y la cooperación como instrumentos para enfrentar el aumento de la desigualdad, la explotación y las rivalidades del sistema imperialista, y reafirmó la vigencia del pensamiento de Fidel Castro como referencia internacionalista.[7]
El Encuentro acertó de pleno al analizar las crisis actuales con la estructura del capitalismo monopolista e imperialista internacional. La guerra, la desigualdad, la destrucción ambiental y la competencia entre potencias forman parte de esta ofensiva imperialista. Por eso hay que situar la lucha antiimperialista junto a la lucha de clases. Porque el imperialismo no es solo la política exterior agresiva de un Estado, sino una fase del capitalismo a escala internacional caracterizada por la concentración del capital, la rivalidad entre grandes grupos económicos y la disputa por mercados, recursos, rutas comerciales y zonas de influencia.
En todo caso, a tenor de las intervenciones realizadas por los distintos representantes partidistas, quizás convenga advertir sobre la tendencia a utilizar el término imperialismo de manera excesivamente amplia, como se también hace en la declaración final. Si todo conflicto internacional se explica únicamente por la acción de Estados Unidos o por la oposición entre «pueblos» e «imperio», se corre el riesgo de ocultar las contradicciones de clase existentes dentro de cada país, incluidas las sociedades que se presentan como antiimperialistas.
La crítica al hegemonismo estadounidense no debería convertirse en una aceptación acrítica de cualquier gobierno que se le oponga.
Del mismo modo, también cabe señalar la distancia entre los objetivos proclamados y los mecanismos concretos de aplicación. La declaración llama a la unidad, la movilización y la construcción de poder popular, pero faltan los compromisos y acciones concretas. Además, sin estructuras permanentes y democráticas de coordinación, la unidad que decía Centella puede quedar reducida a una coincidencia diplomática entre direcciones partidarias.
Otra cuestión que quedó pendiente fue la relación entre partido, Estado y clase trabajadora. La declaración final reivindica el papel de los partidos de vanguardia, pero no se puede ignorar que la emancipación de los trabajadores solo puede ser obra de los propios trabajadores. Es decir, requiere participación, deliberación, control desde abajo y posibilidad de crítica dentro de las organizaciones de clase.
«No basta con condenar al imperio; debemos construir poder popular en las bases», resumió Díaz-Canel durante la clausura.[8]
La frase apunta al problema central: la solidaridad internacional solo será revolucionaria si ayuda a fortalecer la organización autónoma de la clase trabajadora, y no únicamente la legitimidad internacional de los Estados o de sus gobiernos.
Una oportunidad todavía abierta
El XXIV Encuentro expresa una voluntad de resistencia en un momento de crisis capitalista, militarización y ofensiva reaccionaria. Su valor político depende menos de la contundencia de sus consignas que de su capacidad para conectar el internacionalismo con luchas concretas por mejores salarios, derechos sindicales, vivienda, servicios públicos, transición ecológica, soberanía alimentaria y oposición a la guerra.
La tarea pendiente es convertir la solidaridad en práctica organizada y la crítica del capitalismo en estrategia. Es decir, combinar la defensa frente a la agresión imperialista con una evaluación honesta de las propias experiencias, ampliar el trabajo político entre la clase trabajadora y construir formas de unidad que respeten la diversidad sin renunciar a una perspectiva socialista.
El reto tremendo que nos deja este Encuentro es, pues, pasar del texto común comentado a un programa de acción internacionalista, arraigado en las luchas reales de quienes viven de su trabajo.
Qué hacer
La solidaridad con Cuba y Palestina no se agota en un comunicado de apoyo. Se sostiene con campañas locales contra el bloqueo, con brigadas de trabajo, con presión sobre representantes institucionales para que exijan el fin de las medidas coercitivas unilaterales, y con la difusión de información verificada frente al relato mediático dominante. A escala local, esa misma lógica exige informar y llevar el debate del EIPCO a los espacios reales de organización: asambleas de barrio, secciones sindicales, plataformas de vivienda y colectivos migrantes, donde la solidaridad internacionalista se traduce en trabajo político cotidiano y no en un gesto simbólico aislado. Exigir a las organizaciones de la izquierda valenciana y española que rindan cuentas sobre sus propios compromisos de solidaridad —con calendarios y responsabilidades concretas, no solo declaraciones— es una forma de tomarse en serio lo que el propio encuentro reconoció como su tarea pendiente.
- Resumen Latinoamericano, «Cuba. Partidos Comunistas y Obreros: unidad antiimperialista y vigencia del legado de Fidel», 8/8/2026.
- teleSUR, «Inaugurado en Cuba XXIV Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros».
- Radio Rebelde, «Asiste Díaz-Canel a la inauguración del Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros».
- Cuba en Resumen, «Partidos Comunistas y Obreros: unidad antimperialista y vigencia del legado de Fidel», 9/8/2026.
- Radio Sandino, «Asiste Díaz-Canel a la inauguración del Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros».
- Diario de Cuba, «El régimen reúne en La Habana a representantes del comunismo mundial para maquillar su soledad».
- Notinet, «Cuba cuenta con la solidaridad de los partidos comunistas y obreros».
- Cuba en Resumen, Discurso de clausura de Miguel Díaz-Canel, 9/8/2026.
