El partido logra el 25,7% de los votos en la capital alemana, más del doble que en 2023, con una campaña centrada en el alquiler y sin una sola concesión al discurso de la extrema derecha.
Die Linke ha ganado las elecciones al Abgeordnetenhaus de Berlín con el 25,7% de los votos, según el resultado provisional oficial: más del doble de su resultado de 2023 y el mejor registro de su historia en unos comicios regionales berlineses. Las primeras proyecciones a pie de urna, publicadas la noche del domingo por Forschungsgruppe Wahlen para la ZDF, situaban a la formación en el 26%; el recuento definitivo la deja en el 25,7%, un matiz aritmético que no altera el fondo político del resultado. La CDU de Friedrich Merz queda segunda con el 18,8%, seguida de AfD (16,3%), Los Verdes (14,3%) y una SPD hundida en el 12,1%. El BSW de Sahra Wagenknecht, con el 4,7%, se queda fuera del Parlamento.
El avance no se limita al cómputo regional. Die Linke se convierte en la fuerza más votada en seis de los doce distritos berlineses —Pankow, Mitte, Friedrichshain-Kreuzberg, Neukölln, Lichtenberg y Treptow-Köpenick—, mientras que Los Verdes concentran su mejor resultado en el mismo Friedrichshain-Kreuzberg y sus peores cifras en Marzahn-Hellersdorf y Lichtenberg. El análisis de transferencia de voto de Infratest dimap aporta el dato que de verdad importa para leer este resultado desde una perspectiva de clase. El hecho de que unas 75.000 personas que se habían abstenido en 2023 votaron esta vez por Die Linke, a lo que se sumaron 57.000 votos procedentes de Los Verdes. No es solo un trasvase entre partidos de izquierda; es la reincorporación al voto de un sector que había dejado de esperar algo de las urnas.
La propiedad inmobiliaria, no la migración, marca la campaña
El resultado no puede leerse fuera del conflicto que atraviesa Berlín desde hace más de una década, vinculado al encarecimiento sostenido del alquiler y al desplazamiento de la población trabajadora hacia la periferia. La candidatura de Die Linke, encabezada por la jurista Elif Eralp, construyó su campaña sobre propuestas nítidamente de izquierdas, basadas en el control de rentas, la ampliación de la vivienda pública y la intervención directa sobre los grandes propietarios. Medidas, ciertamente, que en España no se impulsan desde las opciones progresistas.
Detrás de esa propuesta está el referéndum de 2021, en el que el 58% de los berlineses votó a favor de expropiar a las grandes inmobiliarias. Cuatro años después, el mandato popular sigue sin aplicarse: el SPD se opone frontalmente y su secretario general, Tim Kluessendorf, cifra el coste de la socialización en unos 20.000 millones de euros. El apoyo social a la medida ha bajado hasta el 37% según la última encuesta de Infratest dimap citada por Reuters, pero el resultado electoral demuestra que la demanda de fondo —la vivienda como derecho de uso y no como activo financiero— conserva capacidad de movilización real, incluso cuando el respaldo explícito a la expropiación se erosiona.
Alemania ha votado este domingo en dos territorios que no podrían ser más distintos, y el resultado combinado desmonta de un plumazo el argumento que lleva dos años repitiéndose en toda Europa: que el ascenso de la ultraderecha solo se contiene asumiendo parte de su discurso, y/o apelando al «cordón sanitario de todas las fuerzas progresistas» .
Lo que este resultado no indica
Sería un error convertir Berlín en tendencia nacional. El mismo domingo, en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la AfD ganaba con en torno al 37% de los votos, muy por delante de un SPD regional al 35,5%, mientras Die Linke apenas alcanzaba el 7,5%. La capital alemana concentra una población joven, universitaria y con una tradición de organización vecinal y sindical que no se reproduce en el resto del país. La lección no es que la izquierda gane en todas partes por defender la vivienda pública; es que allí donde consigue plantear el conflicto de clase con nitidez —propiedad, renta, servicios— tiene con qué disputar terreno electoral, incluso frente a una ultraderecha en ascenso, sin ceder ni un milímetro en el terreno discursivo de la migración o la seguridad.
Otro caso claro lo tenemos en la victoria contundente del AfD en Sajonia-Anhalt, que analizamos en esta web bajo el título «Alemania y la trampa del centro«
Ganar el Parlamento no es gobernar la ciudad
Quedar primera no garantiza gobernar. Die Linke necesita ahora una mayoría parlamentaria, y la negociación con un SPD debilitado pero aritméticamente imprescindible se anuncia dura tras una campaña de ataques cruzados entre ambas formaciones. El reto no es solo de aritmética parlamentaria: es sostener el programa de vivienda pública que hizo posible la victoria sin diluirlo en la gestión de gobierno, y mantener el vínculo con las plataformas vecinales, los sindicatos y el propio movimiento por la expropiación de 2021, en lugar de sustituirlo por administración institucional pura. La principal amenaza para Die Linke no es la oposición de la CDU o de AfD, sino la tentación de tratar este resultado como un techo alcanzado en lugar de como el inicio de una correlación de fuerzas que todavía hay que construir contra la propiedad inmobiliaria organizada.
Por qué esto nos interesa desde aquí
Berlín funciona como laboratorio de algo que también vivimos en nuestro medio, donde el alquiler sirve como mecanismo de expulsión de clase, la vivienda tratada como activo financiero antes que como derecho de uso, y en la que la socialdemocracia —PSOE e incluso Sumar— se muestra incapaz de ofrecer respuesta concreta porque no cuestiona el marco de propiedad que produce el problema. La diferencia berlinesa es que existe una fuerza política dispuesta a nombrar ese conflicto sin eufemismos —propiedad, renta, expropiación— y una parte creciente del electorado la ha votado precisamente por eso, no a pesar de eso. El resultado de septiembre no se sostiene por sí solo, sino por la capacidad de la izquierda alemana de convertir un mandato electoral en una correlación de fuerzas real frente al capital inmobiliario.
Qué hacer
El conflicto que ha decidido esta elección —alquiler, propiedad, expulsión— no es un problema alemán. Es el mismo que organiza el mercado de vivienda en la Comunitat Valenciana y en el resto del Estado. Aquí no hay un referéndum de expropiación que exigir, pero sí hay proposiciones de ley bloqueadas en el Congreso, zonas tensionadas sin aplicar y un parque de vivienda pública insuficiente para sostener cualquier conflicto de precios. Seguir el caso berlinés no es un ejercicio de admiración a distancia, es una forma de calibrar qué exigimos —control de rentas efectivo, ampliación real de la vivienda pública, freno a los fondos de inversión— y con qué nivel de movilización, sindical y vecinal, hay que sostenerlo para que no se quede en mera palabrería parlamentaria.
[1] Berlín Amateurs, «Die Linke gana las elecciones de Berlín: así queda el nuevo mapa político de la ciudad» — berlinamateurs.com
[2] El Chamuco y los Hijos del Averno, «Die Linke gana las elecciones de Berlín y abre negociación para formar gobierno» — elchamuco.com.mx
[3] Mundo Obrero, «Die Linke gana las elecciones de Berlín y reclama el derecho a gobernar» — mundoobrero.es
[4] La República, «Die Linke gana Berlín con el 26% de los votos» (proyección inicial, contrastada con el resultado provisional oficial) — larepublica.es
[5] Demócrata, «La izquierda se dispara en Berlín: Die Linke ganaría con el 26% y dejaría atrás a la CDU, según ZDF» — democrata.es
[6] Wikipedia, «2023 Berlin state election» (datos comparativos del resultado de 2023) — en.wikipedia.org
