El 14 de abril de 1931 no fue un día cualquiera: fue el estallido de la Segunda República Española en las calles de València, apenas 48 horas después del mazazo electoral del 12 de abril, donde la Alianza Antidinàstica —liderada por el PURA de Vicente Blasco Ibáñez— aplastó a los monárquicos. Éibar izó la tricolor a las 6:30 horas, pero València, corazón obrero y valencianista, convirtió la proclamación en una fiesta revolucionaria que resonó hasta Madrid.
Hoy, 14 de abril de 2026, recordamos este hito no como nostalgia burguesa y para volver a repetir lo que no se pudo consolidar, sino como lección histórica: el pueblo trabajador, organizado, puede derrocar tiranías, aunque al final ocurrió que la II República fue traicionada por los reformistas y sabotada por la reacción, lo que nunca debemos olvidar
Antecedentes: la dictablanda y el plebiscito del 12 de abril
La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) y la fallida dictablanda de Berenguer (1930-1931) deslegitimaron a Alfonso XIII. El Pacto de San Sebastián (agosto 1930) unió a republicanos y socialistas para tumbar la monarquía. La sublevación de Jaca (diciembre 1930), con los fusilados Fermín Galán y Ángel García Hernández, avivó las llamas. Las municipales del 12 de abril fueron plebiscito: en València, la Alianza (PURA, PSOE, Derecha Liberal Republicana…) sumó 36.738 votos y 32 concejales frente a 12.420 y 18 monárquicos. La Guardia Civil, pasiva, no reprimió como el día anterior. La Junta Provisional Republicana repartió octavillas: “¡La República es un hecho definitivo! Animad al Ejército, ya no es milicia pretoriana”.
La mañana del 14: València se levanta en armas pacíficas
Desde el alba, calles como Joan d’Àustria se llenaron de trabajadores celebrando. A diferencia del domingo, cuando la Benemérita causó heridos, ahora observaba impasible. La euforia era palpable: panfletos anunciaban la República, y la multitud aguardaba noticias de Madrid. Esta pasividad castrense, clave en la transición pacífica, reflejaba la crisis del régimen: ni la monarquía ni el ejército respondían al rey. Sigfrido Blasco-Ibáñez, hijo del gran escritor blasquista, lideró la marcha hacia la historia.
A las 16 horas: Proclamación épica en la Plaza de Castelar
A las 16:00, desde la sede de El Pueblo, la Junta —encabezada por Sigfrido Blasco-Ibáñez— avanzó al Ayuntamiento. Ante miles en la Plaza de Castelar, proclamó la República. Se izaron la senyera valenciana y la tricolor. La multitud invadió el edificio: escaleras, vestíbulos, salones rebosantes. Teatros y cines interrumpieron funciones para La Marsellesa y el Himne Regional Valenciano; estancos y tranvías se repintaron de morado. La procesión siguió al Gobierno Civil y Capitanía General, negados por Luis Amado y Eladio Pin Ruano hasta órdenes madrileñas.
Noche histórica: Alcalde provisional y abrazo catalán
A las 21:00, en el Ayuntamiento tomado por el pueblo, nombraron alcalde provisional a Vicent Marco Miranda. Bando al pueblo valenciano:
La República ha estat implantada per la via legal, donant al món un exemple únic en la Història. Que la seua defensa i consolidació siguen també exemplars.
Telegrama fraternal de Francesc Macià —que proclamó el Estat Català en Barcelona— al “poble valencià, unit a Catalunya per gloriosos vincles històrics de sang i de llengua”. Respuesta:
València correspon la salutació… Visca el poble català, visca Espanya republicana.
El 15 de abril, festivo con desfile militar: el capitán general rindió homenaje a la nueva bandera. Ciudades valencianas enteras se sumaron.
Análisis necesario de una esperanza traicionada y lecciones para la lucha que vendrá.
La República llegó pacífica, única en la historia: monarquía caída por las urnas, no por golpes. Pero, como advertía Marx, las reformas burguesas no bastan. Niceto Alcalá-Zamora y Manuel Azaña prometieron una Constitución, autonomías, reformas agraria y laboral, pero bloquearon la autoorganización y la iniciativa de la clase trabajadora.
En València, bastión obrero, el PURA y el PSOE impulsaron cambios, pero la burguesía y las derechas los sabotearon: primero fue el bienio negro (1933-1935), luego la frustración que llevó al Frente Popular (1936) y después la mal llamada Guerra Civil (levantamiento fascista).
Hoy, inmersos en una crisis capitalista de largo aliento, con las pensiones recortadas y el crecimiento de la precariedad real, este 14 de abril de hace 95 años sigue diciéndonos: ¡hay que organizar a la clase trabajadora y los pueblos contra el Estado burgués! Ya basta de ilusiones reformistas, recuérdense los soviets o las comisiones obreras que al menos trajeron la mal llamada “transición”.
Hoy, igual que ayer, la tricolor sigue ondeando en nuestras luchas dentro de la vigente monarquía parlamentaria, heredada del franquismo: están en juego las pensiones, salarios, vivienda, servicios públicos, la guerra y el armamentismo de la UE neoliberal…
Que la memoria de lo ocurrido en la II República nos lleve a los trabajadores, por fin, a aprender colectivamente estas lecciones.
Referencias
