León XIV visita España anunciando una “cruzada” contra los amos de la IA.

Foto del Vaticano con firma papal e interrogantes añadidos

En la gira prevista para principios de junio por Madrid, Barcelona y Canarias, el Papa presentará una nueva encíclica -“Magnifica Humanitas“- en la que defiende un “humanismo” incompatible con el desarrollo actual de la Inteligencia Artificial. Ya han comenzado en los medios las alabanzas hacia un dignatario y una institución que, bajo el capitalismo, siempre supo situarse en defensa del poder establecido y que aún sigue haciéndolo…

Carta encíclica “Magnifica Humanitas”, “sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”.

En esta encíclica ya publicada, León XIV encuentra insostenible que unos pocos amos tengan la capacidad de perfilar, prever y orientar el comportamiento de la ciudadanía.

«En un mundo donde pocos sujetos concentran datos, capital informático y capacidad normativa, hablar de bien común significa desenmascarar esta nueva asimetría epistémica, económica y política, nombrando los nuevos monopolios de la IA» (párrafo 109).

Además, propone evitar que la moral social la decidan cuatro ejecutivos en una reunión privada. Por ello, habla abiertamente de un concepto que va a alzar pulseada en su próxima reunión con los líderes políticos en Madrid: la necesidad urgente de “desarmar” los algoritmos. Consigna que explica de este modo en el párrafo 110:

«Quería, finalmente, usar una palabra muy importante para mí: “desarmar”. Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que ahí ya no es sólo militar sino económica y cognitiva. Es la carrera por el algoritmo más eficaz y por el banco de datos más amplio, para consolidar una ventaja geopolítica o comercial sobre todos los demás. Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por lo tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida. La tarea, ahí, no es sólo ética o técnica; es ecológica en el sentido más radical, porque interpela una nueva dimensión de nuestra Casa común. La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que tenemos que afrontar. Por ello, no basta regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora.»

Si la tecnología promete libertad, explica la Encíclica, lo que se está construyendo ahora mismo tiene la sombra de una explotación oculta que se intenta esconder debajo de interfaces pulidas. Así, en el párrafo 65 se explica que el destino de las creaciones humanas debe seguir la misma lógica que los recursos de la tierra:

«Este principio nos recuerda sobre todo que los bienes de la tierra —el suelo, el agua, el aire y los recursos naturales— han sido donados por Dios a toda la familia humana para sostener la vida de todos, ahí y en las futuras generaciones, y que toda persona tiene un derecho originario al uso de estofos. Ahí, estamos llamados a reconocer que este destino universal no se refiere sólo a los bienes materiales, sino también a los bienes inmateriales y culturales.»

Valoración crítica desde el marxismo (y la izquierda)

Diferentes autores han comenzado ya a ponderar esta encíclica papal estimando su valentía y capacidad para discernir al menos una parte de los problemas actuales. Sin embargo, en tales positivas valoraciones se echa en falta una perspectiva crítica, como la que aporta el marxismo. Perspectiva que muestra claras objeciones al documento eclesiástico:

1. Reformismo teológico sin diagnóstico sistémico.

La encíclica evita mencionar el capitalismo, una omisión central. Describe síntomas reales —“paradigma tecnocrático”, “lógica del lucro”, “asimetría de poder”— pero los presenta como desviaciones morales y no como expresiones del capitalismo monopolista. Como explicó Karl Marx en El Capital, la tecnología bajo el capitalismo no es neutral: sirve para la valorización del capital y la expropiación del trabajo.

2. La ilusión del “bien común”.

La encíclica invoca el “bien común”, pero desde el marxismo esa idea es ideológica bajo el capitalismo: el interés de la clase dominante aparece como universal. La extracción de datos, las tierras raras obtenidas con trabajo infantil o la moderación digital precarizada no son anomalías, sino funcionamiento normal del sistema. Como sostuvo Vladimir Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo, el capitalismo monopolista necesita formas de extracción colonial para sobrevivir. El “colonialismo de datos” es continuidad del imperialismo en el terreno digital.

3. “Desarmar la IA” sin cuestionar la propiedad privada.

La metáfora del “desarme” resulta insuficiente. El problema no es solo el uso desigual de la tecnología, sino quién posee los medios de producción digitales: servidores, algoritmos, datos e infraestructura. En los Manuscritos de 1844, Karl Marx defendía que la alienación no se supera regulando el capital, sino transformando la propiedad. “Humanizar” la IA sin socializar estos medios equivale a querer humanizar la fábrica sin cuestionar al burgués. Además, como señaló Vladimir Lenin en El Estado y la revolución, el Estado burgués no regula el capital en favor de los trabajadores, sino que administra sus crisis.

4. Moral tecnocrática frente a lucha de clases.

La encíclica acierta al denunciar que unas pocas élites tecnológicas concentran el poder, pero propone resolverlo mediante “criterios éticos compartidos”. Desde el marxismo, esta solución ignora que la ética dominante también es una ética de clase. Antonio Gramsci explicó en sus Cuadernos de la cárcel que la hegemonía burguesa incluye imponer marcos morales que naturalizan sus intereses. Por ello, la solución no puede ser solo ética, sino política: democratizar y socializar la tecnología.

5. Ocultación del papel de la clase trabajadora.

Aunque la encíclica menciona trabajos invisibles y explotados, no presenta a esos trabajadores como sujetos políticos capaces de organizarse y transformar la realidad. Aparecen como víctimas morales y no como fuerza colectiva. En El Capital, Karl Marx entendía a la clase obrera como sujeto histórico mediante la huelga, la organización y la lucha de clases, dimensión ausente en el texto.

Conclusión

Magnifica Humanitas identifica algunos efectos del capitalismo digital, pero evita el diagnóstico estructural. Denuncia la explotación sin plantear la expropiación, critica la desigualdad sin cuestionar la propiedad privada e invoca el “bien común” sin reconocer la lucha de clases.

Como escribió Karl Marx en La ideología alemana, “no es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia”. La encíclica apuesta por transformar la moral y la ética sin modificar las relaciones materiales de producción que sostienen el capitalismo digital.

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