Leemos en la revista Hojas de Debate una aportación de José Manuel Rivero, títulada “Crisis múltiple del capitalismo: la sinergia implosiva que anuncia Lordon y la necesidad de una V Internacional”. Se trata, sin embargo, de un texto y propuesta bastante mejorables, porque desde una perspectiva marxista leninista este análisis deriva más bien hacia el campismo geopolítico y el colapsismo sin sujeto revolucionario…
El reciente artículo publicado en Hojas de Debate sobre la “crisis múltiple del capitalismo” y la necesidad de una “V Internacional” parte de intuiciones correctas, como el agotamiento del neoliberalismo, la aceleración de las contradicciones imperialistas y la entrada del capitalismo mundial en una fase de inestabilidad estructural. Sin embargo, cuando intenta construir una orientación política, el texto incurre en falencias teóricas y estratégicas, al menos desde un punto de vista marxista y leninista.
La principal limitación es que sustituye el análisis materialista de clase por una lectura excesivamente abstracta de la “policrisis”, la multipolaridad y las dinámicas geopolíticas. Como resultado, aunque plantea síntomas reales, falta precisión con respecto al sujeto revolucionario, las contradicciones principales y las tareas organizativas concretas.
La “policrisis” como categoría insuficiente
El texto de Hojas de Debate adopta enfoques cercanos a autores como Frederic Lordon o Adam Tooze para explicar la acumulación de crisis económicas, ecológicas, energéticas y geopolíticas. El problema no es reconocer esa acumulación de contradicciones —algo evidente—, sino elevar la “policrisis” a categoría central de análisis.
Desde el marxismo-leninismo, las crisis no constituyen una suma caótica de fenómenos autónomos. Tienen una raíz estructural: las contradicciones internas del capitalismo monopolista e imperialista. Lenin definió el imperialismo como la fase superior del capitalismo, caracterizada por el dominio de los monopolios, el capital financiero y la lucha por el reparto del mundo. Esa base económica sigue siendo la clave explicativa central.
“El concepto de ‘policrisis’ corre el riesgo de diluir la causalidad material en una visión difusa donde todas las crisis parecen equivalentes y simultáneamente determinantes. La lucha de clases desaparece como motor histórico y es reemplazada por una narrativa de colapso sistémico casi automático.”
Geopolítica sin análisis de clase
Otra desviación importante es la tendencia a interpretar el conflicto mundial únicamente como transición hacia un orden multipolar. La multipolaridad, por sí sola, no posee contenido emancipador: lo que existe son potencias capitalistas enfrentadas por mercados, recursos y áreas de influencia. Reducir el problema a la erosión de la hegemonía estadounidense conduce a una lectura simplista en la que cualquier actor enfrentado a Washington aparece automáticamente como progresista.
El marxismo-leninismo exige distinguir entre países socialistas, potencias capitalistas emergentes, burguesías nacionales en contradicción parcial con el imperialismo y movimientos genuinamente antiimperialistas. No toda confrontación con Estados Unidos implica una dinámica revolucionaria. La historia demuestra que las crisis del imperialismo también pueden desembocar en guerras interimperialistas, fascistización y nuevas formas de dominación. La descomposición del orden liberal no implica por sí misma una transición socialista.
La ausencia del partido revolucionario
El aspecto más problemático del artículo aparece en la propuesta de una “V Internacional”. La formulación parece responder más a una necesidad simbólica que a una evaluación concreta de las condiciones organizativas reales del movimiento comunista internacional. La III Internacional surgió tras la Revolución de Octubre, sobre la existencia de un Estado socialista, con partidos comunistas estructurados y en un contexto de ascenso revolucionario. Hoy la situación es radicalmente distinta, el movimiento comunista atraviesa una gran fragmentación ideológica, debilidad organizativa y fuertes desviaciones oportunistas.
Plantear una “V Internacional” sin resolver previamente la reconstrucción de partidos revolucionarios, la formación ideológica, la inserción en la clase trabajadora y la clarificación programática convierte la propuesta en una consigna propagandística sin base material. El internacionalismo proletario solo puede construirse a partir de organizaciones arraigadas en cada realidad nacional.
El peligro del determinismo colapsista
El artículo transmite además una idea implícita nefasta: que la propia acumulación de contradicciones del capitalismo empujará inevitablemente hacia soluciones emancipadoras. Ese enfoque se aleja del marxismo revolucionario y se aproxima al determinismo colapsista. Marx, Engels y Lenin nunca sostuvieron que el capitalismo caerá por agotamiento automático. Las crisis crean condiciones para la revolución, pero también para la reacción. Sin organización revolucionaria, dirección política y acumulación de fuerzas, la crisis puede desembocar en barbarie. El siglo XX ofrece ejemplos suficientes: el fascismo europeo, las guerras mundiales, la contrarrevolución neoliberal.
“La crisis objetiva no sustituye el factor subjetivo. Sin centralidad trabajadora, el análisis deriva hacia formas difusas de antagonismo global donde el sujeto revolucionario queda sustituido por una amalgama heterogénea de resistencias.”
La desaparición de la clase trabajadora como sujeto
Otro elemento llamativo es la relativa ausencia de la clase trabajadora como protagonista del análisis. El texto habla constantemente de crisis civilizatoria, colapso ecológico, gobernanza global y recomposición geopolítica, pero apenas desarrolla la organización obrera, el sindicalismo de clase, el poder popular o la estrategia revolucionaria concreta.
Ese desplazamiento teórico es característico de buena parte de la izquierda posmoderna contemporánea y constituye, en última instancia, una renuncia al núcleo del análisis marxista.
Conclusión
El artículo de Hojas de Debate acierta al identificar la crisis estructural del capitalismo y el agotamiento del neoliberalismo. Pero sus principales desviaciones —sustituir el análisis de clase por categorías difusas, sobrevalorar la multipolaridad como horizonte emancipador, minimizar el papel del partido revolucionario y deslizarse hacia el colapsismo— lo alejan de una orientación estratégica útil.
La tarea del marxismo-leninismo no consiste en esperar la implosión automática del sistema ni en proclamar nuevas Internacionales de forma abstracta. Se trata de reconstruir organización revolucionaria, elevar la conciencia de clase y articular un poder popular capaz de disputar efectivamente el Estado y los medios de producción. Sin esa base material y organizativa, cualquier horizonte internacionalista corre el riesgo de convertirse en mera retórica.
