Nuevas tecnologías y dominación capitalista.

Composición popr IA mostrando un mundo dominado por las redes

Las Nuevas tecnologías, en particular las redes sociales y la inteligencia artificial, están suponiendo la automatización algorítmica de la vida cotidiana de la gente para ponerla al servicio del dominio absoluto del capital. Ciertamente, no se trata de rechazar de plano estos desarrollos tecnológicos, pero sí de impulsar enfoques y usos alternativos contra la manipulación de conciencias que se viene produciendo…

Las Nuevas Tecnologías y la inteligencia artificial que conocemos implican un modelo de control digital de nuestra vida cotidiana orientado a dirigir la conciencia de miles de millones de personas hacia la aceptación de los valores del mercado como algo natural e inevitable. Lo que la mayoría percibe como herramientas neutrales —la web, el buscador, la red social, el asistente conversacional— forman en realidad toda una infraestructura de hegemonía cultural, un dispositivo ideológico que reproduce el orden existente, erosiona el pensamiento crítico y margina las alternativas de cambio social.

Uno de los mayores peligros de estas tecnologías es que fueron diseñadas mediante algoritmos basados en el análisis masivo de los datos y comportamientos sobre los contenidos que cada persona muestra en las redes, para así ajustarlos a la visión y las políticas del capital. Una tendencia que se ha afianzado junto con la expansión global de internet, impulsada por multinacionales oligopólicas y grandes potencias que llevan conectividad a todos los rincones del planeta —especialmente al Sur Global— incluso antes de garantizar agua potable, electricidad o servicios básicos, con el objetivo de maximizar beneficios y colonizar digitalmente el mundo.

Los afanes de propiedad y de lucro dirigen a estos algoritmos a priorizar el contenido que sirve a los intereses del mercado, y los convierten en herramienta de reproducción de la hegemonía cultural capitalista. Que la mayoría de usuarios, incluidos muchos de la izquierda, sigan considerando estas plataformas como  herramientas neutrales demuestra hasta qué punto la manipulación ideológica está teniendo éxito.

El deterioro programado del pensamiento

La amenaza se extiende también al deterioro de las facultades mentales del individuo. Un estudio del MIT Media Lab —«Your Brain on ChatGPT», de Nataliya Kosmyna y su equipo, difundido en 2025— sometió a 54 participantes a tareas de escritura divididos en tres grupos: uno sin ninguna herramienta, otro con buscador convencional y un tercero con asistencia de un modelo de lenguaje. Mediante electroencefalografía, los investigadores registraron que la conectividad cerebral se reducía de forma sistemática cuanto mayor era el apoyo externo: quienes escribían solo con su cerebro mostraron las redes neuronales más amplias y robustas; quienes usaban buscador, un compromiso intermedio; y quienes se apoyaban en el modelo de lenguaje, la conexión más débil. Quienes habían dependido del asistente de IA y después debieron escribir sin él arrastraron una conectividad neuronal menor y un menor sentido de propiedad sobre sus propias ideas, un fenómeno que los autores bautizaron como deuda cognitiva: tomar prestada capacidad mental del futuro a cambio de la comodidad del presente.

En la misma dirección apunta un estudio publicado en la revista académica Societies, que vinculó el uso repetido de herramientas como la IA con un pensamiento crítico más débil a través de un mecanismo de descarga cognitiva, particularmente entre los más jóvenes. Y una investigación de la Universidad de California, basada en datos de más de seis mil niños dentro de un estudio de largo plazo sobre desarrollo cerebral adolescente, encontró que quienes más tiempo pasan en redes sociales muestran un declive más marcado en lectura, vocabulario y memoria.

Sobre esta base empírica, la alienación humana se reproduce en formato digital porque el individuo se desconecta de sus propias facultades intelectuales y creativas, atrapado en un sistema técnico que le priva de capacidad de acción independiente, del mismo modo que el trabajador industrial se alienaba del producto de su trabajo bajo el capitalismo clásico. El sujeto queda sometido a algoritmos que determinan lo que lee, lo que ve y, en última instancia, cómo piensa, profundizando su dependencia de sistemas, empresas y Estados controlados por el capital. Esta reproducción digital de la alienación marxista clásica ilustra cómo el capitalismo del siglo XXI no solo explota la fuerza de trabajo, también penetra la propia subjetividad.

La adicción como modelo de negocio

Las plataformas digitales no son meros proveedores de servicios gratuitos, sino dispositivos diseñados deliberadamente para reforzar la dependencia conductual e intelectual, capturando enormes cantidades de datos para comprender las motivaciones de las personas y manipularlas en beneficio de corporaciones y grandes potencias. El capitalismo invierte en técnicas que estimulan comportamientos adictivos para garantizar el uso continuo de sus plataformas, convirtiendo el proceso en un círculo vicioso que genera ganancias a expensas de la salud mental, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Este modelo de negocio, basado en la captura de atención y la mercantilización de la dopamina, es la manifestación cotidiana del capitalismo de vigilancia descrito por Shoshana Zuboff: la extracción de datos conductuales transformada en predicción y modificación del comportamiento al servicio de plataformas y anunciantes.

Lo más peligroso de este control es su carácter voluntario: los individuos son empujados a una servidumbre digital sin coacción aparente, bajo la ilusión de elección, mientras sus decisiones son dirigidas por caminos preestablecidos que sirven al capital.

Bajo el capitalismo, la inteligencia artificial se desarrolla para servir a la acumulación y queda sujeta a la lógica de competencia entre grandes potencias y corporaciones monopolísticas, lo que convierte la pérdida de control sobre ella en una posibilidad real y grave, más allá de la ciencia ficción.

El mal llamado “tecnofascismo” se sienta a la mesa del poder

Este panorama se inscribe en un fenómeno más amplio que ha cobrado fuerza en 2026. Es el mal llamado (desde una perspectiva marxista que rechaza la existencia de una nueva fase post imperialista) «tecnofascismo». Un concepto utilizado para describir la alianza SI existente entre élites tecnológicas y proyectos autoritarios que emplean vigilancia algorítmica, desinformación y control de plataformas para consolidar jerarquías sociales. El caso más nítido es Palantir Technologies, la empresa de análisis de datos e inteligencia artificial cofundada por Peter Thiel y dirigida por Alex Karp, proveedora clave de software para administraciones públicas, control migratorio y, sobre todo, defensa y operaciones militares —su herramienta Gotham se empleó ya en Irak y Afganistán—.

El 18 de abril de 2026, la cuenta corporativa de Palantir publicó en la red social X un manifiesto de veintidós puntos que resumía el libro de Karp y su asesor Nicholas Zamiska, The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West (2025), y que alcanzó decenas de millones de visualizaciones en menos de tres días. El texto reclama el fin de la neutralización militar de Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial, defiende el restablecimiento del servicio militar obligatorio, sostiene que la era nuclear toca a su fin y que el poder disuasorio del siglo XXI se construirá sobre software, y afirma que algunas culturas producen grandeza mientras otras son regresivas y dañinas. Ante lo que el exministro griego Yanis Varoufakis respondió que, si el mal pudiera publicar en redes sociales, diría exactamente eso. Igualmente, el politólogo Cas Mudde llamó a Europa a romper toda cooperación con «esta empresa tecnofascista», y el filósofo belga Mark Coeckelbergh calificó el manifiesto de ejemplo textual de tecnofascismo.

Ciertamente, este manifiesto de Karp no es un documento técnico ni una hoja de ruta empresarial cualquiera, refleja nítidamente la ideología de una corporación cuyos ingresos dependen directamente de la política que defiende, en la intersección exacta entre big data, vigilancia migratoria, guerra y capital financiero.

La trampa de la militancia digital

Creer que una ideología emancipadora puede sobrevivir apoyándose en plataformas digitales controladas por estas mismas superpotencias tecnológicas es una ingenuidad doctrinaria. Si no se controla el algoritmo que moldea la conducta, no se es militante: se es el producto. Las ideologías políticas y las tradiciones emancipadoras no desaparecen bajo este nuevo orden; se transforman, conservadas deliberadamente por quienes controlan el código fuente, pero vaciadas de su sustancia y de sus fines originarios. Las instituciones y los propios movimientos pasan a funcionar como hardware social, como estructuras que la maquinaria algorítmica utiliza para segmentar mensajes de control conductual y asegurar la obediencia automatizada.

El activismo que se limita al entorno virtual termina fortaleciendo al mismo sistema que pretende combatir. La ilusión del alcance lleva a creer que un mensaje revolucionario es libre por el hecho de publicarse en una red digital, ignorando que, si no se controla el código y el algoritmo de distribución, ese mensaje solo se mostrará cuando genere interacciones rentables o sirva para fragmentar y encasillar a la audiencia.

Las directrices algorítmicas imponen las reglas del juego, obligando a adaptar las ideas al formato del entretenimiento rápido, vaciando el contenido ético y reduciendo la lucha social a un simulacro de consumo estético. Cada debate, cada crítica, cada campaña emprendida dentro de estas plataformas entrega a las élites globales los datos exactos que necesitan para perfeccionar sus modelos predictivos de control social y facilitar la desactivación futura de los movimientos populares.

La organización territorial como trinchera

La verdadera resistencia asimétrica pasa por el territorio y la organización popular. Cuando la autoridad algorítmica depende de la captura constante de datos biométricos y conductuales, poner límites a esa expoliación digital se convierte en una necesidad estratégica. Alternativamente, el contacto cara a cara activa la empatía, el debate real y la solidaridad orgánica son mecanismos que ningún sistema de segmentación neuroconductual puede cuantificar ni fragmentar.

La organización popular territorial y sectorial —asambleas, comités de barrio, núcleos de base física— basa su legitimidad en la confianza mutua y la acción colectiva directa, y escapa al control psicopolítico de las redes al no depender de ellas para coordinarse. La palabra sostenida, oral o escrita en formato largo, preserva la densidad conceptual del pensamiento político frente a la consigna breve diseñada para detonar indignación u obediencia automatizada.

Esta resistencia territorial exige además la tarea pedagógica de construir conciencia crítica sobre la manipulación algorítmica antes de que la asimilación digital sea irreversible. De lo que se trata es de mostrar que el móvil no es una herramienta neutra sino una terminal de recolección de datos orientada a mercantilizar la atención; explicar cómo el entorno digital está diseñado científicamente para generar adicción y fragmentar el pensamiento abstracto; advertir que adaptar el discurso emancipador al formato del entretenimiento rápido solo lo domestica y alimenta al sistema con los datos que necesita para neutralizar a los movimientos.

  • Rezgar Akrawi, «El manifiesto explícito del fascismo digital: Palantir y la alianza del capital monopolista con la extrema derecha», Sin Permiso, 2 de mayo de 2026. sinpermiso.info
  • «AI Under Capitalism: The Quiet Machinery of Digital Control», LA Progressive / Globetrotter, 15 de agosto de 2026. laprogressive.com
  • Juan Antonio Sanz, «El tecnofascismo se sienta en la corte de Trump», Público, 17 de agosto de 2026. publico.es
  • Francisco Ameliach, «La trampa de la militancia digital: leal al algoritmo de control», RNV, 13 de agosto de 2026. rnv.gob.ve
  • Nataliya Kosmyna et al., «Your Brain on ChatGPT: Accumulation of Cognitive Debt when Using an AI Assistant for Essay Writing Task», MIT Media Lab, 2025. media.mit.edu
  • «El manifiesto de Palantir desata críticas globales por su visión «tecnofascista» y belicista de Occidente», MercoPress, 27 de abril de 2026. mercopress.com
  • https://elcomun.es/2026/08/19/las-ficciones-de-la-nube-una-critica-marxista-a-la-tesis-postcapitalista-de-varoufakis/

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