El ensayo de Antonio Antón, *La remontada de las izquierdas es difícil, aunque posible” publicado recién en Mientras Tanto, puede ser útil como diagnóstico de la crisis de la izquierda reformista, pero insuficiente como guía para la acción revolucionaria. Por eso realizamos seguidamente su critica desde el marxismo-leninismo, tratando de resaltar que la “remontada” deseada en realidad no es posible dentro de los límites del Estado burgués y la democracia formal; y que se requiere la superación del Estado capitalista (actualmente estructurado como monarquía parlamentaria postfranquista) mediante la construcción de un poder popular organizado bajo la dirección de un partido revolucionario. La alternativa no es “más unidad electoral” o “mejor comunicación”, como pregonan los reformistas de siempre, sino preparar la revolución comenzando por el avance hacia la república socialista.
El ensayo de Antonio Antón, *La remontada de las izquierdas es difícil, aunque posible*, ofrece un diagnóstico pesimista pero esperanzador sobre la situación de la izquierda en España. Sin embargo, desde una perspectiva marxista-leninista, adolece de limitaciones teóricas y estratégicas en sus análisis, ya que carece de una comprensión de clase del poder estatal, por subestimar el papel del partido revolucionario y confiar excesivamente en la espontaneidad de la movilización social. Repasar estas debilidades será útil para avanzar una propuesta superadora del debilitamiento que viene sufriendo en nuestro medio la izquierda.
Ausencia de análisis de clase del Estado y del poder
Antón describe el “poderío de las derechas” como una suma de apoyos económicos, mediáticos, judiciales y geopolíticos, pero no lo conceptualiza como expresión del Estado burgués en su función de garantizar la reproducción del capital y el orden de clase. Para el marxismo-leninismo, el Estado no es un árbitro neutro que las izquierdas puedan “influir” mediante presión cívica o reformas, sino un instrumento de dominación de clase que debe ser desmantelado y reemplazado por un poder popular organizado.
El artículo asume implícitamente que el problema es la “falta de credibilidad reformadora” de las izquierdas, no la imposibilidad estructural de transformar profundamente la sociedad dentro de los límites del Estado capitalista. Esta visión reformista ignora que los “grandes poderes económicos, institucionales y geopolíticos” no son actores externos que presionan al gobierno, sino la base material del Estado mismo.
Confusión entre movilización social y poder político
Antón enfatiza correctamente la importancia de la “reactivación cívica” y la “acción colectiva”, pero las presenta como fuerzas que pueden condicionar al PSOE o generar un “nuevo contrato social”, sin una organización política capaz de dirigir esa energía hacia la toma del poder. Desde el leninismo, la espontaneidad del movimiento de masas, por sí sola, tiende a lo que llamaron tradeunionismo (lucha por mejoras dentro del sistema) y no a la revolución. Se requiere un partido de vanguardia que eleve la conciencia de clase, articule las demandas parciales en un programa revolucionario y prepare la confrontación contra el Estado.
El artículo habla de “articulación organizativa y de liderazgo unitario”, pero lo concibe en términos de coaliciones electorales (Sumar, Podemos, IU, municipalistas) y no como la construcción de un partido revolucionario de nuevo tipo, disciplinado, centralista democrático y arraigado en las clases trabajadoras. Esta confusión entre frente electoral y partido de vanguardia es típica del eurocomunismo y la izquierda radical parlamentaria, los mismos que ya han demostrado ampliamente su incapacidad para frenar el avance de la derecha porque no cuestionan las reglas del juego burgués.
Subestimación de la lucha ideológica y cultural
Antón reconoce la “pugna cultural” como un elemento necesario, pero la reduce a una cuestión de “legitimidad social” y “hegemonía política” en términos gramscianos desvinculados de la lucha de clases. Para el marxismo-leninismo, la ideología dominante es la ideología de la clase dominante, y no se combate solo con “discursos alternativos” o “agendas reformadoras”, sino con una contraofensiva ideológica organizada que desnude el carácter de clase del capitalismo, el imperialismo y el Estado, y que prepare a las masas para la ruptura revolucionaria.
El artículo critica el “propagandismo” sin incrustación social, pero cae en el extremo opuesto, en el oportunismo práctico que prioriza la “unidad colaborativa” y el “realismo” sobre la claridad programática. Esto lleva a la dilución de la identidad revolucionaria y a la adaptación al reformismo socialista.
Ilusión en la “democracia avanzada” y el reformismo
Antón propone una “democracia avanzada” como horizonte, sin definir su contenido de clase. Para el marxismo-leninismo, la democracia burguesa es una forma de dictadura de clase (democracia para los propietarios, dictadura para los explotados). La “democracia avanzada” solo tiene sentido si es democracia obrera. Es decir, poder directo de los trabajadores a través de consejos, asambleas y organismos de masas, con supresión de los privilegios de la burocracia estatal y judicial.
El artículo asume que el problema del PSOE es su “inacción reformadora” y su “ambivalencia estratégica”, cuando en realidad el PSOE es un partido burgués que gestiona el capitalismo y reprime a la clase trabajadora cuando es necesario. Confiar en que la “presión por su izquierda” lo convierta en un agente de cambio es una ilusión reformista que ha llevado a la izquierda alternativa a la impotencia.
Falta de estrategia internacionalista
Antón menciona el “marco global regresivo” (Trump, UE, América Latina), pero no lo analiza como expresión del imperialismo y la crisis general del capitalismo. Para el marxismo-leninismo, la lucha en España es parte de la lucha internacional contra el imperialismo, y requiere solidaridad con los pueblos oprimidos, oposición a la OTAN y la UE, y construcción de alianzas antiimperialistas. El artículo carece de esta dimensión, lo que limita su estrategia a un marco nacional-electoral.
Alternativas desde el marxismo-leninismo:
Construcción de un partido revolucionario de vanguardia
– Objetivo: Sustituir las coaliciones electorales temporales por un **partido marxista-leninista** centralista democrático, arraigado en fábricas, barrios, universidades y movimientos sociales.
– Función: Elevar la conciencia de clase, dirigir las luchas parciales hacia objetivos revolucionarios, preparar la confrontación con el Estado burgués.
– Táctica: Trabajar dentro y fuera de las instituciones, usando el parlamento como tribuna de denuncia, no como fin en sí mismo.
Programa de transición al socialismo
– Demandas inmediatas: Renacionalización de la banca y los sectores estratégicos (energía, transporte, telecomunicaciones), mayor control obrero de la producción, vivienda como derecho constitucional con expropiación de pisos vacíos, ruptura con la OTAN y la UE, amnistía total para los luchadores sociales.
– Consignas: “Ni PSOE ni PP: república”, “Fuera la OTAN de España”, “Expropiación sin indemnización a los especuladores”.
Estrategia de doble poder
– Objetivo: Crear organismos de poder popular (consejos de trabajadores, asambleas de barrio, comités de defensa) que compitan con el Estado burgués y preparen la insurrección.
– Táctica: Apoyar las luchas defensivas (contra despidos, desahucios, represión) pero vincularlas a la construcción de estructuras de poder alternativo.
Frente único antiimperialista
– Alianzas: Unidad de acción con todas las fuerzas que luchen contra el imperialismo, la OTAN, la UE y el capitalismo, sin diluir la independencia política del partido revolucionario.
– Internacionalismo: Solidaridad con Palestina, Ucrania (contra el nazismo), América Latina (contra el imperialismo estadounidense), y los pueblos oprimidos del Estado español.
Lucha ideológica organizada
– Medios: Desarrollar prensa, radios, redes sociales y escuelas de formación marxista-leninista para combatir la ideología burguesa.
– Contenido: Denuncia del carácter de clase del Estado, el capitalismo y el imperialismo; educación en la teoría revolucionaria; preparación política y militar de las masas.
