El congreso que afronta el Partido Comunista de España para este verano, luego de las elecciones andaluzas y de otras comunidades, hace tiempo que dejó de ser una convocatoria orgánica y de trámite, aunque solo sea por la importante contestación interna que viene recibiendo la dirección oficialista de Enrique de Santiago. No obstante, a diferencia de lo que acaba de publicar un comunicador de El Cierre Digital, no está nada claro el desenlace ni las consecuencias que pueda tener este Congreso mandatado por los estatutos del partido. Un comunicador que señala, no se sabe si con estudiado alarmismo o como simple preocupación, que “una eventual derrota de la actual dirección dejaría “KO” a Izquierda Unida y al “yolandismo”. Lo que asegura, no sabemos en base a qué criterios, que esto “no solo marcará un punto de inflexión en el PCE, sino que obligará a replantear equilibrios más amplios en el espacio político de la izquierda”.
Esta lectura que se hace desde un medio independiente sobre las discrepancias internas en el PCE, abordándolas como una especie de referéndum tácito sobre el futuro de Sumar y del gobierno de coalición, a nuestro entender tiene poca base y, sobre todo, simplifica en exceso un escenario político (institucional) donde intervienen muchos más actores, circunstancias y situaciones posibles. Un escenario, incluso, que en el caso del partido ya veremos si termina como drama o como farsa. Es decir, como simple cambio de cromos en los puestos directivos, algo más o algo menos.
Críticas a continuar en el gobierno de coalición con el PSOE
Anteriormente en esta web ya hablamos del próximo Congreso y del llamamiento “Hay Partido”, un manifiesto firmado por dirigentes del sector crítico con la dirección oficialista del secretario general y que defiende la idea de que el PCE sigue siendo necesario para configurar una izquierda “coherente y consecuente”. Una izquierda que sea capaz de confrontar el capitalismo, por más que en los últimos años se haya venido supeditando a mantener la coalición de gobierno con el PSOE como máxima prioridad, a expensas de la crisis de vivienda, el estancamiento salarial real, la subida de precios, el deterioro de los servicios públicos o la asunción de presupuestos y de políticas guerreristas.
Este manifiesto reprocha a la Dirección de De Santiago y lo comparto, igualmente, su alineamiento internacional con respecto a la política hacia la OTAN y la guerra en Ucrania, acusándoles de haber limitado la propuesta política a los estrechos márgenes del Consejo de Ministros y las instituciones. Pero la crítica no es solo programática, también señala a la propia forma sectaria de hacer política desde la cúpula, a la pérdida de arraigo social de la organización y a la falta de autonomía política incluso dentro de la propia izquierda organizada.
Frente a todo esto, los críticos que en el anterior XXI Congreso se agruparon en torno a la lista de Alberto Cubero siguen reivindicando un partido más volcado hacia la movilización y el cambio social, en principio.
Alarmas en IU y Sumar por un posible cambio interno en el PCE
La plataforma crítica articulada en el XXI Congreso hoy sigue manteniendo apoyos significativos. Entre los firmantes de “Hay Partido” figuran dirigentes estatales como Álvaro Aguilera o Aitana Sanz, además de responsables territoriales en la Comunidad Valenciana, Extremadura, Castilla y León, Galicia, Euskadi, Aragón, Canarias o La Rioja. Se trata, por tanto, de una red organizada que atraviesa buena parte de la estructura del PCE. Por eso, seguramente, las preocupaciones compartidas en el Cierre Digital (CD), así como en las cúpulas de Sumar, IU y partidos aledaños. Especialmente, si, como apunta El CD, el líder de IU Antonio Maíllo sigue apostando por mantener el acuerdo de coalición y por sostener el proyecto de Yolanda Díaz como referente estatal.
Es verdad que el Partido Comunista sigue siendo una pieza central en la arquitectura de IU, por su peso orgánico, cuadros dirigentes y capacidad organizativa, pero hay más variables a considerar. La correlación de fuerzas en IU no depende solo del partido; influyen otras organizaciones integradas, las relaciones con aliados territoriales y las negociaciones electorales en comunidades como Andalucía, donde la recomposición del espacio a la izquierda del PSOE sigue en marcha. Además, el propio debate sobre Sumar está abierto: en los últimos meses, dirigentes de IU han planteado tanto blindar la coalición como “superar Sumar” para dar paso a una marca distinta que agrupe a más actores.
A esto hay que adjuntar la crisis de legitimidad que atraviesa Sumar desde las elecciones generales, marcada por la ruptura con Podemos, los malos resultados en varios territorios y el desgaste de Yolanda Díaz como figura central. En ese contexto, las decisiones del PCE son importantes, pero no determinan por sí solas el futuro de la coalición ni el tipo de oferta que pueda emerger a medio plazo. De modo que hablar de “KO”, como hace el periodista de CD, supone ignorar la capacidad de adaptación que estas organizaciones han demostrado en otras fases de reconfiguración de la izquierda institucional.
Lo que importa y está realmente en juego
Más que una pelea entre nombres, el próximo XXII Congreso del PCE tendrá que pronunciarse en torno a las dos formas distintas, entre muchas otras cosas, de situarse frente al gobierno de coalición. Una dirección continuista, cercana a De Santiago, tendería a sostener el Ejecutivo, a negociar mejoras parciales en el marco institucional y a apostar por la estabilidad de Sumar como espacio de referencia. Una eventual victoria del sector crítico reforzaría a quienes consideran que esa estrategia ha agotado su recorrido y que es necesario marcar distancias más claras con el PSOE, tanto en el plano institucional como en el político, en materia social, pero también nacional (república), europea e internacional, aun a costa de perder presencia institucional. A lo que también hay que añadir que, salvo rupturas o escisiones orgánicas, gane quien gane en el XXII Congreso (se celebre en junio próximo, antes o después) seguirá estando obligado a lidiar con toda la militancia y estructuras territoriales del partido, favorables o no.
Para la población trabajadora golpeada por la inflación, la precariedad o la crisis de servicios públicos, la cuestión central nunca será quién termine liderando el PCE, sino qué tipo de representación política puede ser capaz de convertir sus demandas y necesidades en cambios tangibles. Desde esta perspectiva, que compartimos, el próximo Congreso del Partido Comunista es tan solo uno de los escenarios (no el más importante ni el más significativo) donde se irá decidiendo esta cuestión. Una cuestión que, a su vez, también dependerá de muchas más fuerzas sociales, sindicales, políticas y electorales.
Pensar que bastará con un cambio de caras en la dirección del PCE para que todo cambie es peor que una engañifa; representa defender el continuismo de una deriva liquidacionista que ya está muy avanzada en el partido comunista, luego de tantos años de sometimiento al régimen postfranquista. Lejos de la imagen de “combate final” que algunos titulares de prensa sugieren (sin hechos contrastados), lo que permanece abierto es una nueva fase de reajuste en una izquierda que aún busca cómo responder, con credibilidad, a una crisis social y democrática que no ha hecho más que profundizarse en los últimos años.
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