¿Venezuela ha renunciado a la soberanía petrolera?

Cartel de archivo con Hugo Chávez reclamando soberaía petrolera

La Asamblea Nacional de Venezuela aprobó este 29 de enero de 2026 una reforma radical a la Ley Orgánica de Hidrocarburos que rompe medio siglo de monopolio estatal en el petróleo, abriendo la puerta a empresas privadas en exploración, producción y comercialización. Esta medida, presentada por el gobierno de Delcy Rodríguez  como salvavidas para PDVSA en crisis, huele a rendición ante sanciones y presiones de EEUU, cediendo soberanía sobre la renta petrolera al capital privado.

Desde una óptica marxista, es el extractivismo neoliberal disfrazado de pragmatismo: menos Estado, más Chevron y Repsol. Por eso arrecian las críticas señalando que la nueva Ley de Hidrocarburos, aprobada por unanimidad en el parlamento tras el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores, entrega el petróleo al capital transnacional.

¿Qué cambia con la reforma? Medidas clave que desmantelan el control público

– Empresas privadas al mando. Por primera vez, compañías no estatales pueden explorar, extraer y vender crudo directamente, asumiendo incluso la gestión operativa en empresas mixtas donde PDVSA queda como socio minoritario en práctica.

– Regalías flexibles y menos impuestos. Se mantiene el 30% de regalía, pero el Ejecutivo puede rebajarla «por viabilidad económica», eximiendo además a las privadas u de impuestos patrimoniales, municipales y otros gravámenes.

– Adiós al control parlamentario. Los contratos petroleros ya no necesitan aprobación de la Asamblea; basta una notificación al Ejecutivo, concentrando poder en manos presidenciales.

– Garantías para transnacionales. Arbitrajes internacionales y licencias del Tesoro de EEUU aseguran que ExxonMobil y otros recuperen inversiones pasadas, mientras el crudo pesado de la Faja del Orinoco se vende barato a refinerías yanquis.

En suma esta NO es una «modernización», sino desestatización selectiva tras 25 años de declive productivo: de 3 millones de barriles diarios en 1998 a menos de 1 millón hoy.

Crítica desde la izquierda: ¿Soberanía o entrega al imperialismo petrolero?

En términos marxistas, la renta petrolera —esa «renta de la tierra» que debería financiar la transición socialista— se diluye en contratos opacos, beneficiando a oligopolios globales mientras la pobreza supera el 80%. El chavismo, que nacionalizó en 1976, ahora negocia con Trump vía licencias y tutelas financieras, supervisando ingresos «para el pueblo» desde Washington.

Los perdedores son claros: trabajadores de PDVSA (sin voz en la gestión), comunidades indígenas contaminadas y el erario público, que pierde miles de millones en rebajas fiscales.

Ganadores: petroleras que procesan crudo barato y venden refinados caros, profundizando la dependencia extractivista.

Ambientalmente, es un desastre anunciado: más pozos, más derrames en la Orinoquía sin controles robustos.

Hacia un petróleo soberano y popular

No todo está perdido. Hay que seguir luchando y todavía cabe exigir medidas como:

Estas vías mantienen producción sin hipotecar el futuro.

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