Tras la caída de los decretos por la vivienda el Congreso, el movimiento de inquilinas y demás organizaciones por el derecho a techo han convertido la rabia de amplios sectores de población trabajadora en una huelga de 24 horas el próximo día 11 del 11. Lo que más importa ahora es que esta movilización no se quede en un día.
El viernes 2 de octubre el Congreso de los Diputados tumbó los dos reales decretos-ley de vivienda que el Gobierno había aprobado esa misma semana. El primero, que reunía las medidas sobre desahucios, alquileres y compras de los fondos, cayó por 172 votos a favor y 178 en contra, y el segundo, sobre la renovación de los contratos, por 166 frente a 184. Votaron en contra el PP, Vox, Junts y UPN. A las puertas de la Cámara, miles de personas gritaron su rechazo y reclamaron una huelga general. Dos semanas después, esa consigna tiene fecha, calendario y organizaciones detrás.
Una mayoría con intereses de clase
Los decretos incluían la prórroga de los alquileres, topes a las rentas, límites a la compra por parte de fondos y beneficios fiscales para caseros e inquilinos. Ni siquiera eran las medidas que exigía la multitud movilizada, y la crónica de El Salto las describe como unos mínimos. Aun así, la mayoría parlamentaria que suman la derecha y el bloque rentista no los dejó pasar. Junts mantuvo su negativa incluso después de que la ministra ofreciera tramitarlos como proyecto de ley y la portavoz del Sindicato de Inquilinas resumió la lectura del movimiento al describir unas Cortes secuestradas por el rentismo. La respuesta institucional fue el anuncio de elecciones generales para el 29 de noviembre.
Conviene no dar demasiado crédito a la épica parlamentaria de ningún bando. Un Gobierno que llega a la votación con una medida de mínimos y un Parlamento que la rechaza confirman lo mismo, que el reparto de la renta entre quienes viven de su trabajo y quienes viven de rentas no se decide en el hemiciclo cuando la correlación de fuerzas social es adversa. Esa es la razón material por la que la salida del movimiento no fue otra proposición de ley, sino la huelga.
De la Porta de la Mar al 11 de noviembre
El sábado 3 de octubre, València salió a la calle desde la Porta de la Mar en una manifestación convocada por el Sindicat de Llogateres, Entrebarris, la PAH y el Sindicat Habitatge València. Su portavoz, Andrea Leixos, pidió crear comités de huelga en todos los centros de trabajo y de estudio, con asambleas, para empezar la huelga general a mediados de noviembre. Cuatro días más tarde, la Confederación de Sindicatos de Inquilinas, UGT, CCOO, CGT, CNT, Solidaridad Obrera y Co.Bas acordaron convocar un paro de 24 horas para el miércoles 11 de noviembre, dieciocho días antes de las elecciones. Será la primera huelga general desde 2012 y la primera de la historia de España convocada por la vivienda.
En València la maquinaria ya está en marcha. Más de 400 tiendas continúan acampadas ante el Ayuntamiento, con comisiones al mediodía y una asamblea general a las 20.30. El portavoz del Sindicat d’Estudiants del País Valencià defiende que esa capacidad de convocatoria debe servir para reforzar la huelga en los centros de trabajo, y la portavoz del Sindicat d’Habitatge de València insiste en convertir la energía de la acampada en organización permanente.
Cuando una parte creciente del salario se va en el techo, el conflicto de la vivienda deja de ser sectorial y pasa a ser un conflicto sobre cómo se reparte el trabajo de todas.
Por qué es una huelga y no solo una protesta
Los datos explican la urgencia. Por ejemplo, el alquiler en la ciudad de València alcanzó los 15,3 euros por metro cuadrado en agosto, un 7,6 % más que un año antes, y el precio de venta supera ya los 4.000 euros por metro cuadrado según la Cátedra Observatorio de la Vivienda de la UPV. Con salarios que no acompañan, la vivienda funciona como un mecanismo de transferencia de renta del trabajo a la propiedad, y una manifestación de sábado no sirve para interrumpir ese mecanismo. En cambio, una huelga sí puede hacerlo, porque golpea el lugar donde se produce el valor.
De ahí que el movimiento haya buscado el aval de los sindicatos con representación laboral. Una huelga general convocada solo por una organización de inquilinas no tendría la cobertura del derecho constitucional de huelga, y por eso la convocatoria enlaza vivienda y salarios. Hasta la patronal lo ha entendido bien y tanto la CEOE como Cepyme han rechazado taxativamente el paro.
Plataforma reivindicativa
En la convocatoria de huelga, entre otras, destacan las reivindicaciones de contratos de alquiler indefinidos, bajadas drásticas del precio del alquiler y de la vivienda, el fin de los desahucios, un impuesto a la riqueza para financiar un parque público y el fin de la compra especulativa, a las que los sindicatos suman salarios y pensiones.
Pero una huelga de 24 horas, por masiva que sea, no cambia por sí sola quién controla el suelo ni cómo se financia el alquiler. Tampoco es seguro que su sentido político sobreviva a la cercanía electoral, y los propios organizadores plantean no querer entrar en dinámicas electoralistas. La prueba real llegará el 12 de noviembre y siguientes. Por eso resulta decisivo crear comités en barrios y centros de estudio para dar continuidad a la movilización más allá del 11N. Sin esa estructura, la huelga sería testimonial solamente, siendo que con ella puede convertirse en un poder social que condicione a quien gane el 29 de noviembre.
Qué hacer
Lo primero es llevar la huelga al centro de trabajo. Si hay comité de empresa o sección sindical, hay que pedirles que se pronuncien públicamente y convoquen una asamblea informativa antes del 11 de noviembre, con datos de alquiler y de salario de la propia plantilla. Si no existe representación, bastan tres o cuatro compañeras para formar un comité de apoyo que reparta información, recoja adhesiones y organice la jornada.
Lo segundo es no dejar fuera a quienes más sufren el problema y menos pueden parar. Autónomas, trabajadoras precarias, migrantes y estudiantes necesitan formas de sumarse, desde piquetes informativos en el barrio hasta cajas de resistencia y apoyo en los comercios y las escuelas. Los comités de barrio y de centros de estudio son el espacio natural para ello, y los sindicatos de inquilinas y de vivienda de València ya los están impulsando.
Lo tercero es pensar en el día después. Afiliarse al Sindicat de Llogateres o al Sindicat d’Habitatge, organizar el edificio, acudir a las asambleas de la acampada y mantener la presión sobre cualquier gobierno que salga de las urnas es lo que decidirá si el 11N fue una jornada o el comienzo de un ciclo. La vivienda no se conquista con un día de paro, pero sin ese día es mucho más difícil empezar.
- Mallorca.com / Europa Press, «Spain’s housing decrees fall in two Congress votes»
- El Salto, «El Congreso tumba los dos decretos de vivienda y deja la legislatura al borde del fin»
- Lo Entiendo, «El Gobierno intentará aprobar de nuevo los decretos de vivienda» (5/10/2026)
- Catalan News, «Congress rejects housing decrees with no votes from Junts, PP, and Vox»
- Demòcrata, «La marxa per l’habitatge a València impulsa una vaga general»
- El Derecho, «Sindicatos convocan una huelga general por la vivienda el 11 de noviembre»
- Diario de León / EFE, «UGT confirma que la huelga general será el 11 de noviembre»
- El Salto, «El movimiento de vivienda calienta motores para construir la huelga general del 11N»
- El Salto, «Més de 400 tendes continuen acampades a València per a exigir el dret a l’habitatge i preparar la vaga»
- Idealista News, «València crea una Agència de Lloguer per mobilitzar habitatge buit»
- Cátedra Observatorio de la Vivienda (UPV), Informe 4T 2025
- Artículo 14, «UGT y CCOO “compran” la huelga general de las inquilinas como una lucha laboral»
- RTVC, «El 11 de noviembre, fecha propuesta para la huelga general por la vivienda»
- Diario de León, «El Sindicato de Inquilinas anuncia una huelga general en noviembre»
- Emol / EFE, «Congreso español rechaza los decretos propuestos por Pedro Sánchez»
