La historia de los pueblos no se escribe en los despachos, sino en el asfalto que pisamos cada mañana. En Portugal, el 25 de febrero de 2023, más de 10.000 personas se plantaron frente al Parlamento en Lisboa, transformando el silencio de las periferias en un grito ensordecedor. No era solo una queja por el precio del pan; era el nacimiento de “Vida Justa“, un movimiento gestado en el corazón de barrios como Cova da Moura para reclamar el derecho a existir.
Esta lucha, que se intensificó en 2024 tras la muerte de Odair Moniz a manos de la policía y que culminó en las movilizaciones frente al Consejo de Ministros en 2025, nos enseña una lección fundamental: la crisis del alquiler y los salarios de miseria no son “fenómenos naturales”, sino el resultado de un sistema que necesita hacernos invisibles para poder explotarnos.
“Vida justa, estamos juntos, estamos fuertes”. Esta consigna no es solo retórica; es una barrera física contra la atomización social. Para entender por qué nuestros barrios se levantan, debemos descorrer el velo de las fuerzas invisibles que intentan gestionar nuestras vidas como si fueran simples activos financieros. Hablamos de lo que se conoce como capitalismo algorítmico y biopolítica.
¿Qué son el capitalismo algorítmico y la biopolítica?
Como profesor, suelo advertir a mis estudiantes que el sistema actual ha operado una “mutación antropológica”. Según el investigador Stefano Rota, el capitalismo algorítmico no solo domina las plataformas donde trabajamos o compramos; ha colonizado nuestro inconsciente y nuestros sueños. Ya no solo nos roban el tiempo, sino la capacidad de imaginar un mañana distinto. Este sistema prefiere que veas tu fracaso como una culpa individual y tu soledad como una elección estética.
| Aspecto | Vida en Comunidad Tradicional | Vida bajo el Capitalismo Algorítmico |
| Vínculos | Relaciones corporales y de vecindad. | Relaciones digitales, virtuales y efímeras. |
| Subjetividad | Sujeto colectivo (el “nosotros”). | Individuo fragmentado y aislado. |
| Éxito/Fracaso | Apoyo mutuo ante la adversidad. | Meritocracia (el fracaso es “tu culpa”). |
| Resolución de Conflictos | Asambleas colectivas y diálogo. | Resentimiento digital y frustración solitaria. |
| Percepción del Futuro | Esperanza construida en común. | “Realismo capitalista” (no hay alternativa). |
¿Por qué el sistema prefiere que te sientas solo en tu habitación? Porque el aislamiento es una herramienta de extracción. Un individuo que cree que su precariedad es un error personal no se organiza; simplemente se consume. La soledad es el lubricante que permite que el algoritmo siga triturando nuestras vidas sin resistencia.
Por su parte, el concepto de biopolítica nos permite ver que el poder ya no se limita a castigar a quien rompe la ley; ahora se encarga de “gestionar” la vida misma. Como bien señaló Foucault, la política se ha convertido en “la guerra conducida por otros medios”. En nuestros barrios, esta guerra no se declara, se administra.
- Gestión de la Pobreza y Represión: Los barrios populares son tratados como depósitos de mano de obra que deben ser vigilados. La violencia policial, como la que segó la vida de Odair Moniz, es la cara visible de un control biopolítico que criminaliza la precariedad.
- Control del Tiempo Vital: El diseño del transporte en la Margem Sul o la periferia de Lisboa no busca tu comodidad, sino tu productividad. Perder tres horas al día en trayectos ineficientes es una forma de expropiarte la vida para ponerla al servicio del turismo del centro.
- Ética del Cuidado: Frente a este control, surge la “ética de la vida justa”. No es solo política; es entender el autocuidado como condición para el cuidado de los demás. Cuidar de uno mismo en comunidad es el acto de rebeldía más profundo contra un sistema que nos quiere agotados y enfermos.
Ante la crisis de vivienda y salarios
La teoría se vuelve sangre y carne en lugares como Almada y el centro de Lisboa. La liberalización del alquiler ha sido el mecanismo legal para un robo a gran escala. Hoy, un cuarto en Lisboa cuesta lo que hace una década costaba una vivienda entera, mientras los salarios permanecen congelados en el tiempo.
Esta es la “Cadena de Desplazamiento” que nos expulsa de nuestra propia historia:
- Liberalización del alquiler: Se prioriza la rentabilidad financiera sobre la estabilidad de las familias.
- Turistificación salvaje: Viviendas enteras en Alfama o Santa Catarina son retiradas del mercado para convertirse en Airbnbs, transformando barrios vivos en museos para extranjeros.
- Desalojos y empuje a la periferia: Las familias son arrojadas a los márgenes, lejos de sus redes de apoyo.
- Pérdida del “Derecho a la Ciudad”: Dejas de ser ciudadano para ser un extraño que solo entra al centro para limpiar, servir o vigilar, perdiendo todo derecho al disfrute del espacio público fuera de las horas de trabajo.
La solidaridad como resistencia
El movimiento Vida Justa ha entendido que, frente al algoritmo, necesitamos el cuerpo. A través de las Asambleas Populares, el Jornal dos Bairros y la Rádio Vida Justa, se está reconstruyendo el tejido social que el neoliberalismo intentó desintegrar. No es solo protesta; es la creación de un “futuro posible” en el aquí y ahora.
Para defender a quien trabaja, el Manifiesto de Vida Justa exige un Programa de Crisis irrenunciable:
- Tope a los precios de los alimentos esenciales y energía.
- Aumento general de salarios por encima de la inflación para recuperar la dignidad.
- Prohibición de desalojos y demoliciones (como en Talude Militar o Quinta da Fonte) sin alternativa habitacional.
- Congelación de los intereses en los préstamos para vivienda ante la usura bancaria.
- Apoyo a pequeños negocios y creación de empleo local en los barrios.
- Valorización económica de trabajos invisibles (limpieza, cuidados y servicios esenciales).
Ética y política de la Vida Justa
Durante décadas, la sombra de Margaret Thatcher y su “No hay alternativa” (TINA) nos hizo creer, como decía Mark Fisher, que era más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Este “Realismo Capitalista” es nuestra mayor prisión mental.
Pensar, en el sentido más radical, es la capacidad de imaginar algo nuevo, algo que aún no existe pero que ya estamos viviendo en cada asamblea y en cada acto de solidaridad vecinal.
Tu barrio no es un lugar de paso ni un dormitorio para trabajadores agotados; es un laboratorio de poder político. Al recuperar la capacidad colectiva de decidir sobre nuestras condiciones de existencia, estamos hackeando el sistema.

