Con ánimo de estimular el debate, interno y externo (porque las organizaciones sociales jamás pertenecieron a sus dirigentes), reproducimos seguidamente un artículo valiente de un camarada, alcalde de un pueblo de Málaga de casi 4000 habitantes, reflexionando sobre las tácticas políticas que han llevado al partido al debilitamiento actual y la necesidad de una alternativa de clase…
Ganar el partido en Andalucía para no perder el sur.
Cristóbal M. Corral Maldonado. Alcalde de Teba y militante del PCE
Las elecciones del pasado 17 de mayo arrojaron un resultado incierto para la izquierda federal en Andalucía y el resto del Estado. Un resultado que evidencia el avance de proyectos de carácter confederal, regionalista o soberanista que, aun conectando con demandas legítimas de amplios sectores populares andaluces, presentan dificultades para articular una estrategia común de contrapoder político y social de escala estatal capaz de confrontar al capital en todos sus ámbitos. Un proyecto que seduce a amplias capas de la mayoría social trabajadora, más por su pátina de novedad que por su diferenciación o radicalidad contra el sistema y lo que hemos llamado Régimen del 78.
No es objeto de este artículo analizar ese proyecto, sino el de hablar del otro que debiera existir: el de carácter federal, superador del sistema y del régimen, con vocación constituyente y anticapitalista. El proyecto por el que IU, y sobre todo el PCE, siempre han apostado en Andalucía y España.
Siempre se ha dicho, y es verdad, que el mayor capital del PCA (Partido Comunista de Andalucía), así como de IUCA, es su militancia y su arraigo territorial, que somos la fuerza con capacidad de organización, militancia real y conocimiento de la realidad material de nuestra clase. La cuestión que debemos abordar y pensar ahora es si esa realidad incontestable es suficiente para que perviva el proyecto que siempre hemos defendido los comunistas. O, dicho de otro modo, si la línea seguida por el PCE e IU y sus direcciones andaluzas es la adecuada.
Los comunistas andaluces debemos reflexionar sobre el rumbo emprendido los últimos años y analizar sus resultados. Los que, como yo, somos cargos públicos en municipios y nos enfrentamos cotidianamente a las contradicciones y dificultades que impone la realidad, sabemos la desorientación y desconcierto al que venimos sometiendo a nuestra base social y militante. Comprobamos día a día que se nos percibe como un partido sin rumbo claro, sin estrategia definida y con una deriva tacticista cada vez más marcada en la que pareciera que queremos escondernos tras sopas de siglas o gobiernos centrales que borran la base histórica de nuestro proyecto: darle el poder a la clase trabajadora, ser su representante y voz en las instituciones, organizar una respuesta alternativa al capitalismo y no contentarnos con gestionar las migajas que nos deja.
En ese sentido, el papel del PCE y el PCA no puede ser el de estar únicamente preocupado por los pactos y repartos electorales, el de arrinconar la disidencia interna y acallar debates. Muy al contrario, es necesario repensar cuál es el papel del Partido en un contexto como el actual. Los resultados electorales no son causa sino síntoma de un desnortamiento ideológico que confunde gestión con poder. Conste que no afirmo con esto que haya que renunciar a la gestión (cómo podría hacerlo alguien al que sus vecinos han tenido a bien hacer Alcalde de su pueblo) sino entender ésta como una herramienta más (y no única) con la que generar contrapoder, con la que disputar la hegemonía del neoliberalismo que destroza la vida de la gente humilde y trabajadora.
En los pueblos andaluces, en los barrios de sus ciudades, hay Partido y puede haber partido. Sólo falta que lo pongamos en marcha, que corrijamos la estrategia que nos ha traído hasta aquí y que nos liberemos de las cadenas que nos han impedido hacerlo. En Andalucía hay muchas militantes del PCA y de IU que entienden que se han cometido errores y que hay que trabajar para enmendarlos. Con la firmeza y la convicción de que la clase trabajadora de este país necesita un PCE y un PCA menos preocupados por el tacticismo electoral y más ocupados por construir una herramienta realmente útil para la clase, con la mirada larga y la voluntad indoblegable de acabar con el sistema capitalista, de volver a la senda de la alternativa constituyente y de la vocación revolucionaria. De lo contrario, las propuestas soberanistas o regionalistas sin perspectiva federal ocuparán nuestro espacio ante una izquierda incapaz de resolver la contradicción de ser subalterna a las políticas del PSOE en el ámbito estatal. Los resultados electorales vendrán solos si lo logramos. Hay partido.
