Elecciones de 2027 al Ayuntamiento de València y perspectivas.

Composición acto en Valencia de Esquerra Unida.

Las elecciones municipales de 2027 en València se perfilan como una de las batallas políticas centrales del ciclo electoral próximo. En este contexto, Esquerra Unida València Ciutat acaba de anunciar su apoyo a Mónica Oltra y su apuesta por un frente amplio de izquierdas para “recuperar el Ayuntamiento de València”. Operativa que se presenta como una nueva oportunidad para la izquierda valenciana pero que, mirando el precedente del Botànic y de los ayuntamientos del cambio, obliga a preguntarse: ¿estamos ante una estrategia de transformación real o ante una simple reedición, maquillada, de la misma fórmula que ya fracasó?

La táctica de Esquerra Unida para València ciudad 2027

Según ha explicado Esquerra Unida en su nota, la prioridad de cara a las municipales 2027 en València es articular una candidatura unitaria de izquierdas, “amplia, movilizadora y sólida”, con la exvicepresidenta Mónica Oltra como referente para disputar la alcaldía a la actual alcaldesa del PP, María José Catalá. La idea central es construir un frente amplio de izquierdas en València que integre a Compromís, EU y, eventualmente, a otras fuerzas como Podem y Sumar, siempre que haya acuerdos programáticos y “lealtad política”.

Las palabras clave son las de siempre: defensa de la “mayoría social trabajadora”, refuerzo de los servicios públicos, derecho a la vivienda, una València “más justa, verde y feminista”. Sin embargo, al revisar la experiencia reciente del govern del Botànic y el balance de las políticas de Compromís en el Ayuntamiento, la duda es inevitable: ¿qué cambia, más allá del eslogan?

El precedente del Botànic: gestión progresista, derrota electoral

Entre 2015 y 2023, el País Valencià vivió bajo los distintos acuerdos del Botànic, el pacto entre PSPV‑PSOE, Compromís y Podemos/Unides Podem, mientras el Ayuntamiento de València se presentaba como ejemplo de “gobierno del cambio” bajo la alcaldía de Joan Ribó. Ese ciclo terminó con la victoria del PP y Vox, que recuperaron tanto la Generalitat como el consistorio valenciano, evidencia de que el modelo progresista aplicado no logró consolidar una base social y electoral capaz de resistir el desgaste.

En políticas de vivienda, el Botànic impulsó medidas como la declaración de “zonas tensionadas” y bonificaciones fiscales para propietarios que ajustasen los alquileres, al tiempo que apostaba por fórmulas de colaboración público‑privada y cesión de suelo público para proyectos de vivienda “asequible” gestionados por empresas privadas. El actual Consell del PP ha conservado parte de esta arquitectura precisamente porque no cuestiona el mercado, sino que lo gestiona.

En la ciudad de València, el Ayuntamiento del “cambio” se enfrentó a la turistificación y al auge de los pisos turísticos con regulaciones parciales: limitaciones en Ciutat Vella, requisitos urbanísticos o restricciones a las viviendas de uso turístico por encima de las residenciales. Varias de estas normas fueron impugnadas por el sector y anuladas por el TSJCV, anulación que más tarde confirmó el Supremo, dejando en evidencia la fragilidad jurídica y política de una estrategia que nunca se planteó ir a un choque de fondo con el negocio turístico‑inmobiliario.

Mientras tanto, el movimiento por la vivienda y las luchas contra la turistificación y la gentrificación en barrios como El Carme o Botànic denunciaban el desplazamiento del vecindario, el aumento del alquiler y la sustitución de uso residencial por uso turístico. La respuesta institucional progresista fue una mezcla de retórica y medidas parciales, siempre dentro de los límites de la “sostenibilidad” del mercado y la estabilidad presupuestaria.

El resultado político es conocido: derrota de la izquierda institucional y consolidación territorial del PP, con una izquierda fraccionada y en crisis de proyecto.

Vivienda y turistificación: el talón de Aquiles del modelo progresista

Las políticas de vivienda y turistificación en València han sido uno de los puntos más conflictivos durante los años del Botànic y del gobierno de Ribó. Estudios académicos y trabajos militantes describen cómo el centro histórico de la ciudad ha sufrido procesos intensos de gentrificación y turistificación, con una fuerte penetración de viviendas de uso turístico, expulsión de población residente y cambio de tejido comercial.

En lugar de un programa de ruptura municipal que priorizara el derecho a la vivienda sobre el negocio turístico‑inmobiliario, la fórmula aplicada fue la de introducir regulaciones graduales y pactadas que no alterasen los intereses de fondo de los propietarios, fondos y promotores. La idea de ampliar el parque público de vivienda se articuló a menudo mediante proyectos de colaboración público‑privada, con suelo público cedido durante décadas a empresas que explotan la vivienda en régimen de alquiler “asequible”.

Este enfoque dejó al movimiento por la vivienda en una posición paradójica: obligado a negociar con gobiernos “amigos” que prometían cambios, pero condicionados por los límites del mercado y la UE, mientras la emergencia habitacional seguía creciendo. Desde una perspectiva de clase, el balance es claro: el modelo progresista de València no rompió con la lógica de la acumulación capitalista urbana; simplemente intentó gestionarla con un rostro más amable.

Mónica Oltra y el nuevo relato del frente amplio

En este escenario irrumpe de nuevo Mónica Oltra, exvicepresidenta del Consell y figura central del ciclo Botànic, que ahora “apunta a la alcaldía de València” como candidata de Compromís y posible cabeza de un frente amplio de izquierdas. Esquerra Unida saluda su “paso adelante”, la apoya explícitamente y se ofrece a trabajar para levantar esa candidatura unitaria ante las elecciones municipales de 2027 en València.

El movimiento se vende como renovación del espacio progresista, pero apenas hay debate público sobre el balance de los años del Botànic y de la gestión de Compromís en el Ayuntamiento. En lugar de preguntarse por qué el modelo aplicado terminó con un retorno del PP y el avance de Vox, se confía en que un nuevo liderazgo carismático reconstruya la confianza y movilice al electorado.

Desde una óptica marxista, esto es síntoma de crisis de proyecto: se sustituyen los análisis de clase por la construcción de relato y la búsqueda de “candidaturas ganadoras”, sin cambiar los parámetros materiales de lo que se considera gobernable.

¿Frente amplio o bloque institucional progresista?

La pregunta clave de cara a las elecciones municipales de 2027 en València no es si habrá o no una candidatura unitaria; es qué tipo de unidad se propone, bajo qué dirección y con qué objetivo de clase.

El proyecto que hoy se dibuja, con Compromís y Mónica Oltra en el centro y Esquerra Unida como socio menor, apunta más a reconstruir un bloque institucional progresista que a levantar un frente de clase contra el bloque oligárquico que domina la ciudad: fondos inmobiliarios, promotores, grandes cadenas turísticas y un modelo económico centrado en la precariedad y el turismo.

Una alternativa realmente transformadora debería partir de otros ejes:

  • Bloque social y político desde abajo, con el movimiento por la vivienda, las plataformas de barrio, las redes antirracistas, los feminismos de clase y el sindicalismo combativo como sujetos centrales, no como meros apoyos externos.
  • Programa municipal de ruptura que priorice el derecho a la vivienda y el derecho a la ciudad frente a la turistificación y la gentrificación, incluyendo moratorias reales a los pisos turísticos, municipalización con control social y confrontación abierta con fondos y promotoras.
  • Uso del Ayuntamiento como herramienta subordinada al conflicto social, y no como sustituto de la organización de la clase trabajadora.

Mientras la “unidad de izquierdas” se conciba como una suma de siglas alrededor de Compromís para “recuperar el Ayuntamiento de València”, sin balance del Botànic y sin asumir un programa de choque para cambiar las cosas realmente, estaremos ante otra operación de reordenamiento institucional, no ante un auténtico frente amplio de izquierdas al servicio de la población trabajadora.

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