Seguidamente exploramos la tensión dialéctica entre economía política y psicología, analizando los modelos teóricos que interpretan la subjetividad anticapitalista, el papel de la psicología positiva en la gobernación neoliberal y las propuestas clínicas y comunitarias orientadas a la desprivatización del dolor y la emancipación social. Se trata de una elaboración extensa en referencias y para la que tuvimos que recurrir a la ayuda de la IA.
La relación entre el modo de producción capitalista y la constitución del psiquismo humano es uno de los debates más complejos de las ciencias sociales contemporáneas. El malestar subjetivo —manifestado en afecciones como la ansiedad, la depresión y el agotamiento crónico— ha dejado de interpretarse únicamente como una disfunción de carácter intrapsíquico o neuroquímico, para ser analizado como un emergente sintomático de las contradicciones materiales y de las lógicas de explotación del sistema económico imperante.[1, 2]
Mientras que la teoría económica liberal clásica interpreta el malestar de quienes no prosperan en el mercado como un residuo de inadaptación o resentimiento psicológico individual [3], las corrientes de la psicología crítica, marxista y de la liberación sostienen que la psicología convencional opera frecuentemente como un dispositivo de normalización y despolitización al servicio de la acumulación de capital.[1, 4]
La patologización del disentimiento y la perspectiva liberal de la mentalidad anticapitalista
Para comprender la génesis de la psicología anticapitalista, resulta indispensable analizar primero la postura de la ortodoxia liberal, cuyo exponente fundamental en este campo es el economista austriaco Ludwig von Mises.[3, 5] Desde esta perspectiva, el capitalismo de libre mercado se define como un sistema eminentemente meritocrático donde la posición socioeconómica de cada individuo depende directamente de sus logros y de su capacidad para satisfacer las necesidades de los consumidores soberanos.[3, 6, 7] Mises sostiene que, a diferencia de las sociedades premodernas basadas en castas o estatus fijos —donde el individuo podía atribuir un destino adverso a condiciones fuera de su control, como la voluntad divina o el estamento de nacimiento—, el régimen de mercado despoja al sujeto de excusas para justificar sus fracasos personales.[3]
Esta total atribución de responsabilidad personal genera, según la teoría liberal, una intensa herida narcisista en aquellos individuos que no alcanzan el éxito material o el reconocimiento social deseados.[3] Para preservar la autoimagen y eludir la culpa de sus propias deficiencias, los sujetos despliegan mecanismos de defensa psicológicos que se traducen en una hostilidad sistemática hacia el capitalismo.[3] Mises sistematiza este fenómeno a través de formas específicas de resentimiento que estructuran la mentalidad contraria al mercado:
- El resentimiento de la ambición frustrada:Se manifiesta en sujetos que, al fracasar en sus aspiraciones de ascenso económico, canalizan su frustración exigiendo la intervención de un gobierno que ponga trabas al crecimiento y éxito de los emprendedores triunfadores.[3]
- El resentimiento de los intelectuales:Característico de personas con un alto nivel educativo y académico que experimentan una profunda herida en su vanidad al constatar que personas con menor instrucción formal, pero con mayor agudeza para identificar las demandas del mercado, obtienen ingresos, confort y prestigio muy superiores a los suyos.[3, 7]
- El resentimiento de los oficinistas: Propio de trabajadores administrativos que equiparan erróneamente sus tareas rutinarias de registro y redacción con la actividad de asunción de riesgos de los emprendedores, desarrollando hostilidad al percibir que estos últimos perciben mayores ganancias.[3, 7]
Desde la ortodoxia liberal, la psicología anticapitalista no posee validez científica ni base material legítima, sino que constituye una manifestación de patología moral y psicológica alimentada por la ignorancia económica, el resentimiento y una «nostalgia del pasado primitivo» que añora condiciones premodernas de existencia.[3, 5, 6] Aquellos que no logran destacar dentro del sistema de precios se refugian en un «mundo onírico» donde exigen ser recompensados con arreglo a un supuesto «verdadero mérito» abstracto.[7]
En contraste con este enfoque que individualiza la discrepancia, la tradición marxista ha sugerido que lo psicológico mismo ha sido históricamente capturado por las divisiones de clase. Georgi Plejanov concibió el «factor psicológico» interno como un privilegio de clase burgués, una dimensión de interioridad sentimental que se desgarró históricamente de la totalidad de la praxis humana a medida que se consolidaba la división del trabajo.[8] Marx ya advertía que la psicología convencional concebía el psiquismo como un libro cerrado, mientras que la verdadera psicología humana es un libro abierto expuesto en la exterioridad de las fuerzas productivas, las fábricas, las tecnologías y las calles.[8]
| Dimensión Analítica | Enfoque de la Ortodoxia Liberal (Mises) | Enfoque de la Psicología Crítica / Marxista |
| Origen del Disentimiento | Resentimiento individual, ambición frustrada e ignorancia económica.[3] | Toma de conciencia ante la explotación, alienación y contradicciones de clase.[2, 9] |
| Naturaleza del Mercado | Espacio meritocrático de libre competencia que premia objetivamente el esfuerzo.[3, 6] | Estructura asimétrica de acumulación que precariza la vida y extrae plusvalía.[10, 11] |
| Función del Estado | Agente de interferencia económica capturado por el resentimiento popular.[3] | Aparato que resguarda las relaciones de producción burguesas y la propiedad privada.[9, 12] |
| Estatus del Psiquismo | Espacio de responsabilidad individual donde se procesa el éxito o fracaso.[3, 7] | Espacio sociohistórico modelado por el modo de producción y la ideología.[1, 8] |
La psicología como aparato ideológico del capital: Despolitización e individualización del malestar
La respuesta teórica de las corrientes críticas y de la psicología marxista invierte radicalmente la premisa liberal. Autores como David Pavón-Cuéllar señalan que la psicología convencional, lejos de ser una ciencia objetiva y neutral, funciona como un dispositivo ideológico y disciplinario de la burguesía moderna, diseñado para aislar al sujeto de su contexto colectivo y social.[1] Al heredar una concepción dualista que escinde la mente de la realidad exterior, la psicología dominante adolece de lo que el psicólogo crítico Klaus Holzkamp denominó la «falta-de-mundo» (Weltvergessenheit), es decir, la tendencia sistemática a ignorar las determinaciones materiales, socioeconómicas e históricas en la configuración del sufrimiento psíquico.[1]
Este proceso de psicologización de los problemas sociales produce un profundo efecto despolitizador en la sociedad.[1, 8] Al conceptualizar las respuestas afectivas ante la opresión como patologías de carácter estrictamente individual, el saber psicológico tradicional encubre las causas estructurales del malestar.[1, 13] Así, la psicología convencional opera traduciendo las categorías de la violencia y la precarización capitalista a etiquetas diagnósticas clínicas individualizadas:
- La alienación, el extrañamiento y la cosificación del sujeto en el proceso de trabajo se codifican clínicamente como trastornos de despersonalización.[1, 9]
- La precariedad laboral, la incertidumbre habitacional y la inestabilidad histórica se disfrazan bajo el término generalizado de ansiedad.[1, 14, 15]
- La aceleración vertiginosa del ritmo de producción y el desgaste corporal se etiquetan como estrés o hiperactividad.[1, 2, 16]
- La exigencia de adaptarse indefinidamente a condiciones de explotación extrema sin cuestionar la estructura de poder se sacraliza bajo el imperativo de la resiliencia.[1, 2]
- El individualismo extremo y el aislamiento competitivo se patologizan de manera despolitizada como soledad y desamparo.[1]
La psicologización de la política equivale a la despolitización de la sociedad, un proceso que pulveriza lo colectivo en átomos individuales y sanciona científicamente la subjetivación capitalista, colonial y heteropatriarcal.[1] Incluso la práctica de la psicoterapia se ve atravesada por estas contradicciones de mercado.[17] El auge del denominado Therapy Speak (lenguaje terapéutico) permea las relaciones cotidianas y fomenta la autovigilancia del yo.[17] El propio psicoterapeuta es empujado por las exigencias del mercado a constituirse como una marca personal transable en redes sociales, vendiendo etiquetas especializadas como «feminista», «anticapitalista» o «contextual», validaciones que corren el riesgo de mercantilizar el propio posicionamiento crítico para insertarlo en los circuitos del consumo de servicios de salud mental privada.[17]
La Happycracia y la economía de la felicidad: Gobernación positiva
Este ocultamiento ideológico se ve reforzado por el auge de la psicología positiva y lo que Edgar Cabanas e Eva Illouz denominan la «Happycracia» o la industria de la felicidad.[18, 19, 20] Esta corriente sostiene que tanto el sufrimiento como la satisfacción constituyen opciones estrictamente personales, independientemente de las disparidades raciales, de género o de clase que configuren la existencia de los sujetos.[18, 21] Al plantear que la felicidad depende de la autogestión emocional y de la inversión optimista en el propio bienestar, la psicología positiva actúa como el correlato subjetivo perfecto de la gobernación neoliberal.[10, 19, 20] Aquellos individuos que caen en el abatimiento o no logran capitalizar sus crisis como «oportunidades de crecimiento» se convierten en sospechosos de desear y merecer su propio malestar, eximiendo al Estado y a las corporaciones de cualquier responsabilidad sobre la precarización de la vida.[18, 22]
La psicología positiva ha estandarizado un lenguaje sobre el carácter individual a través de manuales de fortalezas y virtudes concebidos bajo la misma lógica clasificatoria del DSM de la Asociación Psiquiátrica Americana.[21] El objetivo es dotar a disciplinas como el coaching de herramientas científicas para optimizar la productividad y el rendimiento de la fuerza de trabajo dentro de las corporaciones.[21] Asimismo, este movimiento ha desarrollado profundas sinergias con la denominada «economía de la felicidad», donde los economistas de mercado utilizan los índices de bienestar subjetivo para reemplazar la utilidad económica y el ingreso material como métricas de bienestar.[21] Esta sustitución conceptual permite desactivar las demandas de redistribución de la riqueza, argumentando que la felicidad es un estado interior autogestionado por el sujeto y que el dinero no guarda una relación directa con la satisfacción vital.[21] El evangelio de la felicidad neoliberal unifica bajo un mismo mandato ético a ricos y pobres, blancos y racializados, abstrayéndolos de sus condiciones materiales de existencia.[18, 21]
La patología social inducida: Los síndromes del capitalismo contemporáneo
Frente a la pretensión neoliberal de culpar al individuo por su sufrimiento, investigaciones críticas como las del psicólogo clínico Dr. Bettache demuestran que el malestar emocional es una respuesta directamente proporcional y adaptativa ante un sistema socioeconómico intrínsecamente hostil a la salud mental.[10] Bettache identifica tres síndromes capitalistas específicos que colonizan la psique y erosionan los lazos sociales necesarios para el bienestar colectivo:
El síndrome de la primacía de la ganancia. Derivado del imperativo sistémico de acumulación continua de capital y de crecimiento económico perpetuo, este síndrome rige la autopercepción de los individuos, quienes interiorizan el lenguaje corporativo de la optimización y la rentabilidad.[10] Las personas comienzan a concebir la educación como una inversión en capital humano, miden el éxito profesional en función de los ingresos y el patrimonio neto, construyen su identidad como una «marca personal» que requiere mejora constante y perciben las relaciones humanas bajo la lógica del retorno de la inversión.[10]
El síndrome de rivalidad de suma cero. Surgido de la competencia de mercado y de la necesidad de superar a los competidores, este fenómeno impone la creencia de que las ganancias de los otros representan necesariamente pérdidas propias.[10] Esta mentalidad competitiva intensifica las actitudes hostiles, disminuye drásticamente la confianza mutua, erosiona la empatía y destruye las redes de apoyo comunitario que constituyen el principal amortiguador del sufrimiento psíquico, volviendo a los sujetos propensos a percibir el entorno social como una amenaza permanente.[10]
El síndrome de la propiedad. Asociado al principio de propiedad privada como base de la libertad personal, este síndrome fomenta un materialismo sistemático.[10] La investigación empírica demuestra que la priorización de la riqueza y las posesiones como símbolos de estatus e identidad está directamente vinculada con menores niveles de autoestima, un incremento significativo de la ansiedad y la depresión, y un aumento en el abuso de sustancias.[10] La industria publicitaria explota esta condición vendiendo identidades asociadas al consumo de lujo, lo que genera una brecha insalvable entre las expectativas de autorrealización material y la realidad económica de las mayorías trabajadoras.[10]
Paradigmas de la psicología marxista e imposibilidad disciplinar
La superación de la psicología despolitizadora ha requerido el desarrollo de paradigmas alternativos que articulan la teoría materialista y la práctica clínica. La psicología marxista clásica —fundada sobre los aportes de figuras como Lev Vygotsky, Georges Politzer, Lucien Sève, Henri Wallon y, posteriormente en América Latina, José Bleger— postula un enfoque monista que rechaza la existencia de un psiquismo interior aislado y autosuficiente.[8, 23, 24, 25] No obstante, este campo teórico se debate históricamente entre la construcción de realizaciones efectivas y la sospecha de su propia imposibilidad intrínseca, llegando a plantearse que la noción de una «psicología marxista» constituye un oxímoron, dado que las exigencias epistemológicas del marxismo no podrían ser cumplidas por los marcos conceptuales de la psicología tradicional.[8, 23]
Históricamente, la reflexología fisiológica soviética de Vladímir Béjterev y el estudio de los reflejos biológicos en su entorno físico fueron vistos como el primer intento de psicología marxista, paradójicamente por el hecho de no estudiar un objeto psíquico interno, esquivando la subjetividad propiamente dicha.[23] Posteriormente, Lev Vygotsky formuló el modelo histórico-cultural, donde postula que lo interiorizado-individualizado, aunque psíquico, no deja de ser cultural, social e histórico.[8, 23] El reconocimiento de este carácter histórico del psiquismo somete el desarrollo de las funciones psicológicas superiores a las premisas del materialismo histórico.[23] El psiquismo surge así como una exigencia de la actividad social consciente.[23]
En Francia, Georges Politzer propuso una «psicología concreta» que rompía con la abstracción dualista.[23] Politzer centró su estudio en el concepto de «drama», definido como el conjunto de acontecimientos, gestos y actos significativos que componen una vida humana concreta, una escena humana transcurrida en el mundo real que no es ni puramente interior ni exterior.[23] Esta psicología materialista se definía, en última instancia, como una psicología sin vida interior espiritual, disolviendo el alma en la materialidad de la acción histórica.[23] En el contexto hispanohablante, el psiquiatra argentino José Bleger articuló el psicoanálisis y el materialismo dialéctico para proponer una teoría de la conducta basada en la unidad de las ciencias del hombre.[25] Bleger formuló el «psicoanálisis operativo», un método de intervención que indaga las motivaciones inconscientes en situaciones de la vida cotidiana y grupal para promover modificaciones estructurales en las instituciones, sentando las bases de la «psicohigiene» y la psicología institucional como herramientas de transformación social y de prevención comunitaria de la salud mental.[26, 27]
| Paradigma Psicológico | Exponentes Principales | Objeto de Estudio | Tensión / Limitación Epistemológica |
| Reflexología Objetiva | Vladímir Béjterev, Konstantín Kornílov.[23] | Reflejos fisiológicos en interacción con el entorno físico.[23] | Reduccionismo biológico; elimina la subjetividad y el psiquismo del campo de estudio.[23] |
| Modelo Histórico-Cultural | Lev Vygotsky, Alekséi Leóntiev, Aleksandr Lúriya.[1, 8, 23] | Funciones psicológicas superiores mediadas por herramientas culturales y el lenguaje.[8, 23] | Tensión entre el origen social externo y la estructuración de la mente como aparato interno individualizado.[8, 23] |
| Psicología Concreta | Georges Politzer.[23] | El «drama» y el acto humano significativo en su contexto sociohistórico.[23] | Disolución de la «vida interior» espiritual en favor de una psicología estrictamente materialista del acto.[23] |
| Psicoanálisis Dialéctico y Psicohigiene | José Bleger, Marie Langer, Armando Bauleo.[25, 26, 28] | La conducta institucional, la dinámica de grupos y la psicohigiene comunitaria.[26, 27] | Conflicto institucional y político derivado de la doble militancia entre el psicoanálisis y el comunismo ortodoxo.[26] |
Psicología de la liberación y salud mental colectiva en el Sur Global
En América Latina, la confluencia entre la crítica al colonialismo, la teología de la liberación y el marxismo dio origen a la Psicología Social de la Liberación, fundada por Ignacio Martín-Baró.[4, 29, 30, 31] Martín-Baró aseveraba que el aporte de la psicología latinoamericana a la historia de sus pueblos había sido extremadamente pobre debido a su dependencia de los modelos teóricos del norte global, los cuales importaban acríticamente presupuestos individualistas para analizar realidades de opresión estructural.[31, 32] La psicología de la liberación exige, como premisa ineludible, una liberación previa de la propia psicología de sus ataduras coloniales y disciplinarias.[31, 32] Esto implica descentrar la atención de la propia disciplina para ponerse al servicio de las necesidades de las mayorías populares oprimidas, asumiendo una «parcialidad objetiva» en la que el científico toma partido ético ante la injusticia sin perder el rigor metodológico en el análisis de los hechos.[4, 30, 31]
Este viraje epistemológico se fundamenta en tres tareas esenciales para la práctica psicosocial:
- La recuperación de la memoria histórica: Consiste en rescatar la identidad cultural, las tradiciones y los saberes organizativos que sirvieron en el pasado para la resistencia popular, devolviendo al pueblo el orgullo de su historia frente a la imposición colonial del olvido.[30, 33]
- La desideologización de la experiencia cotidiana: Consiste en desmontar las estructuras de justificación ideológica que naturalizan la opresión y la desigualdad, rescatando la experiencia original de las mayorías y devolviéndosela como un dato objetivo para que formalicen la conciencia crítica de su propia realidad.[30, 31]
- La orientación social de la subjetividad: Reorienta el enfoque clínico de los procesos puramente intrapsíquicos hacia el análisis de cómo el entorno alienante y las relaciones de producción capitalistas limitan el desarrollo humano, interpretando el comportamiento no a partir de variables individuales, sino como el resultado de estructuras de poder institucionalizadas.[4, 9]
Esta perspectiva se expande contemporáneamente hacia las denominadas «psicologías de la liberación» en plural, incorporando herramientas de decolonialidad y ecología política para enfrentar la globalización corporativa transnacional y el legado de 500 años de colonialismo en el Abya Yala.[33, 34] Autores críticos señalan que el capital encuentra serias dificultades para personificarse en las subjetividades de los pueblos originarios e indígenas, dado que su constitución subjetiva no está regida por la posesión individual ni por la acumulación empresarial del yo.[1] En lugar de ello, el rescate de cosmovisiones andinas como el «Buen Vivir» o «Vivir Bien» (Sumaq Kawsay) propone una concepción de salud mental colectiva basada en la armonía con la Madre Tierra y el tejido comunitario, fuera de las lógicas de acumulación mercantil.[16]
En el campo de la salud pública, estas ideas convergen con el movimiento de la Salud Mental Colectiva y organizaciones como la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES).[11, 16] Este enfoque denuncia activamente las reformas neoliberales que han mercantilizado los sistemas de salud en América Latina, supeditando el cuidado a la lógica de la ganancia corporativa, como ocurre con el sistema de Entidades Promotoras de Salud (EPS) en Colombia.[11] En su lugar, promueven la movilización social y la conformación de Sistemas Públicos Nacionales de Salud, universales, gratuitos y gestionados bajo el control popular organizado, donde la salud mental se defina como un derecho social colectivo e inalienable.[11, 16]
Dispositivos clínicos anticapitalistas y la politización del síntoma
El tránsito de la crítica teórica a la praxis material se viabiliza mediante dispositivos clínicos y comunitarios que disputan la hegemonía del realismo capitalista y psiquiátrico en la vida cotidiana.[2, 35] En el ámbito de la clínica psicoanalítica radical, destaca la experiencia de la Red Clinic, un dispositivo fundado en el contexto de la pandemia de COVID-19 por iniciativa de teóricos y clínicos como Ian Parker y Eddie Marcelo Araya Villalobos.[36] Este dispositivo se caracteriza por sostener una ética política común que visibiliza la interacción entre la dimensión clínica de la cura y la dimensión política del marxismo, nutriéndose de debates históricos para tensionar el conformismo institucional de las escuelas de psicoanálisis tradicionales y proponer una práctica clínica explícitamente posicionada contra la mercantilización de la subjetividad.[36, 37]
Desde la filosofía política del malestar y la investigación militante, Emiliano Exposto propone una «política de los sintomáticos» y una conceptualización de las «subjetividades de la crisis».[35, 38, 39] Exposto argumenta que la noción hegemónica de «salud mental» actúa a menudo como un «psicopoder capitalista», una máquina de opresión que sostiene la clasificación binaria entre cuerpos normales y patológicos, productivos e improductivos.[35] En oposición a este encuadre, el síntoma clínico —ya sea el ataque de pánico, la anorexia o la ideación suicida— es interpretado como un punto de vista sobre el mundo, un indicio de que algo en la corporalidad viva del trabajador cognitivo y precarizado se resiste a encajar en los automatismos de rendimiento, éxito y productividad exigidos por el capital.[2, 35]
Esta lectura afectiva de la coyuntura histórica se encarna en lo que Exposto denomina los «sistemas sudacas del sentir», caracterizados por una oscilación psíquica entre el frenesí maníaco y el bajón depresivo, catalizados por la hiperexplotación laboral, la incertidumbre material y la incesante cancelación del futuro en el Sur global.[15] La propuesta de una psicopolítica desde abajo busca explorar la potencia creadora y desobediente de los propios síntomas.[35] En lugar de moralizar los fármacos o proponer una oposición simple a la terapia, se trata de politizar el delirio y desprivatizar las experiencias vividas de dolor, convirtiendo la parálisis y el cansancio extremo en una plataforma de organización colectiva del «precariado psíquico».[15, 35, 40]
(Imperativos de Rendimiento, Éxito y Consumo)
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(Ataques de pánico, Depresión, Agotamiento)
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– Individualización de la culpa – Desprivatización del malestar
– Diagnóstico despolitizador – Síntoma como resistencia corporal
– Restablecimiento de productividad – Colectivización del dolor en el Sur
(Ajuste al Realismo Capitalista) (Psicopolítica desde abajo / Alianza)
En sintonía con esta desprivatización del dolor, la militancia comunitaria ha impulsado la creación de espacios autogestionados de cuidado colectivo.[14] Tal como señala el psicólogo Diego Arahuetes del Colectivo Memoria Viva, la situación de la salud mental en territorios europeos como España —que se sitúa a la cabeza del consumo global de benzodiacepinas y donde el suicidio constituye la primera causa de muerte externa— evidencia los límites de la psicoterapia individual privada frente a la precarización existencial generada por desahucios, desempleo y desmantelamiento de los servicios públicos.[14]
La alternativa frente a la privatización del sufrimiento consiste en «colectivizar el malestar» mediante dispositivos comunitarios como el Colectivo-ala-fresca.[14] Estos espacios configuran lugares seguros donde los sujetos comparten sus experiencias de dolor sin juicios clínicos estandarizados, construyendo a su alrededor lazos de solidaridad y apoyo mutuo.[14] El objetivo es desplazar el beneficio económico y la atomización social mediante prácticas que reconozcan la interdependencia y la vulnerabilidad anímica de los cuerpos, asumiendo que no existe una solución privada para los problemas generados por las contradicciones del capital.[14, 22]
Conclusiones: Hacia una justicia psicosocial y la desprivatización del dolor
El examen de la psicología anticapitalista demuestra que el malestar psíquico no es una disfunción de carácter puramente individual, un rasgo de inadaptación moral o el resultado del resentimiento frente a un mercado supuestamente meritocrático.[3, 14] Por el contrario, las afecciones subjetivas contemporáneas constituyen la expresión psicosomática del conflicto irresoluble entre las exigencias de acumulación de capital y las condiciones materiales básicas para el sostenimiento de la vida humana.[2, 10, 22] La psicología convencional, al operar bajo una matriz dualista e individualista de «falta-de-mundo», actúa predominantemente como un aparato ideológico de despolitización que enmascara las violencias del sistema económico bajo etiquetas diagnósticas clínicas.[1]
Frente a la gobernación neoliberal de la felicidad y la optimización del rendimiento impulsada por la psicología positiva, la psicología anticapitalista opone un giro epistemológico radical.[4, 19, 20] Este viraje se nutre tanto de las tradiciones del materialismo dialéctico clásico como de la psicología de la liberación latinoamericana, descentrando la disciplina de su autorreferencialidad para ponerla al servicio de las mayorías populares.[23, 30, 31]
La desprivatización del dolor, la organización clínica en dispositivos contrahegemónicos como la Red Clinic, el desarrollo de la salud mental colectiva y la politización del síntoma como potencia de desobediencia y resistencia corporal constituyen los pilares indispensables para desmontar el realismo capitalista en el campo de la salud mental.[16, 35, 36] Solo mediante la socialización de los cuidados, la destrucción de las justificaciones ideológicas del poder y la transformación de las relaciones de producción materiales será posible transitar de la contención psiquiátrica individualizada hacia una verdadera justicia psicosocial.[14, 30, 35]
- Crítica de la psicología | David Pavón-Cuéllar, https://davidpavoncuellar.com/tag/critica-de-la-psicologia/
- ¿El malestar es nuestra normalidad? | Revista Bordes – UNPAZ, https://revistabordes.unpaz.edu.ar/el-malestar-es-nuestra-normalidad/
- La mentalidad anticapitalista – Wikipedia, la enciclopedia libre, https://es.wikipedia.org/wiki/La_mentalidad_anticapitalista
- Psicología social de la liberación – Wikipedia, la enciclopedia libre, https://es.wikipedia.org/wiki/Psicolog%C3%ADa_social_de_la_liberaci%C3%B3n
- La mentalidad anticapitalista – Eleutheria, https://eleutheria.ufm.edu/la-mentalidad-anticapitalista/
- La mentalidad anticapitalista | Ángel M. García Cuevas Don’t Tread On Me #28 – YouTube, https://www.youtube.com/watch?v=Eigyz0KyphM
- La-mentalidad-anticapitalista.pdf – Thomas Jefferson Institute for the Americas, https://jeffersonamericas.org/wp-content/uploads/2020/07/La-mentalidad-anticapitalista.pdf
- Marxismo y psicología — David Pavón-Cuéllar – YouTube, https://www.youtube.com/watch?v=oEXc8uHlxKI
- La construcción de la psicología crítica desde el pensamiento latinoamericano – Repositorio Institucional UASB Digital, https://repositorio.uasb.edu.ec/bitstreams/13a66960-a189-4b1a-bf2d-7618165f406f/download
- ¿El capitalismo está destruyendo nuestra salud mental? – Psychology Today, https://www.psychologytoday.com/ar/blog/el-capitalismo-esta-destruyendo-nuestra-salud-mental
- la lucha por el derecho a la salud en America Latina – Alames, http://alames.org/wp-content/uploads/2024/07/la_lucha.pdf
- Contra la Psicología Positiva. Crítica althusseriana y lacaniana de la psicología neoliberal | Religacion Press, https://press.religacion.com/index.php/press/catalog/book/269
- ¿Puede existir una psicología anticapitalista? – Kaos en la red, https://kaosenlared.net/puede-existir-una-psicologia-anticapitalista/
- Malestar social, una visión de la salud mental anticapitalista …, https://colectivomemoriaviva.org/malestar-social-una-vision-de-la-salud-mental-anticapitalista/
- Teoría crítica de la “salud mental”: hacia una política de los sintomáticos, https://www.criticayresistencias.com.ar/revista/article/download/356/902
- Salud Mental Colectiva, la COVID y el mundo pos-pandemia – Colibri, https://www.colibri.udelar.edu.uy/jspui/bitstream/20.500.12008/34891/1/RF_Uzcategui_2022n18.pdf
- La terapia como acto contracultural con Carlos Moratilla | Episodio 329 – YouTube, https://www.youtube.com/watch?v=U4WYHGGjXOY
- Edgar Cabanas y Eva Illouz (Audiolibro) – Happycracia – YouTube, https://www.youtube.com/watch?v=H25lA0pBVJU
- Reseña de Edgar Cabanas y Eva Illouz, Happycracia: Cómo la Ciencia y la Industria de la Felicidad Controlan Nuestras Vidas (Bs As: Paidós, 2019) [1ed – Psicología, Conocimiento y Sociedad, https://revista.psico.edu.uy/revpsicologia/article/view/1039
- Reseña de Edgar Cabanas y Eva Illouz, Happycracia: Cómo la Ciencia y la Industria de la Felicidad Controlan Nuestras Vidas (Bs As: Paidós, 2019) (1ed – SciELO Uruguay, http://www.scielo.edu.uy/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1688-70262025000101516
- happycracia, https://proassetspdlcom.cdnstatics2.com/usuaris/libros_contenido/arxius/41/40144_Happycracia.pdf
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- Hacia una psicología de la liberación. MARTÍN-BARÓ – 7, http://inedubon.edu.co/wp-content/uploads/2025/11/Hacia-una-Psicologia-de-la-Liberacion_compressed.pdf
- Hacia Psicologías de Liberación – Mary Watkins, PhD, https://www.mary-watkins.net/wp-content/uploads/2025/02/Hacia-Psicologias-de-Liberacion-todos-capitulos.pdf
- Liberación, resistencias y decolonialidad: desafíos de la psicología comunitaria, https://euna.una.ac.cr/index.php/EUNA/catalog/book/457
- ¿Derecho a la salud mental o justicia psicosocial?: Un fragmento de «Las máquinas psíquicas», de Emiliano Exposto – Sonámbula, https://sonambula.com.ar/derecho-a-la-salud-mental-o-justicia-psicosocial-un-fragmento-de-las-maquinas-psiquicas-de-emiliano-exposto/
- La Clínica como dispositivo anticapitalista: la experiencia de la Red …, https://www.teocripsi.com/ojs/index.php/TCP/article/view/547
- Vol. 24 (2025): Número Anual Ordinario – Teoría y Crítica de la Psicología, https://www.teocripsi.com/ojs/index.php/TCP/issue/current
- EMILIANO EXPOSTO – CONICET, https://bicyt.conicet.gov.ar/fichas/p/emiliano-exposto
- Exposto, Emiliano | Instituto de Historia Argentina y Americana «Dr. Emilio Ravignani», https://ravignani.institutos.filo.uba.ar/integrante/exposto-emiliano
- Notas para una psicopolítica alternativa // Emiliano Exposto [i] – Lobo Suelto!, https://lobosuelto.com/notas-para-una-psicopolitica-alternativa-emiliano-exposto-i/
