¿Un Frente Amplio de quién? La experiencia uruguaya.

Diseño por IA de imagen comparativa de Frente Amplio en España y Uruguay

Acaba de crearse el Frente Amplio para las elecciones generales en España. Una marca que ha tomado el nombre del homónimo uruguayo, pero no las reglas ni la base social que lo han venido sosteniendo. Unas diferencias que seguramente se podrán medir en escaños el próximo 29 N.

Cuando Izquierda Unida, Más Madrid, Movimiento Sumar y los Comuns decidieron llamarse Frente Amplio, tomaron prestada una etiqueta con prestigio. El Frente Amplio uruguayo nació en 1971, atravesó una dictadura, ganó por primera vez en 2004 con más de la mitad de los votos y hoy vuelve a presidir el país con Yamandú Orsi. La revista de Substack El Patio Político publica un análisis interesante de los contrastes entre uno y otro proyecto electoral que puede ayudarnos a mejor valorar esta iniciativa en España y cómo orientarla.

Primero el programa, después los nombres.

La Declaración Constitutiva del Frente Amplio uruguayo se firmó el 5 de febrero de 1971. Las bases programáticas se aprobaron el 17 de ese mismo mes y las normas de organización el 17 de marzo, antes de que el frente se midiera en unas urnas. Se acordó qué se quería hacer, con qué estructura y con qué reglas, y solo después llegaron las candidaturas.

En España el orden ha sido el contrario. El 12 de octubre los partidos de la coalición propusieron a Ada Colau como candidata a la presidencia del Gobierno, el mismo día en que Podemos y ERC anunciaban que Irene Montero y Gabriel Rufián harían campaña en tándem. Dos candidaturas y dos alianzas sobre la mesa, y un programa común que, todo apunta, se mantuvo lejos del centro de las conversaciones negociadoras.

Las primarias internas

El mecanismo uruguayo que cuenta con más reconocimiento es la competencia interna con reglas previas. En 2009 José Mujica obtuvo el 52% de los votos de las primarias internas frente al 40% de Danilo Astori y el 8% de Marcos Carámbula, aunque el presidente Tabaré Vázquez había defendido públicamente a Astori como cabeza de fórmula. En 2024 Orsi se impuso a Carolina Cosse con un 59,4% frente a un 37,6% en el escrutinio provisional y la fórmula conjunta se anunció esa misma noche. Resultados que no impidieron después encontrar un lugar para todos los contendientes.

Aunque estas internas no son un invento del Frente Amplio de Uruguay, sino una característica del sistema en este país, es clara la mejora democrática participativa que suponen. Lo que en España reclamó Podemos (pero no termino por cumplir en sus acuerdos con ERC), las primarias abiertas, se parece más al modelo uruguayo para todos los partidos que el método seguido aquí por el Frente Amplio, de limitarse a acordar entre cúpulas.

El precio del sistema mayoritario.

En nuestro país, las y los  diputados al Congreso se eligen con el método D’Hondt en cada provincia, con un umbral de al menos el 3% para entrar en el reparto, fórmula discriminatoria que favorece a las candidaturas más votadas. Así, en una provincia pequeña, dos listas que sumarían un escaño juntas pueden quedarse sin ninguno por separado.

Precisamente, una encuesta de 40dB estimaba que la división podía costar hasta 12 escaños a este espacio de la izquierda. Las proyecciones publicadas a finales de octubre oscilan entre cero y dos escaños para Podemos y entre siete y ocho para el Frente Amplio, en contraste marcado con los 31 que sumó la plataforma unitaria en 2023. Incluso alguna encuesta sitúa al PSOE ganando escaños a costa de ambos.

Y es que, sin participación interna, la unidad se queda en la fotografía. Y sin una base social, los pactos por las alturas se reducen a mero papel.

Lo que hay detrás de los pactos

Los pactos de puestos en las listas electorales no bastan si no hay nada organizado detrás. El Frente Amplio uruguayo se organizó en comités de base territoriales y funcionales, estos últimos en los lugares de trabajo y de estudio, abiertos a quien se adhiriese, militara o no en un partido. Esa estructura resistió el golpe de 1973, que ilegalizó a los partidos de izquierda y cerró los comités, pero los comités volvieron a ser protagonistas de la campaña de 1984.

Aquí está la diferencia de fondo con España. Las confluencias españolas han sido sobre todo de acuerdos entre aparatos para repartirse cabezas de lista, y un acuerdo de ese tipo se rompe cuando el reparto no cuadra o por cualquier otro motivo.

Esto contrasta, incluso, con lo ocurrido estos días en torno a la huelga general del 11 de noviembre, que fue registrada de forma conjunta por la Confederación de Sindicatos de Inquilinas, CCOO, UGT, CGT, CNT, la Unión de Actores y Actrices, Co.Bas y la Intersindical,  y será la primera huelga general respaldada por CCOO y UGT desde 2012. Organizaciones de culturas políticas muy distintas firmaron una misma convocatoria porque compartían un problema material, el precio de la vivienda frente a los salarios. La unidad se construyó en torno a reivindicaciones concretas y dio lugar a unos comités de huelga territoriales, con un calendario participativo y una forma asambleísta de decidir.

Sin duda, la izquierda electoral tendría bastante que aprender de estas experiencias.

Un nombre de marca se copia en una tarde. Un método de acción se construye durante años, y lo sostienen los comités, las asambleas y las huelgas mucho más que los comunicados y las burocracias internas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *








Sumario

Subscribete por email!