El ensayo «El pueblo no es uno», de Derick Varn y Daniel Tutt (*), reabre el debate sobre por qué la izquierda occidental lleva décadas incapaz de construir una alternativa real al neoliberalismo. A partir del análisis realizado por camaradas del magazine Cosmonauta, seguidamente recogemos las ideas básicas y añadimos algunas propuestas…
La crisis estratégica de la izquierda occidental ha abierto un intenso debate sobre las causas de su prolongado estancamiento político. En ese contexto, el ensayo El pueblo no es uno, de Derick Varn y Daniel Tutt, se ha convertido en una interesante aportación. A pesar de la brevedad de este libro —apenas ochenta páginas—, ofrece una radiografía precisa de las principales corrientes de la izquierda contemporánea y de las razones que explican sus reiterados fracasos para construir una alternativa al orden neoliberal.
La tesis central es que el populismo de izquierdas ha depositado su confianza en un sujeto político abstracto, el «pueblo», concebido como una masa homogénea enfrentada a unas élites difusas. Desde esta perspectiva, las contradicciones de clase y las divisiones existentes en el seno de las propias clases populares quedan relegadas a un segundo plano. El resultado es una política que simplifica los conflictos sociales reales y que termina siendo incapaz de sostener una estrategia de transformación duradera.
Un sentido común heredado de la derrota
Para Varn y Tutt, esta concepción se ha convertido en el sentido común de buena parte de la izquierda desde la crisis de las organizaciones obreras tradicionales y el declive de las ortodoxias marxistas. Durante décadas, el neoliberalismo logró imponer la idea de que no existía alternativa al orden existente, y ante la debilidad del movimiento obrero organizado, buena parte de la izquierda optó por confiar en movimientos espontáneos, ciclos de protesta o proyectos electorales subordinados a las propias instituciones liberales que decía combatir.
Pero esta orientación ha terminado reproduciendo la hegemonía del propio sistema que pretendía superar. La experiencia de las campañas de Bernie Sanders en Estados Unidos, o la evolución de las movilizaciones surgidas tras el asesinato de George Floyd, muestran —según los autores— la enorme capacidad de las instituciones liberales para absorber y neutralizar las demandas radicales sin que estas lleguen a cristalizar en organización política duradera.
Sin organización de clase propia, toda protesta espontánea acaba siendo gestionada por las mismas instituciones a las que pretendía desafiar. Tesis central de Varn y Tutt, recogida y sintetizada en «El pueblo no es uno»
La clase directiva profesional y las guerras culturales
La obra también llama la atención sobre la denominada clase directiva profesional (PMC). Varn y Tutt rechazan considerarla una nueva clase social en sentido marxista, pero subrayan el papel decisivo que desempeña en la producción y reproducción de la ideología dominante. Universidades, medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales y parte del aparato sindical se han convertido en espacios donde este estrato ejerce una influencia política y cultural desproporcionada respecto a su peso demográfico.
Gran parte de las políticas identitarias y de las guerras culturales que han marcado la última década están vinculadas al peso de esta capa social. Aunque frecuentemente adopte un lenguaje radical y emancipador, su práctica política termina reforzando los límites del liberalismo y desplazando las cuestiones de clase a un segundo plano, sustituyendo la organización colectiva por la corrección discursiva.
Recuperar a cuadros políticos, no abandonar la teoría
Pese a lo dicho, los autores no rechazan a los intelectuales ni la formación política, como sí ocurre en otras corrientes anti-intelectualistas de la izquierda. Al contrario, destacan la necesidad de recuperar la figura del «revolucionario profesional» en el sentido leninista, es decir, de un cuadro político comprometido con la construcción de un proyecto socialista independiente. Para ello consideran imprescindible desarrollar formas propias de producción ideológica y de formación política, desligadas de los aparatos culturales del orden existente.
La principal propuesta del libro pasa por reconstruir una sociedad civil alternativa. Esto implica fortalecer el movimiento obrero, crear instituciones culturales y educativas propias, y desarrollar espacios de organización capaces de articular un proyecto socialista autónomo. La independencia de clase no puede limitarse al terreno electoral; debe expresarse también en el ámbito intelectual, cultural y organizativo cotidiano.
La fórmula de la fusión
En este sentido, los autores recuperan la denominada «fórmula de la fusión», entendida como la convergencia entre el movimiento socialista organizado y la clase trabajadora en su existencia real. Sin esa fusión, cualquier intento de transformación corre el riesgo de quedar atrapado entre la marginalidad política y la subordinación a las instituciones liberales, dos polos que en la práctica suelen alimentarse mutuamente.
Ciertamente, la construcción de una nueva sociedad civil socialista no puede reproducir los errores burocráticos que contribuyeron al declive de muchos partidos socialistas y comunistas durante el siglo XX. La relación entre las organizaciones políticas y las instituciones culturales y sociales debe basarse en la cooperación y la autonomía relativa, evitando formas de subordinación que terminan sofocando la creatividad y el debate que toda organización viva necesita.
En un momento de crisis del neoliberalismo, de creciente polarización y de agotamiento visible de las fórmulas populistas, el ensayo de Varn y Tutt reabre un debate que la izquierda había dejado en un segundo plano: cómo reconstruir un proyecto socialista con capacidad real de disputar el poder.
Su principal virtud, seguramente (y a falta de propuestas concretas), es recordar que los problemas actuales de la izquierda no son nuevos y que cualquier intento de superarlos exige volver a pensar las relaciones entre clase, organización, cultura y estrategia política desde sus fundamentos.
¿Qué hacer?
El análisis de los autores debería tener consecuencias directas para cualquier colectivo, sindicato o espacio militante que opere hoy en el Estado español y en la Comunidad Valenciana. Si el problema de fondo es la sustitución de la organización de clase por la apelación abstracta al «pueblo», la tarea inmediata es construir estructuras permanentes más allá de las movilizaciones puntuales y sectoriales: asambleas de barrio con continuidad más allá de la coyuntura, secciones sindicales activas en los centros de trabajo, y espacios de formación política propios que no dependan de la agenda mediática ni de las ONG financiadas por administraciones o fundaciones afines al statu quo.
En segundo lugar, conviene aplicar el aviso sobre la deriva de los directivos profesionales a nuestra propia práctica cotidiana. Es decir, revisar si nuestros espacios de izquierda reproducen, sin darnos cuenta, las jerarquías culturales de quienes tienen capital educativo o mediático, o si efectivamente están construyendo puentes reales con la clase trabajadora en su diversidad —migrante, precarizada, sin estudios superiores—. Una organización que solo habla el lenguaje de la universidad no está haciendo fusión, está haciendo elitismo con banderas rojas.
Por último, la «fórmula de la fusión» es una invitación muy concreta. Porque, si militas en un partido, colectivo o plataforma, pregúntate cuántos de tus compañeros trabajan también en un sindicato de clase, y si tu organización dedica recursos reales —tiempo, formación, presupuesto— a esa convergencia, o si la da por supuesta.
La reconstrucción del proyecto socialista no se decreta en un congreso. Se teje, célula a célula, núcleo a núcleo, en cada centro de trabajo y cada barrio para que se vaya asumiendo que la protesta de un día no es suficiente.
(*) Daniel Tutt es autor de «Psicoanálisis y la política de la familia» y «Cómo leer como un parásito» . C. Derick Varn es sindicalista, poeta y educador. Ha escrito «Apocalyptics and Liberation y All That Bright Etc».
- Derick Varn y Daniel Tutt, The People Are Not One: The Case Against Left Populism.
- Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto del Partido Comunista.
- Christopher Lasch, The Revolt of the Elites and the Betrayal of Democracy.
- Michael Lind, The New Class War.
- https://www.johnhuntpublishing.com/zer0-books/
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- https://danieltutt.com/
- Villarreal, Nicolás. 2025. «Sobre lecturas desorbitadas de Althusser: Una respuesta a P.K. Gandakin y Scottie O.» Cosmonauta. 2025.
- Villarreal, Nicolás. 2025a. «Carta: ¿Qué Saben los Gansos?» Cosmonauta. 2025.
