Un nuevo barómetro de opinión pública recién publicado constata que la ciudadanía española vive instalada en la incertidumbre: desconfía de las instituciones, teme el futuro y siente que la democracia no la representa. Los datos, obtenidos mediante una encuesta técnicamente sólida, constituyen un diagnóstico de situación que la izquierda no puede permitirse ignorar.
El primer informe H/ORIZONTES, presentado el 29 de abril en Madrid y elaborado por la consultora H/Advisors en colaboración con la empresa demoscópica 40dB, ofrece un retrato de la sociedad española que da que pensar. El documento —diseñado para actualizarse periódicamente y servir de mapa de los retos que marcarán la agenda pública–

Recoge como conclusión central que la ciudadanía española está atenta a lo que ocurre, pero ha perdido los marcos de referencia para interpretarlo. El resultado es una sociedad alerta y a la vez desorientada, que reacciona replegándose sobre sí misma.
Seguidamente, apuntamos muy escuetamente las contradicciones estructurales del modelo español, subrayando la desconexión entre los discursos de progreso y la experiencia cotidiana de millones de trabajadores y trabajadoras.
1. Percepción global del mundo
| Categoría | Porcentaje de población |
| Muy inestable | 62,5% |
| Moderadamente inestable | 19,3% |
| Estable o muy estable | 7,6% |
| Sin opinión / no sabe | 10,6% |
Esta distribución muestra cómo la incertidumbre crónica se convierte en condición generalizada: más del 80% de la población percibe el mundo como claramente inestable, mientras que la franja que percibe algún grado de estabilidad apenas supera el 7‑8%. La mayoría se sitúa, por tanto, en el umbral de un riesgo permanente, no episódico.
2. Percepción de seguridad en el entorno nacional
| Comparación temporal | Porcentaje |
| El país es hoy menos seguro que en 2016. | 60,4% |
| El país es hoy más o igual de seguro. | 31,2% |
| Sin opinión / no sabe | 8,4% |
La sensación de deterioro en la seguridad se concentra sobre todo en las generaciones intermedias (30‑50 años), aquellas que combinan hipoteca, empleo precario y presión tributaria. La tabla refleja que la “normalización” económica no se traduce en una sensación de estabilidad concreta, sino en una experiencia de vulnerabilidad acumulada.
3. Percepción de prosperidad del país
| Categoría | Porcentaje |
| España es hoy menos próspera. | 54,9% |
| España es hoy igual o más próspera. | 38,1% |
| Sin opinión / no sabe | 7,0% |
Aquí se materializa la desconexión entre crecimiento formal y vivencia social: la mayoría cree que el país está peor a pesar de los datos macroeconómicos buenos. La distribución subraya que la redistribución, no el crecimiento en sí, es el eje de la tensión: la mayoría siente que la economía crece, pero no “para ella”.
4. Nivel de confianza en las instituciones
| Institución | Confían totalmente. | Confían en algo. | No confían. | No opina. |
| Políticas | 4,2% | 22,1% | 68,3% | 5,4% |
| Económicas | 5,8% | 25,6% | 63,2% | 5,4% |
| Judiciales | 3,7% | 21,4% | 69,1% | 5,8% |
La desconfianza estructural domina en todas las esferas: la mayoría sitúa a las instituciones por debajo de la línea de credibilidad mínima. Esto no refleja solo descontento coyuntural, sino la percepción de que el sistema político‑institucional forma parte de la inestabilidad, no de la solución.
5. Cambios en el comportamiento de consumo
| Comportamiento económico | Porcentaje de población que así lo declara |
| Evita endeudarte más. | 67,3% |
| Reduce gastos no esenciales. | 61,8% |
| Posterga compraventa de vivienda | 54,1% |
| Posterga inversiones financieras | 51,4% |
| No cambia hábitos de consumo. | 22,6% |
Estos datos muestran una suerte de “prudencia defensiva”: la mayoría se organiza para sobrevivir, no para invertir o consumir con confianza. La tabla documenta cómo la incertidumbre se traduce en una contracción de la vida social y un repliegue hacia estrategias de corto plazo.
6. Expectativas sobre el futuro
| Escenario percibido | Porcentaje que lo considera probable |
| Más poder para grandes tecnológicas | 72,1% |
| Mayor fragmentación internacional | 68,9% |
| Retrocesos democráticos | 59,3% |
| Aumento de la presión climática | 64,7% |
| Transición energética como cambio positivo | 41,2% |
La mayoría anticipa empeoramientos antes que oportunidades, salvo en la transición energética, que es el único eje donde se abre una ventana de expectativa claramente positiva. La tabla exhibe un imaginario de futuro gris, donde la transformación social se experimenta como amenaza, no como promesa.
7. Participación y desafección democrática
| Índice de implicación cívica | Porcentaje de población |
| Ha reducido su participación en lo colectivo. | 48,2% |
| Participa igual o algo más que antes. | 36,1% |
| Se ha desligado totalmente de lo político. | 9,7% |
| No sabe / no responde | 6,0% |
La relación entre incertidumbre y participación es inversa: a más ansiedad estructural, menos expectativa de eficacia colectiva. La tabla muestra cómo la desafección democrática se vuelve la norma, no la excepción, y cómo la desmoralización política se alimenta de la percepción de que el sistema no ofrece capacidad real de decisión.
8. Percepción de la democracia
| Categoría de evaluación de la democracia | Porcentaje |
| Frágil, vulnerable a deriva autoritaria o tecnocrática. | 58,7% |
| Estable y consolidada | 28,3% |
| Mejor que hace diez años. | 12,4% |
| Peor que hace diez años | 46,3% |
La mayoría percibe la democracia como un régimen en tensión, no como un orden asentado. La tabla expone el fin de la ilusión de “maturación” institucional: la democracia se experimenta como frágil, dependiente de lógicas económicas y tecnológicas que escapan al control popular.
9. Desigualdad territorial y fractura social
| Comparativa regional | Región |
| Regiones con mayores ingresos | Madrid, País Vasco, Cataluña |
| Regiones con menores ingresos | Extremadura, Andalucía |
| Índice relativo: región más pobre | 73 |
| Movilidad regional | Muy baja |
La brecha entre regiones ricas (Madrid, Cataluña, País Vasco) y pobres (Extremadura, Andalucía) persiste desde el siglo XIX. La movilidad regional es casi nula. La cohesión territorial, pilar de cualquier proyecto nacional, ha sido abandonada por las élites políticas, que han preferido apostar por modelos extractivos y centralistas. La pobreza laboral y la exclusión se ceban con las periferias, mientras se refuerza una España a dos velocidades.
10. Qué hacer con estos datos: una lectura desde la izquierda
En suma, este informe retrata una sociedad atrapada en un bucle de miedo, repliegue y desafección. Una pregunta clave podría ser: ¿quién se beneficia de esta incertidumbre estructural? La ausencia de políticas redistributivas, la captura del Estado por intereses corporativos y la renuncia a un proyecto de país compartido no son accidentes: son decisiones políticas. Mientras se hace propaganda contando maravillas, o se celebra la digitalización y la transición verde, se ignora y silencia, en cambio, que sin justicia social las brechas sociales se profundizan. Lo que nuestro país más necesita es una redistribución real del poder, la riqueza y la esperanza.
Por otra parte, también debemos considerar que el informe H/ORIZONTES no es neutral. Lo elabora una consultora de comunicación estratégica cuyos clientes son empresas e instituciones. Sus recomendaciones implícitas apuntan a la «gestión» del malestar, no a su resolución. Pero los datos que recoge son demasiado significativos para ignorarlos.
Lo que el estudio retrata es una sociedad que ha perdido confianza en la capacidad de las instituciones para protegerla, que ve cómo el trabajo ya no garantiza una vida digna, que percibe la democracia como un mecanismo que no la representa y que anticipa un futuro donde el poder corporativo y la fragmentación política seguirán creciendo. Ese es el terreno en el que tiene que trabajar cualquier proyecto político transformador: no partir de la ciudadanía que queremos tener, sino de la que realmente existe, con sus miedos, sus repliegues y su desconfianza acumulada.
La tarea no es convencer a la gente de que está equivocada en su percepción. Es construir los marcos colectivos —sindicales, vecinales, políticos— que conviertan ese malestar individual y silencioso en acción organizada. Los datos están y técnicamente gozan de respaldo acreditado. Lo que falta es la política que los tome en serio.
