Con el PP en camino de repetir mayoría absoluta y la izquierda repartida entre tres candidaturas sin grandes diferencias programáticas, las elecciones autonómicas del 17 de mayo de 2026 pueden consolidar el giro conservador más duradero de la historia de Andalucía. El coste de la fragmentación se medirá en escaños perdidos. El precio a pagar por limitarse a seguir acompañando al PSOE en su deriva social liberal lo abonará toda la población trabajadora.
El 17 de mayo de 2026 los más de 6,6 millones de andaluzas y andaluces con derecho a voto están llamados a renovar los 109 escaños del Parlamento de Andalucía. Lo harán en un escenario electoral que, paradójicamente, se parece más al bipartidismo de los noventa —donde dos grandes bloques se disputaban la comunidad— que al tablero multipartidista que prometía la irrupción de nuevas fuerzas. Pero esta vez el bloque dominante no es el de la izquierda histórica: es el bloque de la derecha, con el PP de Juanma Moreno consolidado como primera fuerza hegemónica y VOX como socio incómodo pero necesario si los populares no logran la mayoría absoluta por sí solos.
Frente a ese escenario, la izquierda andaluza que se sitúa a la izquierda del PSOE llega dividida en tres candidaturas distintas: Por Andalucía (la coalición IU-Sumar-Podemos con Antonio Maíllo al frente), Adelante Andalucía (con José Ignacio García como candidato, heredera del proyecto de Teresa Rodríguez y los Anticapitalistas) y Podemos, integrado finalmente en Por Andalucía a última hora. El resultado es un espacio plural pero descoordinado, donde el conjunto suma porcentajes significativos en las encuestas pero la dispersión del voto penaliza duramente la traducción en escaños gracias a la Ley D’Hondt aplicada a circunscripciones provinciales de tamaño medio.
El mapa electoral: PP en cabeza, PSOE en mínimos históricos
Las encuestas publicadas en la recta final de la campaña dibujan un escenario de continuidad con matices. El País y otros medios de referencia han recogido una foto fija que se repite encuesta tras encuesta: el PP ronda el 43-44% de la intención de voto, lo que en términos de escaños se traduce en entre 50 y 55 diputados, justo en el umbral de la mayoría absoluta fijada en 55. El último estudio del CIS sitúa al PP en el 43,6% de los votos, al PSOE en el 25,8%, a VOX como tercera fuerza con el 10,3%, y a Adelante Andalucía y Por Andalucía en el 8,5% y el 6,9% respectivamente.
El dato más llamativo no es el porcentaje del PP, que ya había logrado una mayoría absoluta histórica en 2022 con 58 escaños. Lo más revelador es la dinámica interna de la derecha: más de uno de cada cinco votantes de VOX en 2022 se inclinaría ahora por Moreno, lo que explica que el PP pueda consolidar o incluso ampliar su posición mientras VOX retrocede levemente. Es el PP el que fagocita el espacio de su propio socio de bloque, una operación de concentración del voto conservador que deja al conjunto de la derecha igual o más fuerte que en la legislatura anterior.
Estimaciones de voto:
| Fuerza política | Voto est. | Escaños est. | Escaños 2022 |
| PP (Juanma Moreno) | ~43% | 50–55 | 58 |
| PSOE (M.ª J. Montero) | ~26% | 27–32 | 30 |
| VOX | ~10% | 8–11 | 14 |
| Adelante Andalucía (J.I. García) | ~8,5% | 3–5 | 2 |
| Por Andalucía (A. Maíllo) | ~7% | 5–7 | 5 |
Fuente: CIS, CENTRA, Target Point, IMOP — promedio encuestas abril 2026
El PSOE, con María Jesús Montero al frente, intenta una recuperación que las encuestas no terminan de validar. La herencia envenenada de la era Susana Díaz —marcada por el nepotismo, el desgaste de cuatro décadas en el poder autonómico y el escándalo de los EREs— sigue pesando sobre una marca socialista que en Andalucía se percibe como parte del establishment antes que como alternativa transformadora. El partido que llegó a gobernar Andalucía durante 36 años consecutivos (1982-2018) aparece hoy anclado en el 25-26%, incapaz de seducir a un electorado de izquierda que lo ve como corresponsable del giro neoliberal de los últimos lustros.
La izquierda plural que se fragmenta en el momento clave
Como apunta con acierto el análisis publicado por la Organización Comunista Revolucionaria en comunistasrevolucionarios.org, la particularidad más llamativa de este proceso es que la izquierda a la izquierda del PSOE se presenta dividida pese a que no existen diferencias programáticas de fondo entre sus candidaturas. Es una fragmentación de naturaleza más orgánica e histórica que ideológica, producto de la ruptura entre el tronco podemita original y la corriente Anticapitalistas que derivó en Adelante Andalucía.
Por Andalucía integra en esta convocatoria a Izquierda Unida Andalucía, Podemos, el Movimiento Sumar, Iniciativa del Pueblo Andaluz, Verde Equo, Alternativa Republicana y Alianza Verde. Un proyecto de confluencia amplia cuya candidatura encabeza Antonio Maíllo, coordinador federal de IU. La coalición aspira a entre 5 y 7 escaños y ha hecho del feminismo, la ecología política y la crítica a la privatización de los servicios públicos los ejes centrales de su discurso.
Adelante Andalucía presenta como candidato al portavoz parlamentario José Ignacio García, que asume el liderazgo del espacio que protagonizó Teresa Rodríguez. Con dos diputados en la actual legislatura, la coalición combina un andalucismo de izquierdas con posiciones más críticas con la gestión del gobierno central. Las encuestas le atribuyen entre 3 y 5 escaños.
El espejo de 1994: cuando la izquierda andaluza fue determinante
Para entender la magnitud del retroceso que supone la situación actual, conviene volver la vista treinta y dos años atrás. En las elecciones al Parlamento de Andalucía del 12 de junio de 1994, Izquierda Unida obtuvo 20 escaños y el 19% del voto, su mejor resultado histórico en la comunidad. Luis Carlos Rejón lideró entonces una IU que capitalizó el descrédito del PSOE felipista —sacudido por los escándalos del GAL, los fondos reservados y la corrupción sistémica— y se convirtió en la llave del gobierno andaluz: sin sus once votos de investidura, Manuel Chaves no habría podido ser investido presidente de la Junta.
Aquel resultado fue la expresión de una izquierda unida, con liderazgo reconocible, con capacidad de movilizar a su electorado propio y con un discurso de ruptura creíble ante el agotamiento del modelo socialista dominante. Tres décadas después, el espacio que heredó ese legado se presenta dividido en dos candidaturas, ninguna de las cuales puede aspirar razonablemente a los 20 escaños que IU obtuvo en solitario en 1994. La suma de Por Andalucía y Adelante Andalucía en las encuestas actuales no llega a ese umbral.
«En 1994, IU obtuvo 20 escaños con el 19% del voto. En 2026, la suma de Por Andalucía y Adelante Andalucía en las encuestas ronda ese porcentaje, pero dividida en dos papeletas obtendrá la mitad de la representación.» (Elaboración propia a partir de datos históricos de historiaelectoral.com y encuestas CIS / CENTRA 2026)
El PP de Moreno y el modelo de hegemonía conservadora ‘amable’
El éxito de Juanma Moreno no es accidental ni se explica solo por la debilidad de sus adversarios. El PP andaluz ha construido deliberadamente una imagen de moderación y gestión técnica que le diferencia del perfil más agresivo del PP madrileño. Moreno conoce las raíces históricas de la izquierda andaluza y sabe que una parte relevante de su electorado está formada por ex votantes del PSOE que le dieron el voto por miedo a VOX o por hartazgo de los socialistas, no por convicción ideológica propia.
Eso le obliga a mantener una distancia calculada de VOX en el discurso público —aunque dependa de sus escaños para gobernar si no logra la mayoría absoluta— y a presentar una agenda de gestión sin grandes guerras culturales ni provocaciones sistemáticas sobre memoria democrática. Detrás de esa imagen, la dirección política es nítidamente conservadora: privatización creciente de la sanidad y la educación andaluzas, parálisis en políticas de vivienda y una estructura de poder que beneficia sistemáticamente a los sectores del agronegocio almeriense, el turismo de masa malagueño y el rentismo costero.
Detrás de esa imagen, no obstante, la dirección política es nítidamente conservadora: privatización creciente de la sanidad y la educación andaluzas, parálisis en políticas de vivienda, gestión clientelar de los recursos autonómicos y una estructura de poder que beneficia sistemáticamente a los sectores del agronegocio de Almería y Huelva, del turismo de masa malagueño y del rentismo costero que configuran la nueva base social de la derecha en la comunidad.
La abstención: el factor que la izquierda no puede ignorar
Las pasadas elecciones andaluzas de 2022 registraron una abstención récord del 44% del censo. Casi la mitad del electorado potencial no participó. Y todo apunta a que ese fenómeno afecta de manera desproporcionada al electorado de izquierda, que percibe estas elecciones como una pugna en la que ninguna de las opciones disponibles le genera suficiente entusiasmo para movilizarse.
La izquierda reformista, apunta el análisis de la OCR, es incapaz de galvanizar a su favor el amplio malestar existente. Los fracasos en materia de vivienda, la crisis del transporte ferroviario andaluz —visible en tragedias como el accidente de Adamuz (Córdoba)— y la incapacidad de Por Andalucía para tomar distancia real de la política del gobierno central son malas cartas de presentación. Adelante Andalucía, por su parte, tampoco ha logrado articular una propuesta de ruptura radical que ilusione más allá de un andalucismo que no siempre conecta con las urgencias materiales cotidianas.
La clase trabajadora andaluza, sociológicamente mayoritaria con respecto a todas las capas que componen la nueva base social de la derecha, está desmovilizada. Esa desmovilización no es un accidente: es el producto de años de frustración acumulada con las promesas incumplidas de las distintas izquierdas electorales. Recuperar esa confianza no se hace solo con papeletas el día de las elecciones.
¿Qué escenarios se abren después del 17M?
Si las encuestas se cumplen y el PP obtiene mayoría absoluta, Andalucía entra en otros cuatro años de hegemonía conservadora sin posibilidad parlamentaria real de frenarlo. VOX quedará irrelevante en la cámara pero no desaparecerá: seguirá siendo el horizonte de radicalización al que puede tender el bloque conservador si la política central se endurece.
Si el PP se queda por debajo de los 55 escaños, el pacto con VOX es probable: el precio que pedirá la extrema derecha incluirá concesiones en políticas sociales, en memoria democrática y en gestión migratoria con consecuencias directas sobre los derechos de las personas más vulnerables en la comunidad.
Para la izquierda alternativa, el escenario más probable —entre 8 y 12 escaños en total repartidos entre Por Andalucía y Adelante Andalucía— es insuficiente para ejercer de contrapeso efectivo, pero sí puede ser suficiente para mantener presencia y acumular credibilidad de cara a un ciclo político más largo. La cuestión es si esa izquierda estará en condiciones de aprender de la derrota o si reproducirá los mismos errores de fragmentación.
Votar es necesario, pero no es suficiente
En esto la OCR tiene razón cuando titula su análisis con la frase ‘para echar a la derecha, votar no basta’. Las elecciones importan: cada escaño es un recurso parlamentario, una tribuna, una posibilidad de enmienda o de bloqueo parcial. Quien le diga a la clase trabajadora andaluza que votar es inútil le está haciendo un favor a Moreno Bonilla. Pero quien le diga que votar es suficiente le está mintiendo.
La política electoral no resuelve lo que solo resuelve la organización social: los sindicatos en los centros de trabajo, los movimientos de inquilinas y inquilinos en los barrios, las plataformas de defensa de la sanidad pública, los colectivos de derechos migrantes en las zonas del agronegocio almeriense. La izquierda que solo existe en campaña electoral y desaparece el resto del año es la izquierda que pierde. La derecha no gana solo en las urnas: gana en los años entre elecciones, cuando ocupa el terreno que la izquierda deja vacío.
El 17 de mayo hay que votar. Y el 18 de mayo hay que organizarse.
La alternativa necesaria
Para la izquierda, la lucha contra Vox y la derecha avanzada solo adquiere sentido cuando se articula desde la clase obrera, no como defensa del statu quo institucional, sino como ataque directo a los mecanismos que sostienen la superexplotación de los trabajadores y la pauperización de los sectores más débiles.
En Andalucía, eso implica enfrentarse a un modelo agrario que se basa en la explotación de cientos de miles de temporeros sin derechos políticos, a la privacidad de la sanidad y a la mercantilización de los servicios públicos, sin quedarse en la mera denuncia simbólica. El campo de la derecha se extiende porque la izquierda reformista no ha sido capaz de presentar una imagen de poder alternativo, sino solo de administrar el descontento, vaciando la política de cualquier contenido de ruptura.
Ese proyecto debe articularse dialécticamente entre la crítica implacable a la izquierda reformista y la construcción de una alternativa real en el seno de la clase trabajadora, sin huir de la disputa electoral pero sin convertirla en el eje de la vida política. No se puede seguir jugando un papel de apéndice de la izquierda oficial, el PSOE.
REFERENCIAS

