El texto de Mark Fisher publicado en su blog k-punk tras la derrota laborista de 2015 y que ahora vuelve a salir a la palestra, tras la reciente debacle en Reino Unido de las candidaturas municipales del partido laborista, circula ampliamente en medios y redes de la izquierda europea como diagnóstico clarividente. Su influencia se ha mantenido, especialmente entre quienes trabajan en la intersección de la teoría cultural y la política. Merece, por eso mismo, una lectura que no se conforme con el aplauso.
El argumento central que ya planteaba Fisher en su libro “El realismo capitalista” (2009) designa la condición por la cual el horizonte capitalista aparece como la única realidad posible, no por convicción ideológica activa, sino por naturalización ambiental. La derrota laboral de 2015 y la del domingo pasado en las municipales, en esta lectura, no serían un accidente de campaña, sino el síntoma de la incapacidad de la izquierda para articular un horizonte alternativo creíble ante un electorado anestesiado.
Aspectos interesantes
Hay observaciones que resisten el tiempo. Fisher tiene razón al señalar que el voto conservador no proviene necesariamente de una identificación positiva con el neoliberalismo, sino de la aceptación pasiva de sus premisas como sentido común. La hegemonía, en términos gramscianos, opera exactamente así. No necesita entusiastas, le bastan los resignados. El análisis del abandono laborista de su base obrera —que en Escocia derivó hacia el SNP con perfil progresista y en Inglaterra hacia UKIP con perfil reaccionario— resulta adecuado y relevante para entender dinámicas similares en España.
También la distinción que hace entre pertenencia roja y pertenencia azul: la diferencia entre una política que construye solidaridad a partir de lo que falta (redistribución, cuidados, futuro común) y una política que construye identidad a partir de lo que se defiende (territorio, costumbre, exclusión). Esta oposición, aunque algo esquemática, explica mejor por qué la apelación identitaria de cierta derecha populista resulta más movilizadora afectivamente que otros programas técnicamente superiores de la izquierda.
«El realismo capitalista no se trata de la gente identificándose positivamente con el neoliberalismo; se trata de la naturalización y, por lo tanto, la despolitización de la visión neoliberal del mundo.»— Mark Fisher, «Abandona la esperanza» (2015)
El problema estructural del argumento
Pero aquí comienza el problema. Fisher diagnostica el efecto —la parálisis política de masas— sin ofrecer un análisis adecuado de sus causas materiales. El realismo capitalista es presentado como una condición casi atmosférica, una niebla que envuelve la subjetividad colectiva. ¿Cómo se produce esa niebla? ¿Qué intereses concretos la generan y la sostienen? ¿A través de qué mecanismos institucionales, económicos y mediáticos opera? Fisher se limita a la descripción cultural y llega a su conclusión política sin pasar por el análisis de las relaciones de producción que dan base material a la hegemonía ideológica que describe.
Este es un déficit que atraviesa gran parte de su obra. Su formación y sus intereses lo sitúan en la tradición de los Estudios Culturales británicos —Williams, Hall, Jameson—, una tradición que tiende a privilegiar la superestructura sobre la base, el afecto sobre la estructura de clase, el sentir colectivo sobre las condiciones objetivas de explotación. El resultado es un análisis que parece más cercano a la fenomenología del malestar que a su explicación causal. Más a la “Filosofía de la miseria” que a la “Miseria de la filosofía” que debemos a nuestro insigne Marx.
Punto de fricción central
Fisher toma de Spinoza la distinción entre esperanza (afecto pasivo, unido al miedo) y confianza (alegría activa, base de la acción). La conclusión que extrae es que necesitamos confianza, no esperanza. Pero la confianza política no es un estado mental que se decida adoptar, es una consecuencia de condiciones objetivas favorables —organización, recursos, experiencia acumulada de victorias parciales, instituciones que amplifican el poder colectivo—. Llamar a la confianza sin analizar cómo se construyen esas condiciones es reproducir, en lenguaje filosófico más sofisticado, el mismo voluntarismo que Fisher reprocha a otros.
Dicho de otra manera: la diferencia entre el pesimismo del intelecto y el optimismo de la voluntad, que señalaba Gramsci, no se resuelve apelando a Spinoza. Se resuelve —o no se resuelve— en el terreno de la organización política concreta.
La nostalgia como trampa metodológica
Fisher lamenta, con razón, la destrucción del espacio convivencial —bares, mercados, instituciones de clase— que el capital ha colonizado con imperativo comercial. Pero la recuperación de esos espacios no puede realizarse volviendo a las formas organizativas que los produjeron, porque esas formas dependían de condiciones económicas —pleno empleo industrial, barriadas obreras densas, sindicatos de rama— que el propio capitalismo ha desmantelado. El diagnóstico de Fisher apunta hacia atrás en busca de lo que se perdió, cuando el problema es construir formas nuevas de socialidad y de solidaridad en condiciones bastante distintas.
Esta tensión se hace visible cuando Fisher evoca a Jodi Dean y su descripción del Partido Comunista estadounidense como fuente de sentido y pertenencia para trabajadores inmigrantes. El PC americano de los años treinta operaba en condiciones de alta densidad organizativa obrera, con sindicatos de masas (CIO), prensa propia y redes de sociabilidad alternativa. Invocar ese modelo sin analizar qué habría que construir hoy para recrear condiciones equivalentes es nostalgia y entrar en un callejón sin salida.
| Dimensión | Lo que Fisher describe | Lo que Fisher omite |
| Ideológica | Naturalización del neoliberalismo como sentido común | Mecanismos concretos de producción y reproducción ideológica (propiedad mediática, sistema educativo, financiarización) |
| Subjetiva | Agotamiento, anestesia política, automedicación del malestar | Condiciones laborales (precariedad, jornadas, pluriempleo) que producen ese agotamiento |
| Organizativa | Pérdida de espacios convivenciales y de pertenencia colectiva | Qué formas organizativas son viables hoy y cómo construirlas materialmente |
| Electoral | Labour abandonó su base obrera; UKIP canalizó ese resentimiento | Por qué el SPD, el PS francés o IU siguieron trayectorias similares (lógica sistémica vs. error de liderazgo) |
| Prospectiva | Necesidad de «confianza» y «pertenencia roja» | Condiciones materiales y organizativas para producir esa confianza |
El culturalismo como límite político
La propuesta más concreta que Fisher ofrece es la de la «Abundancia Roja»: la riqueza entendida como capacidad colectiva para producir, cuidar y disfrutar, bloqueada sistemáticamente por el capital. El,problema es que esto se queda en el plano de la declaración de principios. ¿Quién la articula políticamente? ¿A través de qué instituciones? ¿Con qué programa de transición entre la situación presente y ese horizonte? Nada se dice, seguramente, porque la tradición intelectual en la que Fisher se mueve —los Estudios Culturales, la teoría del afecto, el posestructuralismo continental— carece de los instrumentos analíticos para responder tales cuestiones. Unas cuestiones que remiten a la economía política, a la teoría del Estado y a la organización colectiva, en los que Fisher procura no entrar.
Precisamente, esta separación entre teoría cultural y economía política es la misma que viene produciendo, desde hace décadas, grandes teorías sobre el malestar y las lacras de la sociedad actual, pero evitando plantear salidas, alternativas, programas concretos de transformación estructural. Fisher es quizás uno de los principales exponentes de esta tendencia que, en realidad, impide más que ayuda al cambio social.
Lo que esto significa para hoy
Leer a Fisher en 2026, desde España, exige un ejercicio de traducción crítica. El realismo capitalista como categoría descriptiva es útil para entender, por ejemplo, por qué amplios sectores populares aceptan, en última instancia, los recortes en sanidad o en vivienda sin vincularlos causalmente a decisiones políticas concretas (incluso atribuyéndoles causas racistas ó xenófobas). Pero para pasar del diagnóstico a la acción, esa categoría necesita ser articulada con análisis concreto: quién toma qué decisión, en qué marco institucional, con qué consecuencias distributivas y para qué intereses.
El problema de los planteamientos de Fisher, y con él de muchos teóricos “marxistas” y de “izquierdas” es que describen con lucidez las realidades existentes, pero, en todo caso, ofrecen como salida conceptos —confianza, pertenencia roja, abundancia— que, sin anclaje en condiciones organizativas y materiales concretas, funcionan más como consuelo intelectual que como orientación para la acción.
Fisher, en definitiva, al tratar el realismo capitalista como condición cultural en lugar de como resultado de relaciones de producción concretas, renuncia a la explicación causal que haría posible una política de transformación. El diagnóstico es necesario, pero insuficiente. Porque la pregunta que sigue pendiente es: ¿cómo se construyen las condiciones materiales y organizativas para romper el bloqueo? Una cuestión que este autor ni siquiera llega a plantearse.
REFERENCIAS
- Fisher, M. (2015). «Abandona la esperanza (el verano viene)». Blog k-punk. k-punk.abstractdynamics.org
- Fisher, M. (2009). Capitalist Realism: Is There No Alternative? Zero Books. johnhuntpublishing.com
- Gramsci, A. (1929–1935). Cuadernos de la cárcel. Edición crítica del Instituto Gramsci. marxists.org
- Hall, S. (1983). «The Problem of Ideology: Marxism without Guarantees». En Marx: 100 Years On. Lawrence & Wishart.
- Dean, J. (2012). The Communist Horizon. Verso Books. versobooks.com
- Smail, D. (2005). Power, Interest and Psychology. PCCS Books.
- Spinoza, B. (1677). Ética demostrada según el orden geométrico. Parte III, proposiciones sobre los afectos.
