Asamblea Ciudadana creó esta petición para todas las personas interesadas
LA VIVIENDA ANTES QUE LAS SIGLAS
Cuando una emergencia social alcanza dimensiones históricas, las organizaciones que comparten el diagnóstico y las soluciones tienen el deber de anteponer el interés general a sus intereses particulares. Hoy esa emergencia tiene un nombre: el derecho a la vivienda.
Las diferencias entre las distintas tradiciones políticas y sociales de las izquierdas transformadoras -progresistas, ecologistas, municipalistas, soberanistas, anarquistas, anticapitalistas, nacionalistas, universalistas y otras muchas sensibilidades son completamente legítimas y forman parte de la riqueza democrática de nuestra sociedad. Pero ninguna de ellas puede ser hoy más importante que garantizar el derecho efectivo a una vivienda digna, cuando nos estamos jugando la cohesión social, la emancipación de nuestros jóvenes y el futuro de varias generaciones en Canarias y en el conjunto de España.
Por ello proponemos la creación de una candidatura unitaria de carácter excepcional para concurrir a las próximas elecciones con un compromiso prioritario: conquistar una mayoría parlamentaria suficiente para aprobar las reformas estructurales que hagan efectivo el derecho a la vivienda.
No proponemos la desaparición de ninguna organización, ni la renuncia a su identidad, ni la creación de un nuevo partido. Proponemos una herramienta electoral temporal, construida desde el respeto mutuo, para lograr juntos aquello que, por separado, resulta hoy inalcanzable.
Esta propuesta nace de una constatación difícil de discutir.
La primera es que nuestro sistema electoral penaliza severamente la fragmentación. Las reformas que exige la emergencia habitacional -muchas de ellas basadas en una mayor intervención pública para corregir los desequilibrios del mercado- solo podrán salir adelante si existe una mayoría parlamentaria suficiente. Seguir concurriendo por separado cuando se comparte buena parte del diagnóstico y de las soluciones supone, en la práctica, facilitar que nunca lleguen a aplicarse.
La segunda es que las principales fuerzas que han gobernado España y la mayoría de las comunidades autónomas durante las últimas décadas tampoco han demostrado la voluntad política necesaria para afrontar el problema. Ni los gobiernos encabezados por el PSOE han impulsado las reformas estructurales que la situación demanda, ni una eventual alternancia hacia gobiernos del PP y Vox hace prever un cambio de rumbo. Tampoco las distintas expresiones del conservadurismo territorial han planteado respuestas capaces de revertir una crisis que no deja de agravarse.
A estas alturas, el diagnóstico ya no admite demasiadas discusiones. La vivienda se ha convertido en uno de los principales factores de desigualdad, exclusión y empobrecimiento de nuestra sociedad. También conocemos las principales reformas que serían necesarias para revertir esta situación: ampliar de forma masiva el parque público de vivienda, combatir la especulación, movilizar la vivienda vacía, regular aquellos mercados que hayan dejado de cumplir su función social, limitar los efectos expulsivos del alquiler turístico allí donde sea necesario, reforzar la seguridad jurídica de propietarios e inquilinos, impulsar modelos cooperativos de acceso a la vivienda y situar definitivamente el interés general por encima de la rentabilidad especulativa.
Lo que falta ya no son diagnósticos. Lo que falta es una mayoría política capaz de hacerlo posible.
Y esa mayoría no existirá mientras quienes defienden esas reformas sigan compareciendo ante la ciudadanía divididos en múltiples candidaturas que compiten entre sí por un mismo espacio electoral.
Ninguna organización dispone hoy, por sí sola, de la fuerza suficiente para impulsar los cambios que la emergencia habitacional exige. Lo que proponemos no es una suma de siglas, sino una cesión temporal de protagonismos en favor de un objetivo superior: garantizar el derecho efectivo a la vivienda.
Por ello planteamos la elaboración de un programa de mínimos, limitado exclusivamente a las reformas imprescindibles en materia de vivienda y suelo, permitiendo que cada organización conserve plenamente su personalidad política y continúe defendiendo sus posiciones en el resto de materias. Esas otras cuestiones deberán debatirse posteriormente mediante los mecanismos democráticos que la propia coalición establezca, buscando siempre el máximo consenso y respetando la pluralidad de las organizaciones que la integren.
Porque la ciudadanía no necesita más fragmentación. Necesita soluciones.
Porque sin vivienda digna no hay igualdad de oportunidades.
No hay emancipación.
No hay familias que puedan desarrollar un proyecto de vida.
No hay relevo generacional.
No hay cohesión social.
No hay futuro, ni pueblo, ni vida digna.
Este manifiesto queda abierto a la adhesión de todas las personas, colectivos, organizaciones sociales, sindicatos, plataformas ciudadanas y fuerzas políticas que compartan estos principios.
Una vez obtenido un respaldo ciudadano suficiente, sus promotores impulsarán la apertura de una mesa de diálogo para explorar la constitución de esta candidatura unitaria excepcional. Porque la historia no recordará a quiénes encabezaban cada candidatura, recordará a quiénes fueron capaces de dejar las siglas en un segundo plano cuando el derecho a la vivienda más lo necesitaba.
Por una vez, la vivienda debe estar antes que las siglas.
