La Lista de Estudiantes abre una nueva etapa política en Serbia.

Foto de archivo de la celebración de la victoria

La Lista de Estudiantes ha ganado las elecciones legislativas anticipadas de Serbia con una mayoría absoluta, poniendo fin a más de una década de dominio político de Aleksandar Vučić y su Partido Progresista Serbio (SNS). Según señala la prensa regional, este resultado convierte una protesta nacida de una tragedia ferroviaria en uno de los cambios de poder más relevantes de los Balcanes en los últimos años.

Una victoria que nació en Novi Sad

El detonante fue el derrumbe, el 1 de noviembre de 2024, de la marquesina de la recién reformada estación de tren de Novi Sad, la segunda ciudad de Serbia. Murieron 16 personas y la catástrofe se convirtió rápidamente en símbolo de negligencia, opacidad y corrupción en la gestión pública.

Las protestas comenzaron como demandas estudiantiles de transparencia y responsabilidades judiciales, pero se extendieron a agricultores, actores, jueces, profesionales y sectores amplios de la sociedad. El lema “la corrupción mata” condensó la indignación ciudadana y las movilizaciones alcanzaron una escala inédita desde la caída de Slobodan Milošević en 2000.

Durante casi dos años, los estudiantes bloquearon universidades, organizaron marchas y recorrieron el país para construir una red de apoyo local. Su fuerza no residía en una estructura partidaria tradicional, sino en asambleas estudiantiles, una organización descentralizada y una capacidad creciente para traducir la protesta en presión política.

Los resultados de mayoría absoluta para los estudiantes

Según los datos de la Comisión Electoral serbia recogidos por Balkan Insight, la Lista de Estudiantes obtuvo el 52,65% de los votos, frente al 39,2% de “Serbia Unida”, la lista encabezada por Vučić. La participación alcanzó el 68,8%, una cifra extraordinariamente alta para el país.

La proyección de los observadores independientes CeSID e Ipsos sitúa a la Lista de Estudiantes en torno a 140 escaños, por encima de los 126 necesarios para gobernar en solitario. Vučić reconoció la derrota y estimó que su formación obtendría unos 105 escaños, mientras que los recuentos posteriores situaron al bloque oficialista entre 97 y 103 diputados.

La participación fue decisiva, Rondó el 70%, la más alta desde la desintegración de Yugoslavia en 1992. Ese nivel de movilización sugiere que la victoria estudiantil no fue solo un rechazo a Vučić, sino una demanda activa de cambio institucional.

Quién es la Lista de Estudiantes

La Lista de Estudiantes no es un partido convencional ni una formación liderada por políticos profesionales. Presentó candidatos para los 250 escaños del Parlamento, pero entre ellos no había estudiantes; sí figuraban médicos, académicos, actores, deportistas, activistas y profesores reconocidos.

Su composición ideológica es deliberadamente heterogénea: conviven progresistas y conservadores, sectores proeuropeos y otras corrientes más cercanas a Rusia, además de perfiles de izquierda y derecha. El elemento aglutinador no es un programa geopolítico común, sino la exigencia de restaurar el Estado de derecho, combatir la corrupción y recuperar la independencia institucional.

Esta amplitud explica buena parte de su éxito electoral. Frente a una oposición tradicional fragmentada, la Lista de Estudiantes canalizó un voto transversal contra el sistema de poder de Vučić sin quedar atrapada en las divisiones habituales de la política serbia.

Qué propone este movimiento

El movimiento articuló su candidatura en torno a un programa de once puntos. Entre sus prioridades están:

  • – Crear una unidad policial especializada para perseguir y detener a los responsables de corrupción.
  • – Depurar el Ministerio del Interior de funcionarios vinculados a represiones contra manifestantes o al crimen organizado.
  • – Reformar el sistema mediático y liberar a la radiotelevisión pública del control político.
  • – Impedir que cargos afines al partido gobiernen empresas públicas.
  • – Exigir responsabilidades por la tragedia de Novi Sad y garantizar transparencia en las obras públicas.

El fin de la era Vučić

Aleksandar Vučić gobernó Serbia durante más de 14 años, primero como primer ministro y después como presidente, consolidando un sistema de poder caracterizado por sus críticos como autoritario, clientelar y hostil a la independencia judicial y mediática. Su partido, el SNS, había acumulado victorias electorales contundentes durante más de una década.

En septiembre de 2026, Vučić disolvió el Parlamento y convocó elecciones anticipadas, una de las principales reivindicaciones del movimiento estudiantil. Después renunció a la presidencia para presentarse como candidato a primer ministro, convencido de que podía revalidar su dominio político en las urnas.

El resultado invirtió ese cálculo. La derrota no solo desaloja al SNS del Gobierno: también representa un cuestionamiento del modelo político construido alrededor de Vučić, basado en el control institucional, los medios afines y una red amplia de poder partidario.

El reto ahora es gobernar

La victoria electoral es solo el primer paso. La Lista de Estudiantes deberá transformar una coalición social amplia y sin liderazgo unificado en un Gobierno capaz de tomar decisiones, negociar con instituciones heredadas del anterior régimen y responder a expectativas muy altas.

Uno de los nombres que más suena para liderar el nuevo Ejecutivo es Dejan Šoškić, exgobernador del Banco Nacional de Serbia y profesor de Economía. Aun así, la composición definitiva del Gobierno sigue abierta y dependerá de las alianzas internas dentro de la propia lista.

Además, antes de que termine 2026 Serbia deberá celebrar elecciones presidenciales. Tras la derrota parlamentaria, varios analistas consideran probable que la Lista de Estudiantes también se imponga en esa consulta, lo que completaría el desmantelamiento del sistema de poder de Vučić.

¿Una lección para la política europea?

El caso serbio demuestra que un movimiento social puede convertirse en fuerza electoral cuando logra traducir una indignación concreta —en este caso, una tragedia evitable— en una agenda política amplia. No lo hizo mediante un líder carismático, sino mediante organización colectiva, persistencia y una demanda transversal de justicia.

También expone los límites del control político prolongado. Cuando la corrupción, la falta de rendición de cuentas y el deterioro institucional se perciben como amenazas directas a la vida cotidiana, la obediencia política puede romperse con rapidez.

La pregunta que ahora enfrenta Serbia y resulta clave es si el movimiento estudiantil que ha podido ganar las elecciones también podrá gobernar sin reproducir las prácticas que combatió.

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