Desdibujamiento político del PCE y alternativas.

Composición de foto de archivo Congreso del PCE y artículo publicado.

Recientemente, Diario de Jaén ha publicado una entrevista interesante a Roberto Ruiz, candidato de la corriente crítica “Hay partido” a la Secretaría General del PCE que se dirimirá en el próximo XXII Congreso. Al hablar de desdibujamiento del PCE,  R.Ruiz asume, al menos implícitamente, que la reconstrucción del partido exige algo más que cambiar las personas de la actual dirección oficialista. Falta pues especificar más concretamente cómo transformar la práctica política de la militancia, reforzar su vínculo con la clase trabajadora y construir una estrategia coherente de lucha por el socialismo…

—A las puertas de disputar la Secretaría General del PCE, ¿qué le llevó a dar ese paso?

—Me llevó la convicción de que el proyecto que emprendimos hace años y que cristalizó en una candidatura alternativa en el XXI Congreso, en 2022, debía seguir adelante. Se ha ido sumando militancia a esa propuesta y compañeros de distintas comunidades autónomas me plantearon que encabezase la candidatura, y finalmente acepté.

—Empezó a militar en el partido muy joven…

—Comencé a militar en el Partido Comunista de Asturias en 2003. Fui secretario general de la Juventud Comunista de Asturias y llevo cerca de una década en el Comité Central del PCE.

—Habla de un PCE con unas siglas “desdibujadas”. ¿Qué ocurrió para llegar aquí?

—Es el síntoma de algo más preocupante, que se ha desdibujado el perfil del partido. El PCE ha sido un actor político muy importante y todavía puede volver a serlo. Debe tener un programa propio, con lealtad a los acuerdos que alcance dentro de Izquierda Unida y otras fuerzas. Llevamos una década en una especie de juego de matrioskas en el que ni la militancia sabe cómo nos presentamos a las elecciones. Hay demasiada volatilidad y, muchas veces, una gran arbitrariedad. La izquierda necesita parar, levantar la cabeza y mirar más allá de la próxima cita electoral.

—Las coaliciones de los últimos años, ¿afectaron a la identidad política del PCE?

—Sí, pero no por hacer alianzas. El PCE ha tenido algunas de las políticas de alianzas más exitosas de este país, desde el Frente Popular hasta la fundación de Comisiones Obreras o de Izquierda Unida. El problema es que ahora muchas se construyen alrededor de una personalidad mediática y se disuelven cuando esa persona se desgasta.

—El actual secretario general defiende que la presencia de la izquierda alternativa en el Gobierno permitió avances sociales y responsabiliza al PSOE de no ir suficientemente lejos. ¿Comparte ese balance?

—Hay que hacer mucha autocrítica. El problema ha sido convertir el Gobierno con el PSOE en el único horizonte, sin un plan B. Nosotras ya en 2019 defendíamos que no había que entrar en ese Gobierno porque podía venir una época de recesión económica y nos iba a pasar por encima. El problema no es trabajar en las instituciones, sino cómo se concibe el partido ante ese trabajo. Los comunistas en las instituciones debemos priorizar siempre la coherencia frente a la estabilidad.

—Plantean una “reconstrucción” del PCE, ¿qué creen que se perdió exactamente?

—Hay que devolver la militancia, el debate político y la decisión colectiva al centro del funcionamiento. No es aceptable que la primera vez en la historia que un secretario general del PCE entra en el Gobierno el máximo órgano del partido se entere por un medio de comunicación. El partido también tiene que medirse por su arraigo en la vida de la clase trabajadora, no solo por sus escaños o minutos en televisión. No se puede decir en 2023 que la ley de vivienda es una maravilla y que decir que no funciona es puro izquierdismo, para salir estos días a decir que no funcionó.

—A pesar de las disputas internas, ¿es posible cerrar la fractura del PCE después del Congreso de diciembre?

—Estamos obligados a que sea así, gane quien gane. El partido no soporta otro mandato como este. Y estamos obligados todos a hacer autocrítica, pero hay que abordarla con honestidad, la cual no está siendo la protagonista de este debate congresual.

—La vivienda es un tema candente y una de las mayores preocupaciones de los españoles, ¿qué medidas proponen?

—Hay que expropiar la vivienda ociosa, como mínimo la que está en manos de fondos buitre, prohibir la compra de vivienda no residencial y crear un gran parque de vivienda pública en alquiler. También hay que poner coto a la especulación y al rentismo. Las ayudas al alquiler pueden ayudar, pero si no se controlan los precios pueden acabar siendo una transferencia de fondos públicos a bolsillos privados. Si el Estado da una ayuda de 200 euros y el propietario sube el alquiler, el beneficiario final va para el casero.

—Estando en Baños de la Encina, en una provincia en la que el desempleo, la despoblación y la fuga de talento joven en busca de más oportunidades siguen siendo problemas estructurales, ¿qué plantean?

—La España vaciada es consecuencia fundamentalmente de la desindustrialización y de un modelo productivo basado en actividades de bajo valor añadido. No es solo un problema de infraestructuras. Puedes poner una autopista de cuatro carriles y un aeropuerto, pero si no hay trabajo, eso solo sirve para marcharse más rápido. En Andalucía, están algunas de las comarcas con mayor desempleo de Europa. Se han puesto todos los huevos en la cesta del turismo y la poca gente que queda para servirles cañas a los turistas y a los compradores de vivienda extranjeros, eso no es prioridad nacional.

—Y en un contexto internacional marcado por una enorme tensión geopolítica. ¿Qué posición debe mantener España?

—España debe oponerse frontalmente al rearme. No me vale decir que estamos contra la guerra mientras se ponen medios para que continúe. Izquierda Unida nació contra la OTAN y no hay nada que justifique que formemos parte de un Gobierno que acomete el mayor incremento de gasto militar de nuestra historia. Las armas no se construyen para guardarlas en un garaje, sino para usarlas, y formamos parte de una escalada peligrosa.

—De cara al congreso y tras tantos años en el partido, ¿qué conserva de ese Roberto que comenzó a militar tan joven?

—La ilusión de creer que se pueden cambiar las cosas si te organizas con gente que piensa como tú, el placer por compartir el contacto directo con los camaradas, y la determinación de saber que las cosas no pueden seguir así.

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