El presidente brasileño se impone en la segunda vuelta del 25 de octubre, tras remontar la ventaja de su rival en la primera ronda con casi 5 millones de votos más. Estos resultados suponen un varapalo para el eje Trump-Milei pero también reflejan la profunda división política y social del país.
Luiz Inácio Lula da Silva ha ganado la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del 25 de octubre de 2026 y gobernará un cuarto mandato no consecutivo. Con el 99,89% de las secciones contabilizadas en uno de los últimos recuentos publicados, obtenía el 51,77% de los votos válidos frente al 48,23% de Flávio Bolsonaro, senador del Partido Liberal e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Son cifras muy próximas al 51,76% y el 48,24% que difundían los primeros recuentos con el 99% escrutado, y deben distinguirse de los porcentajes definitivos que publicó el TSE al cerrar la totalización. La victoria frena, por ahora, el avance de la derecha aliada de Donald Trump en la mayor economía latinoamericana. Pero su significado y alcance real se medirá en la capacidad de maniobra desde la presidencia y en cómo cambian las condiciones de vida de la mayoría social que la hizo posible.
Remontada frente al bolsonarismo
El resultado invierte el de la primera vuelta del 4 de octubre, en la que Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% frente al 45,16% de Lula, una ventaja de más de dos millones de votos. Que el presidente pasara del 45% a más del 51% en dos semanas ha sido calificado en muchos medios como una remontada sin precedentes.
La campaña de Lula se basó en su trayectoria, en las políticas sociales de sus gobiernos anteriores y en la defensa de los programas públicos destinados a los sectores de menores ingresos. Flávio Bolsonaro articuló la suya en torno a la demanda de un cambio de rumbo, con especial atención a la seguridad, a los impuestos, al precio de los alimentos y al rechazo al PT, asociado a escándalos de corrupción. Pero su candidatura salió cuestionada por la cercanía a su padre ñJair Bolsonaro, condenado por intento de golpe de Estado, y durante la campaña llegó a difundirse un audio suyo pidiendo dinero al banquero Daniel Vorcaro y se supo que era investigado por la financiación de una película sobre su padre.
Dos proyectos enfrentados
La elección volvió a enfrentar dos modelos. El PT defiende la continuidad de las políticas de protección social, las ayudas a las familias con menos recursos y cierta intervención pública en la economía, además de la protección de la Amazonía y una política exterior autónoma frente a las presiones de otras potencias. Flávio Bolsonaro propuso una orientación más conservadora, con rebajas de cargas fiscales y un acercamiento político a Estados Unidos bajo Trump.
En los días previos al balotaje, Lula anunció una enmienda constitucional para reducir la jornada de 44 a 40 horas semanales, transporte público gratuito los fines de semana, subsidios a los combustibles y condonación de deudas a pequeños empresarios, medidas que su rival pronto calificó de inviables.
Cuando la izquierda ofrece una mejora medible del tiempo y del salario, recupera terreno. Cuando se la percibe como administradora de lo existente, lo pierde.
La abstención bajó, pero sigue siendo significativa
La primera vuelta dejó una abstención del 21,08%, unos 33,4 millones de electores sobre un censo de más de 158 millones, la más alta en una primera vuelta desde 1998 y esto en un país donde el voto es obligatorio, salvo para los mayores de 70 años. Lula situó a esos ausentes en el centro de su estrategia para el balotaje.
En la segunda vuelta la participación subió. Con el 93,15% de las secciones totalizadas, la abstención se situaba en torno al 19,06%, unos 28 millones de personas. Una caída de más de dos puntos entre rondas que es poco habitual, pues en 2022 la abstención solo pasó del 20,95% al 20,59%. Por eso es razonable pensar que esa movilización ayuda a explicar la remontada, aunque ningún dato publicado permite cuantificar cuánto. Los institutos señalaban además el menor comparecimiento de la población de baja renta como uno de los grandes desafíos del presidente, de modo que quienes más pierden con la abstención son quienes más necesitan un gobierno que los represente.
Una victoria con importantes obstáculos parlamentarios
Por otra parte, hay que observar que la derrota de Flávio es presidencial, no parlamentaria. En la Cámara de Diputados, el Partido Liberal obtuvo 121 de los 513 escaños, 24 más que en 2022, frente a los 82 de la federación que forman el PT, el PCdoB y el PV. En el Senado, el PL pasa de 15 a 28 de los 81 escaños, algo más de un tercio, y algunos medios advierten de que ese peso podría utilizarse para impulsar una amnistía a Jair Bolsonaro.] El bolsonarismo fue además la fuerza que más gobernaciones ganó en primera vuelta.
Pero con 121 diputados el PL no puede avanzar por sí solo, y ahí está la clave de lo que viene. Lula tendrá que negociar con el llamado Centrão, el bloque de centro y centroderecha que decide las mayorías, y varios analistas anticipan una parálisis constante para su cuarto mandato, pues la derecha y el centroderecha suman cerca de 250 de los 513 diputados. Esto conlleva que las promesas electorales que ganaron la segunda vuelta deberán habrán de abrirse paso en un Parlamento donde las fuerzas conservadoras tienen un peso considerable, lo que obligará al Ejecutivo a pactar con partidos que no comparten su programa.
Brasil y el escenario internacional
Flávio Bolsonaro es aliado declarado de Trump, y Javier Milei viajó en julio a São Paulo para apoyar su candidatura e insultar a Lula. Con la victoria del presidente, Brasil conserva una política exterior que busca ampliar relaciones con diversos socios, incluidos los países de los BRICS, mantiene distancia respecto de Washington y evita sumarse al giro conservador alineado con Trump en parte de la región. La relación con Estados Unidos, las tensiones comerciales y las negociaciones climáticas sobre la Amazonía serán asuntos centrales del nuevo periodo.
La cuestión decisiva sigue siendo las condiciones de vida de la mayoría social
El resultado demuestra que una mayoría de los votos válidos optó por la continuidad de Lula, pero la estrechez de la diferencia y la fuerza de la oposición evidencian una fractura política y social que persiste. Esta victoria no elimina por sí misma la desigualdad, la precariedad laboral ni las dificultades de acceso a la vivienda y a los servicios públicos. Para las clases trabajadoras brasileñas, la cuestión central será comprobar si el Gobierno traduce sus compromisos en mejoras materiales, como la reducción de la pobreza, el aumento de los salarios, la estabilidad en el empleo, la sanidad y la educación públicas o una fiscalidad más justa.
Desde esta perspectiva, habrá que observar además hasta qué punto las políticas del nuevo Gobierno tocan la concentración de la riqueza y el poder de los grandes grupos económicos, o se limitan a administrarlos. La victoria otorga a Lula un nuevo mandato, pero no un cheque en blanco.
La capacidad de los sindicatos, los movimientos populares y las asociaciones sociales para defender sus reivindicaciones seguirá siendo decisiva con independencia de quién ocupe el Palacio del Planalto.
Conclusiones
Una enseñanza que podemos sacar de estas presidenciales es que ganar una elección no es lo mismo que ganar poder, y que sin una base social organizada en sindicatos, barrios y movimientos, cualquier gobierno queda rehén del Congreso y de los mercados. Eso vale para Brasil y vale para nosotros. En el Estado español, la huelga general del 11 de noviembre y las elecciones generales del 29 de noviembre son el momento de exigir que la reducción de jornada, el salario y la vivienda no se queden en promesas de campaña, y de hacerlo desde los centros de trabajo y desde los sindicatos, no solo desde las urnas.
La abstención brasileña recuerda además que una parte enorme de la clase trabajadora está fuera del radar de los partidos, y que llegar a ella exige presencia cotidiana y no solo campañas. En definitiva, la cuestión de fondo que plantea (vuelve) el. otro en estas presidenciales es si la izquierda puede lograr construir, fuera de las instituciones, la fuerza que luego le permita gobernar de verdad.
- France 24. Lula da la vuelta a los resultados y gana el balotaje a la presidencia de Brasil
- Infobae. Elecciones Brasil 2026, resultados del balotaje en vivo
- Perfil. Lula quedó en un frustrante e inesperado segundo puesto en la primera vuelta
- Congresso em Foco. Onde estão os 49 milhões de eleitores que não votaram em Lula e Flávio
- Reuters. Flávio Bolsonaro y Lula están prácticamente empatados de cara al balotaje
- Cooperativa. Lula ganó el balotaje en Brasil tras una remontada inédita ante Flávio Bolsonaro
- Diario de Cuba. Brasileños dan varapalo al plan continuista de Lula y Bolsonaro es el favorito del balotaje
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- Semanario Universidad. Brasil irá a balotaje, con Flávio Bolsonaro delante de Lula por sorpresa
- France 24. Rebaja de la jornada laboral y transporte gratuito, Lula apunta a la economía en vísperas del balotaje
- Correio da Manhã. Abstenção bate recorde e deixa 33,4 milhões de eleitores fora das urnas no primeiro turno
- O Povo. Primeiro turno teve maior abstenção eleitoral em 28 anos
- Correio da Manhã. Lula muda estratégia e mira 33 milhões de ausentes
- DGABC. Quaest, entre ausentes, brancos e nulos no 1º turno, 40% votam em Lula e 36% em Flávio
- SBT News. Abstenção cai no 2º turno e repete feito histórico de 2022
- Eu Quero Investir. Eleições 2026, abstenção como risco para Lula
- AP News. Brasil, científicos advierten de que el resultado podría definir el futuro de la Amazonía
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- El Economista (Argentina). Así quedó conformado el Congreso de Brasil
- Telemundo 51. Lula y Flávio Bolsonaro disputarán la presidencia de Brasil en segunda vuelta
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