Seis organizaciones palestinas —nacionales e islámicas— publicaron el pasado 28 de junio un llamamiento “histórico” que plantea una hoja de ruta política común frente a la guerra de exterminio en Gaza. La firma conjunta por seis organizaciones que llevan décadas con posiciones divergentes —y a veces abiertamente enfrentadas—, planteando una intervención estratégica sobre la fractura interna del movimiento nacional palestino en el momento más crítico de su historia reciente, constituye un innegable avance que conviene valorar con detenimiento..
Quiénes firman y cuándo
Las organizaciones que suscriben el comunicado son el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), el Movimiento de la Yihad Islámica Palestina, el Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP), la Iniciativa Nacional Palestina y el Frente Popular para la Liberación de Palestina – Comando General. De este modo, junto a las organizaciones islamistas aparecen juntas fuerzas de izquierda laica con tradición marxista, como el FPLP y el FDLP, que llevan años reclamando una plataforma unitaria sin haberla podido consolidar.
| ORGANIZACIÓN | ORIENTACIÓN / NOTA |
| Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) | Islamista. Administra de facto la Franja de Gaza desde 2007. Firmante del Acuerdo de Pekín (jul. 2024). |
| Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) | Marxista-leninista, laico. Fundado por George Habash. Segunda fuerza histórica de la OLP. |
| Movimiento de la Yihad Islámica Palestina | Islamista-nacionalista. Mantiene presencia en Gaza y Cisjordania. |
| Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP) | Marxista, escisión del FPLP (1969). Defiende la vía del diálogo nacional inclusivo. |
| Iniciativa Nacional Palestina | Socialdemócrata, laica. Liderada por Mustafá Barghouti. Prioriza la resistencia no violenta. |
| FPLP – Comando General | Escisión del FPLP (1968), con base en Siria. Cercana a Irán y Siria. |
La fecha tampoco es casual. El llamamiento aparece días después de que fracasara en Gaza una convocatoria de protesta contra el dominio de Hamás impulsada desde el exterior —con las sospechas y la presión que eso generó sobre sus organizadores—, y en medio de una escalada continuada de la agresión israelí que ya supera los 21.000 muertos palestinos.
La tesis central es la fragmentación como vulnerabilidad política
El argumento de fondo del documento es que la fragmentación interna del movimiento nacional palestino constituye una vulnerabilidad política de primer orden que la ocupación israelí explota con sistematicidad. Sin un marco común de toma de decisiones, sin una estrategia nacional unificada y sin instituciones con legitimidad real, cualquier resistencia —armada o política— queda reducida a una suma de posiciones dispersas que el adversario puede golpear por separado.
El llamamiento lo dice con tono más diplomático, pero lo dice implícitamente. Por eso, la convocatoria urgente a una reunión de secretarios generales de todas las fuerzas; la insistencia en que ninguna decisión sobre el futuro institucional palestino puede adoptarse de forma unilateral; o el rechazo explícito a que la reestructuración del sistema político palestino responda a presiones o imposiciones externas. Todo apunta en la misma dirección, a que la unidad, más que un objetivo en sí misma es la condición sin la cual no hay proyecto colectivo que pueda sostenerse.
«Cualquier paso relacionado con la reconstrucción y el desarrollo de las instituciones nacionales […] debe basarse en un consenso nacional amplio y en un diálogo inclusivo.» COMUNICADO DE LAS FUERZAS NACIONALES PALESTINAS, 28 JUN. 2026
La crisis de representación como nudo político
Una de las partes más interesantes del llamamiento es la que aborda la crisis de representación. La pregunta de quién representa realmente al pueblo palestino y con qué mandato lleva años sin tener respuesta satisfactoria. Las últimas elecciones legislativas palestinas se celebraron en 2006; el Consejo Nacional de la OLP no se renueva desde hace décadas y la Autoridad Nacional Palestina gobernada por Fatah ha perdido buena parte de su legitimidad popular, asociada en demasiados ámbitos con la coordinación de seguridad con Israel.
Aunque esto tampoco se menciona de forma explícita, el llamamiento es claro al señalar que ampliar la base de participación en el Consejo Nacional reforzaría la posición de la OLP y renovaría su legitimidad nacional. La OLP sigue siendo, pues, el marco de referencia institucional reconocido. Pero la llamada a incluir en él a fuerzas que actualmente no están representadas —o que lo están de forma testimonial— implica reconocer que la arquitectura institucional actual no refleja ni las fuerzas reales del campo palestino ni la voluntad de una sociedad que lleva más de dos años bajo una guerra de exterminio.
Resalta, igualmente, que las elecciones aparecen en el texto como horizonte, no como mecanismo inmediato. Primero, diálogo; después, estrategia unificada; finalmente, proceso electoral con representación amplia. La secuencia es lógica, porque no se puede convocar a las urnas cuando el territorio está siendo destruido y parte de la población está desplazada por la fuerza. Pero también es verdad que posponer indefinidamente las elecciones ha sido, históricamente, uno de los mecanismos de preservación del poder de quienes ya lo tienen.
El Acuerdo de Pekín como antecedente inmediato
El comunicado cita explícitamente el Acuerdo de Pekín como el marco de referencia más reciente de la reconciliación nacional. Conviene recordar qué fue ese acuerdo y cuáles son sus límites. En julio de 2024, catorce organizaciones palestinas —incluidas Hamás y Fatah— firmaron en Pekín, con mediación china, una declaración para crear un gobierno provisional de reconciliación nacional que pudiera gobernar Gaza tras la guerra. El proceso de negociación había empezado en Moscú en febrero de ese año y se cerró después de tres jornadas de conversaciones intensas en China.
La mediación china tiene un significado geopolítico propio que no cabe ignorar. Pekín no es un actor neutral en Oriente Próximo, pero sí es un actor que se presenta como alternativa a la política de apoyo incondicional a Israel que han mantenido Estados Unidos y, en menor medida, la Unión Europea. El hecho de que catorce organizaciones palestinas eligieran China como sede para su acuerdo más ambicioso en años dice algo sobre el estado del sistema de alianzas internacionales y sobre la percepción, dentro del movimiento palestino, de quiénes pueden ser aliados más fiables.
El problema es que el Acuerdo de Pekín, como todos sus predecesores, quedó sin implementar. Israel lo rechazó de inmediato y la guerra continuó con mayor intensidad. Las conversaciones posteriores sobre un organismo de gestión para Gaza naufragaron con las partes acusándose mutuamente de boicotearlas. El comunicado del 28 de junio retoma ese marco sin ignorar ese historial de fracasos, pero apelando a que la gravedad del momento exige intentarlo de nuevo. Si eso es realismo o voluntarismo depende, en buena medida, de factores que están fuera del control de las propias organizaciones firmantes.
Lo que no plantea el llamamiento
Hay ausencias relevantes entre los firmantes. La principal es Fatah y la Autoridad Nacional Palestina. El texto insta al presidente Abbas a convocar la reunión de secretarios generales, lo interpela directamente, pero Fatah no firma el documento. Esa ausencia no es un detalle menor, porque la OLP, que el comunicado reivindica como marco institucional legítimo, está dominada por Fatah, y sin Fatah cualquier proceso de unidad corre el riesgo de quedar como una coalición de organizaciones que se refuerzan mutuamente en su posición pero no mueven el centro de gravedad institucional.
La segunda ausencia es la de cualquier referencia concreta al alto el fuego. El comunicado habla de resistencia, de estrategia unificada, de derechos inalienables, pero no propone ninguna posición explícita sobre las negociaciones de tregua en curso ni sobre las condiciones en que se podría avanzar hacia un cese de hostilidades. Puede entenderse como prudencia táctica —no comprometer posiciones negociadoras en un documento público— o como reflejo de que las diferencias sobre ese punto entre las organizaciones firmantes siguen siendo lo bastante grandes como para no ponerlas sobre el papel.
La tercera ausencia es la sociedad civil gazatí, que lleva dos años sobreviviendo bajo los bombardeos y el hambre. El comunicado habla de ella como sujeto a proteger, pero no como actor político con voz propia en el proceso. La distancia entre las direcciones políticas en el exilio o en Cisjordania y la población que resiste en Gaza es uno de los problemas más graves del movimiento nacional palestino, pero el texto no lo aborda.
Por qué importa desde aquí
Para la izquierda internacionalista española y valenciana, este llamamiento debería servir como recordatorio de que el apoyo a Palestina no puede quedarse en el plano de la mera condena del genocidio o la exigencia de un alto el fuego, sin articularse con una comprensión de la política palestina real, en toda su complejidad y en todas sus contradicciones, que incluya también una alternativa. Porque la solidaridad abstracta que no se concreta es solidaridad que se desgasta en cuanto aparece la primera tensión interna del movimiento que apoya.
El llamamiento del 28 de junio combina tres elementos que la tradición emancipadora reconoce como propios. A saber, la unidad frente al adversario común, la exigencia de legitimidad democrática para las instituciones que representan a ese pueblo y la defensa de la soberanía frente a cualquier solución impuesta desde fuera, como sucedió inicialmente con el Plan de partición de 1947 o la resolución de la ONU nº 212. Que esos principios los formulen conjuntamente organizaciones marxistas y organizaciones islamistas es, en sí mismo, importante, aunque solo sea porque demuestra que en ciertas condiciones la convergencia táctica es posible sin necesidad de borrar las diferencias programáticas.
Lo que queda por ver es si el llamamiento se traduce en proceso real o se queda en otro documento histórico que se archiva sin consecuencias. La historia de los acuerdos palestinos de unidad es larga y, hasta ahora, poco alentadora. Pero también es verdad que pocas veces el coste del fracaso ha sido tan evidente como ahora mismo.
Qué podemos hacer
La solidaridad internacionalista con Palestina tiene que ir más allá del ciclo de indignación-olvido que marca la agenda mediática. Eso implica exigir concretamente al Gobierno español que suspenda cualquier acuerdo de cooperación en materia de defensa y seguridad con Israel mientras dure la guerra, que reconozca formalmente el Estado de Palestina con consecuencias jurídicas reales y que apoye en los foros internacionales la apertura de un proceso de investigación sobre crímenes de guerra. En el plano europeo, significa presionar a los grupos de izquierda en el Parlamento Europeo para que no se limiten a las declaraciones simbólicas y empujen hacia sanciones concretas.
Y en el plano de la comprensión política: leer el comunicado original, conocer a las organizaciones que lo firman —sus historias, sus diferencias, sus límites— y construir una solidaridad que sea capaz de acompañar la complejidad del movimiento nacional palestino sin simplificarla.
El texto completo del llamamiento está disponible en Kaos en la Red (kaosenlared.net) y en Boltxe (boltxe.eus).
