El Parlamento Europeo aprueba régimen de deportaciones masivas de migrantes.

Protesta trabajadores contra la deportación. Foto de archivo

El 11 de marzo de 2026, el Parlamento Europeo dio luz verde al Reglamento sobre “retornos”, un pilar clave del Pacto de Migración y Asilo que consagra la deportación como norma estructural en la UE. Bajo la fachada de “eficacia administrativa”, este texto amplía la detención, elimina garantías procesales y externaliza las expulsiones a terceros países, arrastrado por una mayoría de derechas que rompe el viejo consenso centrista.

De la “gestión” al Estado policial migratorio.

El texto, avalado por la Comisión LIBE del Parlamento, endurece el marco de expulsiones de la Directiva 2008/115/CE con medidas que normalizan la violencia administrativa contra personas migrantes.

ONG como PICUM, Amnesty o la campaña “Uniti contro il Regolamento UE sulle deportazioni” denuncian que este paquete tiene “rasgos de Estado policial”: discrecionalidad para allanamientos domiciliarios, detención infantil y segregación racializada como política pública.

La nueva mayoría reaccionaria: PPE, ECR y extrema derecha imponen la pauta

El Reglamento sale adelante gracias a una coalición inédita en el Parlamento: PPE (centro-derecha), ECR (conservadores), Patriots for Europe (extrema derecha) y sectores de Renew (liberales), dejando fuera a socialistas y verdes.

Fuentes como Brussels Signal confirman que esta “mayoría de derechas” rompe la gran coalición tradicional (PPE-S&D-Renew), desplazando el eje político hacia posiciones securitarias.

En el Consejo, los gobiernos de la UE —incluido España— acordaron esta posición general el 8 de diciembre de 2025, sin minoría bloqueante que frenara el endurecimiento.

Esta alianza no es coyuntural: refleja el giro reaccionario post-2024, con Trump II en EE.UU. y gobiernos de derecha en Italia, Países Bajos o Hungría marcando la pauta migratoria europea.

Análisis crítico: racismo institucional y fragmentación de la clase trabajadora

Desde una perspectiva marxista, este Reglamento no es un “error técnico” sino la materialización de un racismo estructural al servicio del capital transnacional.

El Pacto convierte la migración en un dispositivo de disciplina laboral: mano de obra desregulada y superexplotada cuando el ciclo económico la demanda; expulsable, internada o externalizada cuando sobra o se organiza. La detención masiva y la persecución biométrica fragmentan la clase trabajadora, oponiendo a nacionales contra migrantes y justificando un aparato represivo que hoy apunta a CIE y mañana a piquetes sindicales.

Los “centros de retorno” neocoloniales perpetúan la lógica extractivista: la UE financia cárceles en Libia, Túnez o Marruecos para contener población excedente del Sahel, lavando su responsabilidad jurídica mientras privatiza la gestión a empresas como Frontex o consultoras de seguridad.

Esto no es “humanitario”: es la frontera externalizada que históricamente aseguró la dominación europea sobre el Sur Global.

La ruptura del centro “progresista” evidencia la crisis de la socialdemocracia europea: S&D queda relegado, incapaz de oponerse al giro autoritario sin perder la hegemonía institucional. La verdadera resistencia vendrá de abajo: redes antirracistas, sindicatos y movimientos de solidaridad que rechacen la narrativa securitaria.

Hacia una resistencia transnacional

Frente al régimen de deportaciones, urge articular una respuesta unitaria:

Fuentes principales:

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