Sumar se abstiene en la votación parlamentaria por la salida de la OTAN.

Composición por IA de los tres diputados de Sumar que se abstienen en el NO a la OTAN

El voto de abstención de Sumar en la propuesta de referéndum de salida de la OTAN, presentada por Podemos en el Congreso de los Diputados este 22 de abril, revela mucho más que una simple diferencia de matices. Se trata de un gesto político que refleja la disyuntiva creciente entre el discurso de la izquierda real y la práctica de la lógica de coalición gubernamental con el PSOE, bajo la excusa «mal menorista» de que así se evita el ascenso electoral de la ultraderecha.

En un marco donde la izquierda y la mayoría social exigen claridad y contundencia frente al imperialismo atlantista y la escalada armamentista europea, Sumar ha terminado optando por el doble lenguaje que también caracteriza a los socialistas: decir una cosa y hacer otra. En cambio, la izquierda donde no se incluye Sumar, IU ni el PCE, al menos esta vez ha sido consecuente con sus proclamas, es decir Podemos, ERC, Bildu, BNG y Compromís. Estos son los hechos.

Esta votación, por otra parte, también ha resultado reveladora para los representantes  parlamentarios de la Comunidad Valenciana, que tienen nombres y apellidos vinculados a sus compromisos electorales. Así, mientras que los representantes de Compromís Àgueda Micó y Alberto Ibáñez apoyaron la iniciativa de la izquierda, en cambio no lo hicieron (abstención) Txema Guijarro, Carlos Martín Urriza y Nahuel González, pertenecientes respectivamente a Sumar y a IU-EUPV.

Lo que pedía la moción y fue rechazado

La iniciativa de Podemos planteaba tres elementos: una consulta popular sobre la permanencia en la OTAN, la revisión de la colaboración militar con Estados Unidos y la incorporación constitucional de la renuncia a la guerra como instrumento de política exterior. Fue rechazada con los votos del PSOE, PP, Vox, PNV, Junts y UPN, es decir, por el bloque que sostiene el consenso atlantista de Estado.

Sumar se abstuvo, concediendo. Y cabe recordar que apenas un año antes, en marzo de 2025, Sumar había votado en contra del incremento del gasto militar y a favor de la salida de la OTAN en otra votación del Congreso.

Ahora, la coherencia entre ambas posiciones resulta difícil de sostener. Votar a favor de la salida cuando el coste político es bajo, pero abstenerse cuando Podemos propone un mecanismo concreto para hacerlo efectivo —el referéndum—, no es una posición de principios, es una posición de otra cosa.

El problema de fondo: gobernabilidad frente a ruptura

Sumar se encuentra en un punto de equilibrio inestable. Comparte gobierno con el PSOE, que defiende la permanencia en la OTAN como un pilar inamovible de la política exterior española, y al mismo tiempo mantiene un discurso ante la opinión pública que es crítico con el atlantismo y el rearme europeo. Pero, cuando ambas posiciones entran en colisión directa —como ocurrió el 22 de abril—, Sumar opta por no votar. E igual ocurre en otros ámbitos e instituciones, como el Consejo de Ministros de casi cada martes, integrado por dirigentes de IU y del PCE y donde sistemáticamente se autorizan gastos militares encubiertos.

Este tipo de actuaciones tiene consecuencias, sin duda. La abstención del 22 de abril no fue neutralidad sino plegamiento al statu quo. Lo que viene ocurriendo en un momento en que el debate sobre el gasto militar, la guerra en Ucrania y Gaza y el papel de España en la arquitectura de seguridad occidental ha adquirido una relevancia política inédita desde el referéndum de 1986 cuando se votó, bajo el gobierno de Felipe González, la permanencia en la OTAN.

El problema es mucho mayor que de coherencia interna. Puede decirse, incluso, que este tipo de acciones de Sumar favorecen al PSOE aún más, al debilitar la posibilidad de construir un bloque de izquierda con posición unitaria ante la OTAN, fragmentando precisamente a quienes comparten el diagnóstico pero difieren en la disposición a asumir el coste político de defenderlo.

Un debate que la izquierda no puede aplazar

La cuestión no es si Sumar debería haber roto la disciplina del Gobierno por una moción que en cualquier caso iba a ser rechazada. La cuestión es qué señal política envía una abstención en un voto sobre soberanía, paz y modelo de defensa. La izquierda que aspira a transformar las condiciones materiales de vida de la mayoría trabajadora necesita también ser capaz de plantear con claridad qué papel quiere que España juegue en el orden internacional, y hacerlo en los momentos en que ese debate está sobre la mesa, no solo cuando no cuesta nada.

El referéndum de 1986 sobre la OTAN fue una demostración histórica de cómo la socialdemocracia española utilizó la consulta para legitimar lo que ya había decidido, con Felipe González comprometiendo el “sí” tras haber llegado al gobierno prometiendo el “no”. Cuarenta años después, la izquierda alternativa tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de no repetir ese patrón. La abstención de Sumar sugiere que esa oportunidad, por ahora, se ha dejado pasar.

Del mismo modo, aún está por llegar el momento en que, tras unas elecciones «democráticas», la ciudadanía y las fuerzas políticas concurrentes asumen el derecho y el deber de pedir responsabilidades concretas a los y las «representantes» electos.

Fuentes

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