Lo que se decide este domingo no es un mero reparto de escaños, es si la izquierda convierte el hartazgo en organización, o si vuelve a dejarle el campo libre a PP y Vox.
Andalucía vota el domingo 17 de mayo en unas elecciones que los analistas presentan como una encrucijada entre la continuidad del bloque conservador y la posibilidad, todavía abierta, de un vuelco por la izquierda.
Las encuestas no dan mayoría absoluta a ningún bloque, pero el PP de Moreno Bonilla mantiene ventaja suficiente como para repetir gobierno si Vox le tiende la mano de nuevo. El terreno en el que se juega la batalla no es el del debate televisado, sino el de la movilización: centenares de miles de votantes desencantados que en 2022 se quedaron en casa podrían, si se mueven, cambiar el guion por completo.
La abstención, entre la apatía y el hartazgo acumulado.
Nos repiten que quienes no votan son apáticos, desinteresados, cínicos. Pero la abstención de izquierdas en Andalucía tiene un nombre más preciso: hartazgo. Hartazgo de promesas incumplidas, de peleas de siglas que no van a ningún sitio, de discursos que hablan de futuro mientras la factura del alquiler, de la luz o del comedor escolar se convierte en una amenaza mensual. Ese hartazgo no es quietud: es una rabia latente que puede convertirse en fuerza política, si alguien se molesta en ir a buscarla donde vive, en el barrio, en la facultad, en el centro de salud.
El voto joven es, en este contexto, la gran incógnita. Más de un millón de andaluzas y andaluces menores de treinta años están llamados a las urnas, y su comportamiento puede inclinar la balanza en circunscripciones ajustadas. Por Andalucía y Adelante Andalucía han orientado parte de su campaña hacia ese electorado de primera o segunda vez, jóvenes que conocen la precariedad laboral no como estadística, sino como condición de vida.
«No es lo mismo un gobierno que recorta y privatiza que uno empujado desde abajo a ampliar vivienda pública, blindar la sanidad y subir salarios.»
La derecha sí se moviliza
Mientras la izquierda debate sus divisiones, PP y Vox llegan a esta cita con la maquinaria engrasada. Las encuestas del CIS y de otras casas demoscópicas sitúan al PP como primera fuerza con margen sobre el PSOE y, aunque Vox retrocede ligeramente respecto a 2022, mantiene representación suficiente para ser la llave de un nuevo gobierno conservador.
El modelo que Moreno Bonilla ha consolidado durante dos legislaturas no es el de una derecha amable y gestora, por más que así lo venda su comunicación institucional. Es el de una Andalucía entregada a los fondos de inversión en el sector inmobiliario, a las grandes cadenas turísticas en el territorio, a la temporalidad y el trabajo sin derechos en el campo. Vox, por su parte, ha dejado claro que su objetivo es empujar ese tablero aún más hacia la xenofobia, el recorte de derechos para mujeres y el colectivo LGTBI y el desmantelamiento del poco Estado social que queda.
Tres papeletas, pero una sola población trabajadora.
La izquierda no gubernamental llega a este 17M dividida en al menos dos candidaturas relevantes —Por Andalucía y Adelante Andalucía— y con el fantasma de que la dispersión del voto deje escaños sin cubrir o reduzca la representación total del espacio. Esa fragmentación tiene causas reales: diferencias estratégicas, herencias de conflictos de siglas, visiones distintas sobre qué relación mantener con el PSOE en una eventual negociación postelectoral.
Pero hay otra forma de leer el mapa: detrás de esas papeletas distintas existe un mismo tejido social, una misma juventud sin proyecto de vida en su tierra, unas mismas trabajadoras de los cuidados que sostienen el sistema en la invisibilidad, unos mismos jornaleros y temporeras que siguen siendo el eslabón más explotado de una cadena agroalimentaria que enriquece a intermediarios y distribuidoras. El problema no es que existan dos o tres opciones a la izquierda del PSOE: el problema es que el voto de rabia se quede en el sofá mientras la derecha moviliza hasta el último reducto.
«El día 17, votar a la izquierda en muchos barrios será un acto de desobediencia frente a un poder económico y mediático que lo fía todo al cansancio y al “todos son iguales”.»
Lo que está en juego realmente
Adelante Andalucía lleva semanas apostando por diferenciarse del “voto útil” que apunta al PSOE, y las encuestas le dan cierto margen de crecimiento respecto a 2022. Por Andalucía, por su parte, ha centrado su campaña en la movilización del electorado desencantado, sabiendo que ahí reside la posibilidad real de alterar el resultado. Ninguna de las dos apuestas es equivocada en sí misma: el error sería que la competencia entre ellas se convirtiera en el argumento para que nadie vote ninguna.
El programa que necesita Andalucía no es un secreto: sanidad cien por cien pública sin concertado que siga parasitando el presupuesto común; escuela que no segmente por clase social; un parque potente de vivienda pública que frene fondos buitre y apartamentos turísticos; una reforma fiscal que haga contribuir a quienes se han enriquecido mientras crecía la pobreza. Y, en paralelo, soberanía sobre el agua y el territorio, reindustrialización ecológica que genere empleo con derechos, y reconocimiento real de las trabajadoras que hoy sostienen los cuidados sin contrato ni cotización.
Pero ningún programa tiene sentido si el resultado electoral no viene acompañado de organización social. Lo que salga de las urnas el domingo solo tendrá tracción real si se sostiene desde abajo: con plataformas de barrio, mareas por la sanidad y la educación pública, redes de apoyo a migrantes, huelgas sectoriales, luchas feministas que no esperen a las instituciones para avanzar. Las instituciones pueden abrir brechas; las brechas hay que mantenerlas desde la calle.
El 17 de mayo puede ser un nuevo comienzo.
Estas elecciones no deben ser un plebiscito sobre ningún líder ni sobre el gobierno central. Son un referéndum muy concreto sobre quién manda en Andalucía durante los próximos cuatro años: si los fondos, las cadenas hoteleras y las empresas que medran con la privatización sanitaria, o quienes sostienen la región cada día con su trabajo mal pagado y sus impuestos. Esa es la pregunta real que hay detrás de cada papeleta.
La derecha y la extrema derecha se movilizarán disciplinadamente, como siempre. Su electorado no se queda en casa por hartazgo, porque el sistema actual le conviene y lo sabe. Que nadie que viva en un piso de alquiler que no puede pagar, que trabaje con un contrato que no llega a fin de mes, que dependa de una lista de espera sanitaria que no avanza, decida este domingo que “da igual” votar. No da igual. Nunca ha dado igual.
El lunes 18 de mayo empieza la siguiente fase, sea cual sea el resultado. Pero esa fase empieza mejor, con más fuerza y con más margen para organizarse, si el mapa del 17 no es una nueva alfombra azul de resignación.
REFERENCIAS
- elDiario.es — Andalucía centrará la campaña en movilizar a los abstencionistas de izquierdas para lograr un vuelco el 17M
- Demòcrata — Jóvenes que votarán por primera vez en Andalucía
- Demòcrata — Sánchez insiste en que el PSOE-A vencerá con movilización y uniendo el voto de izquierda
- Infobae — La otra batalla del 17M: Adelante Andalucía y Por Andalucía pugnan por liderar la izquierda alternativa
- Noticias Última Hora — El voto joven en Andalucía supera el millón y podría decidir la mayoría absoluta
- RTVE — La izquierda andaluza sigue enredada: todo apunta a que habrá tres papeletas
- Cadena SER — Maíllo llama a la movilización de la izquierda en las elecciones andaluzas
- RTVE — Encuestas elecciones Andalucía 2026: sondeos y posible ganador
- El País — Adelante Andalucía despliega su campaña con las encuestas a favor
- Demòcrata / CIS — Encuesta: Moreno ganaría sin mayoría absoluta mientras PSOE y Vox retroceden
- La Vanguardia — Encuesta centra las elecciones andaluzas 2026: Moreno vs. Montero
- La Razón — Giro de Vox en las elecciones de Andalucía 2026
