Subida del SMI y mercado laboral, más allá de la propaganda oficial.

Composición por IA mostrando distintas facetas mercado laboral español

El pasado 19 de febrero el Gobierno aprobó la subida del SMI para 2026 en un 3,1%, lo que fue publicitado como un gran avance y saludaron con entusiasmo las organizaciones y sindicatos “progresistas”. Sin embargo, yendo más al detalle de la situación de la clase trabajadora en nuestro país, conviene situar esta medida en el cuadro grueso de una estructura sociolaboral con amplias brechas y desacatos, consecuencia directa de décadas de políticas social-liberales impulsadas por unos y otros partidos en el gobierno… y de una “baja” respuesta organizada.

Según el informe sobre «Condiciones laborales», elaborado por esta misma web con amplias referencias, el panorama laboral español para 2025 y 2026 presenta una clara contradicción entre la mejora de datos estadísticos generales (que tanto aplauden Sánchez y la ministra de Trabajo, secundados por CCOO y UGT) y el deterioro de la calidad del empleo y de las relaciones laborales (hablaremos de las pensiones en otra entrada).

A pesar de que las tasas de temporalidad y desempleo han bajado, tenemos una gran precarización estructural que se manifiesta en contratos indefinidos inestables, salarios bajos y un volumen masivo de horas extra no pagadas.

Esta vulnerabilidad afecta con mayor rigor a los jóvenes, las mujeres y la población migrante, consolidando una profunda fractura social y económica. La brecha salarial de género persiste mientras el acceso a un puesto de trabajo ya no garantiza escapar de la exclusión social.

De este modo, la reforma laboral de 2021, impulsada por el Gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos, lejos de atajar estos problemas estructurales los ha consolidado y extendido.

Veamos ahora, un resumen (ver informe completo en el enlace), la situación del mercado laboral español durante 2025-2026.

El espejismo de las cifras macroeconómicas

El relato oficial que emana de los despachos ministeriales se empeña en vender una España de éxito, parapetándose tras un barniz estadístico que poco o nada tiene que ver con la supervivencia diaria en los barrios obreros. Bombardean con el mantra de una bajada histórica de la temporalidad, que se sitúa en un 15,1% general y cae hasta el 12,4% en el sector privado, pretendiendo que ésta ha sido erradicada por decreto. Pero no es cierto.

Tras el espejismo cuantitativo señalado se oculta la precarización estructural profunda que describe el Informe del propio Ministerio sobre las Condiciones Laborales en España. Las cifras macroeconómicas se han convertido en un velo que invisibiliza, premeditadamente, una realidad cualitativa muy grave para los eslabones más débiles del sistema: jóvenes, mujeres y población migrante.

La trampa del contrato indefinido: precariedad con nuevo nombre.

Se ha producido una mutación perversa de la inestabilidad laboral bajo el fenómeno del falso indefinido, una etiqueta legal que otorga una ilusión de seguridad mientras mantiene la desprotección más absoluta. Es un escándalo democrático que el 57,6% de los nuevos contratos supuestamente estables sean, en realidad, modalidades a tiempo parcial o fijos discontinuos.

La volatilidad del modelo es tal que, para generar apenas 509.000 afiliaciones reales, el sistema ha necesitado triturar 8,35 millones de contratos fijos discontinuos entre 2022 y 2025. Esta rotación demencial se traduce en una estadística devastadora: el sistema requiere actualmente la firma de 30 contratos para generar una sola afiliación neta.

No hay estabilidad posible cuando el 21,5% de los contratos firmados en 2025 tienen una duración inferior a una semana, convirtiendo el derecho al trabajo en un parpadeo administrativo. Como bien denuncia la organización USO, la denominación del contrato es irrelevante si la norma sigue siendo la precariedad y la incertidumbre vital del trabajador.

El robo institucionalizado: horas extra impagadas y beneficio empresarial.

El crecimiento económico de la patronal española no es fruto de la innovación, sino de un robo salarial sistemático ejecutado a plena luz del día. Según los datos del Gabinete Económico de CCOO, cada semana se realizan en España 2,5 millones de horas extra impagadas, un volumen de trabajo gratuito que ni se abona, ni cotiza, ni se compensa, y que equivale a la destrucción directa de 62.000 empleos a jornada completa.

Este saqueo supone un ahorro ilícito para las empresas de 3.243 millones de euros anuales, extraídos directamente del esfuerzo no remunerado de la clase trabajadora. El fenómeno adquiere tintes dramáticos en territorios como la Comunidad de Madrid, convertida en el epicentro de esta explotación con 582.000 horas extra robadas semanalmente a más de 107.000 trabajadores.

Se trata de una transferencia masiva de riqueza desde las familias hacia el beneficio empresarial ante la pasividad de los mecanismos de control estatal.

La fractura generacional y de género: los perdedores del modelo.

La desigualdad en España ha abierto una brecha generacional y de género que amenaza con fracturar definitivamente la cohesión social. Los jóvenes españoles ganan hoy un 20% menos que sus padres a su misma edad, una condena que mantiene a 2,5 millones de ellos en una situación de exclusión social de la que es imposible escapar mediante el empleo. A esta miseria salarial se suma la humillación de la sobre-cualificación, que afecta al 35% de los menores de 25 años y se dispara hasta el 41,1% entre aquellos que han perdido su primer empleo.

Por su parte, la brecha de género sigue siendo una herida abierta: las mujeres perciben un 23,9% menos que los hombres, con el agravante de que 4,1 millones de trabajadoras ni siquiera alcanzan el SMI en el cómputo anual debido a la parcialidad forzosa.

Es un modelo que condena a la mujer y al joven a ser ciudadanos de segunda, atrapados en una precariedad que se hereda y se perpetúa.

El gueto laboral de la población migrante.

La procedencia se ha convertido en un estigma que garantiza la exclusión laboral, confinando a la población migrante a un gueto de precariedad extrema. Mientras la tasa de paro nacional se sitúa en el 10,61%, la de las personas extranjeras escala hasta el 15,79%.

Las mujeres jóvenes migrantes sufren una triple discriminación que las encadena a la sobre-cualificación y a una parcialidad involuntaria asfixiante, especialmente en los sectores de cuidados y servicios domésticos. En este escenario, el trabajo ha dejado de ser el ascensor social prometido por el sistema capitalista para convertirse en una trampa de pobreza trabajadora; hoy, más de un tercio de quienes viven en exclusión severa tienen un empleo que no les permite abandonar la miseria.

La exclusión se ha vuelto estructural y el origen extranjero es el factor que acelera la caída hacia la vulnerabilidad más absoluta.

Una «subida» del SMI que apenas empata al IPC y no compensa lo perdido.

El incremento propuesto, del 3,1 %, se mueve en una franja muy similar a la inflación prevista. Esto significa que, en términos reales, el SMI no sube con esta medida: simplemente evita seguir cayendo, y ni siquiera lo garantiza si se consideran gastos básicos como vivienda, energía o alimentación, que han crecido por encima del IPC general. Por lo tanto estas subidas del SMI son más nominales, que reales.

Conviene recordar que los salarios en su conjunto arrastran una pérdida de poder adquisitivo acumulada desde antes de la pandemia. Entre 2019 y 2023, la inflación fue muy superior al crecimiento medio de los salarios reales, especialmente en los tramos más bajos. Según un informe de la OCDE, los salarios reales en el Estado español en el primer trimestre de 2025 se mantuvieron un 4,2 % por debajo de su nivel del primer trimestre de 2021. En este contexto, una subida del SMI que solo acompaña al IPC no compensa lo perdido: consolida la pérdida.

Propuestas de acción: hacia una transformación real.

  • Para revertir este escenario de injusticia sistémica, es imperativo abandonar la cosmética política «progresista» y acometer reformas estructurales valientes que pongan los derechos y la dignidad humana por encima de los balances de resultados.
  • Sería necesario exigir un control efectivo y sancionador del tiempo de trabajo a través de una Inspección de Trabajo reforzada con recursos y capacidad ejecutiva real; capaz de erradicar el fraude de las horas extra y devolver a la población trabajadora lo robado.
  • Es urgente una regulación estricta de los contratos fijos discontinuos que impida su uso como herramienta de temporalidad encubierta, asegurando que la fijeza sea una realidad material y no un simple epígrafe en la Seguridad Social.
  • La justicia social requiere también el incremento decidido del Salario Mínimo Interprofesional, pero hasta alcanzar el 60% del salario medio real, blindando el poder adquisitivo frente a la avaricia rentista.
  • Asimismo, el Estado debería implementar planes de choque integrales contra la precariedad juvenil y la brecha de género, garantizando la igualdad de trato y oportunidades para la población migrante.
  • No puede haber paz social mientras el mercado laboral siga siendo un mecanismo de fragmentación y de explotación en los niveles señalados. Es urgente derogar la anteriores reformas laborales, tanto la del 2021 como las dos anteriores del PP.
  • Más allá de las medidas paliativas a las que el gobierno nos tiene acostumbrados, en el mejor de los casos, es necesaria una transformación económica (social y política) de nuestra sociedad y régimen de monarquía parlamentaria.
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