«Tombem el rearme y el genocidi»: Catalunya organiza un frente amplio por los derechos sociales.

Cartel de la campaña Tomben el rearme

La campaña «Tumbemos el rearme. Por la salud, la educación y el territorio» irrumpe en el momento exacto en que una nueva flotilla se prepara para zarpar desde Barcelona hacia Gaza.

Mientras los gobiernos europeos aceleran la carrera armamentística con el respaldo entusiasta de las instituciones comunitarias, y mientras la Global Sumud Flotilla se prepara para zarpar de Barcelona el 12 de abril con más de cien embarcaciones rumbo a Gaza, en Catalunya ha emergido una respuesta política y social que no pide permiso: la campaña «Tumbemos el rearme. Por la salud, la educación y el territorio«. Más de cincuenta organizaciones han firmado un llamamiento que nombra lo que muchos callan: el rearme y el genocidio son dos caras de un mismo orden global.

En lugar de  un llamamiento genérico a la paz, esta campaña realiza una acusación concreta contra los responsables y una propuesta de acción. «La seguridad no viene del rearme; nuestra mejor defensa son los derechos sociales». El  beneficio nunca se puede anteponer a la vida. La escala es contundente: los gobiernos del Estado español y de la Unión Europea han comprometido más de 60.000 millones de euros en gasto militar mientras las listas de espera se alargan, los desahucios continúan y los salarios de miseria se normalizan.

Nuestro peligro no son otros pueblos, sino las listas de espera, los salarios de miseria, los desahucios y la crisis climática.

Palestina como diagnóstico sistémico

El llamamiento considera igualmente que Palestina es el síntoma más visible de un sistema de dominación que también se ejerce aquí. «Palestina es la causa de la humanidad» que conecta la ofensiva israelí con otros focos de tensión geopolítica y con los intereses económicos que los sostienen. La acusación no es abstracta: los bancos Santander, BBVA y CaixaBank son señalados directamente por financiar la industria militar implicada en el genocidio mientras especulan con la vivienda. La multinacional ICL, presente en territorio catalán, es denunciada por proveer el fósforo blanco empleado en armamento israelí.

Esta vinculación entre finanzas, especulación inmobiliaria y producción de guerra figura como la columna vertebral de un análisis que el movimiento antimilitarista lleva años construyendo y que ahora encuentra expresión en este  frente amplio. El lanzamiento de la campaña coincide, además, con una coyuntura internacional de máxima tensión: la nueva Global Sumud Flotilla ha anunciado su misión de 2026, la más grande de la historia, para romper el bloqueo israelí sobre Gaza.

Un frente transversal con arraigo en el territorio

La campaña llega respaldada por una coalición de organizaciones que cubre un espectro amplio del activismo catalán. Los sindicatos combativos IAC y CGT están presentes, junto a la Confederació Sindical d’Habitatge de Catalunya (COSHAC) y el Sindicat de Llogateres, que han convertido la lucha por el derecho a la vivienda en uno de los ejes de resistencia más activos de los últimos años. Las organizaciones juveniles Arran, SEPC y Contracorrent aportan la energía de una generación que ha crecido sin alternativa habitacional y con la guerra como telón de fondo. También suscriben el manifiesto formaciones políticas como la CRT y Anticapitalistes.

El movimiento de solidaridad con Palestina tiene un peso central en la iniciativa. La propia Global Sumud Catalunya, la Coalició Prou Complicitat amb Israel, Boicot ICL y Boicot Carrefour figuran entre los promotores. En el ámbito de los derechos humanos y la investigación para la paz destacan el Centre Delàs d’Estudis per la Pau y Novact, que también forman parte de la red más amplia de organizaciones que han suscrito el manifiesto estatal contra el rearme, presentado el 26 de marzo ante el Congreso de los Diputados con más de 800 organizaciones firmantes. La Plataforma Unitat Contra el Feixisme i el Racisme completa un apoyo que supera la cuarentena de adhesiones.

Las demandas: concretas, urgentes, sin eufemismos

El manifiesto no se queda en el diagnóstico. Exige la reducción del gasto militar y la reinversión en servicios públicos; el fin del bloqueo a Gaza y la apertura de corredores humanitarios; la ruptura de relaciones con Israel y un embargo de armas; y la expulsión de ICL de Catalunya acompañada del fortalecimiento de las campañas de boicot. Rechaza también la presencia de bases militares extranjeras como las de Rota y Morón y el sometimiento del Estado español a los compromisos de la OTAN, cuya lógica expansionista es identificada como parte del problema.

La apuesta por la organización de base es explícita: «La solidaridad no es solo un sentimiento, sino una acción material». El manifiesto llama a construir desde cada barrio, cada centro de trabajo y de estudio, la fuerza necesaria para detener la maquinaria de la guerra. «Nosotras movemos el mundo cada día. Nos movilizaremos para detener la maquinaria de la guerra», concluye el texto.

El contexto: escalada armamentística sin debate ciudadano

La campaña catalana se inscribe en un proceso más amplio de reacción social ante la militarización acelerada de Europa. Las organizaciones antimilitaristas llevan meses advirtiendo de que el incremento del gasto en armamento no contribuye a la paz sino que alimenta dinámicas de confrontación y retrocesos en derechos. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha impulsado un plan de rearme de hasta 800.000 millones de euros en cuatro años, aceptado por los Veintisiete sin el debate ciudadano que una decisión de esa magnitud requeriría.

Frente a ese consenso impuesto, «Tumbemos el rearme» propone una alternativa clara: que la seguridad real se construye con sanidad, educación y vivienda, no con presupuestos militares. Y que la solidaridad internacionalista, encarnada ahora en la nueva flotilla que en pocas semanas intentará romper el bloqueo de Gaza, es también una forma de política concreta.

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