El 27 de febrero de 1976, en plena guerra y en el desierto, se proclamaba en Bir Lehlu la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Cincuenta años después, el aniversario de la RASD coincide con una realidad compleja: un Estado plenamente reconocido en África, con instituciones propias, pero sin control efectivo sobre la mayor parte de su territorio, ocupado por Marruecos. Este medio siglo pone en evidencia un fracaso político de la comunidad internacional: la descolonización del Sahara Occidental se ha quedado sin cumplir, mientras el conflicto se arrastra entre guerras, negociaciones y ambigüedad diplomática.
Cómo nació la RASD en medio de la guerra
La RASD surgió como respuesta al Acuerdo de Madrid de 1975, que repartió el Sahara español entre Marruecos y Mauritania y dejó a España, antigua potencia administradora, sin cumplir por completo su compromiso de descolonizar el territorio. El 27 de febrero de 1976, el Frente Polisario proclamó la RASD y se declaró adherido a la Carta de las Naciones Unidas, a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y a la entonces Organización para la Unidad Africana (OAU), antecesora de la Unión Africana.
Desde entonces, el nuevo Estado ha desarrollado una estructura institucional completa: constitución, gobierno, consejo nacional (parlamento), sistema judicial y ejército. Aunque buena parte de su territorio siga bajo control marroquí, la RASD ha organizado también servicios básicos —salud, educación, administración y seguridad— en los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia. No se trata, pues, de un simple símbolo político, sino de un aparato estatal que se ha mantenido en funciones durante décadas dentro de un contexto de guerra y ocupación.
Reconocimientos internacionales con lagunas
En el plano del reconocimiento internacional, la RASD goza hoy de un respaldo importante. Es reconocida por más de ochenta países en distintos continentes y es miembro pleno de la Unión Africana desde 1982. Marruecos, que se retiró de la OUA en 1984 para no compartir espacio institucional con la RASD, solo volvió a la organización en 2017, aceptando que el Sahara Occidental figuraba como Estado miembro Saharaui en los documentos de la UA.
En el ámbito de Naciones Unidas, la situación es más confusa. La RASD no es miembro de la ONU, aunque el Frente Polisario sí figura como una de las partes clave en el proceso de resolución del conflicto. El propio organismo ha reiterado que el objetivo final debe ser una solución política que respete el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, pero en las últimas resoluciones el Consejo de Seguridad ha situado el “plan de autonomía” de Marruecos como base para las negociaciones, dejando en un segundo plano la perspectiva de un referéndum. Esto alimenta la percepción de que, mientras la RASD es plenamente reconocida en África, su estatuto se diluye en el tablero global.
Marruecos, ocupación y normalización diplomática
Marruecos mantiene el control sobre gran parte del Sahara Occidental desde 1975, con una importante presencia militar, un “muro de la vergüenza” de miles de kilómetros, explotación intensiva de fosfatos y recursos pesqueros, y una represión constante contra la población saharaui en los territorios ocupados. La retirada de Mauritania en 1979, forzada por la ofensiva del Frente Polisario, no alteró la situación, ya que Marruecos se mantuvo en el territorio con el respaldo diplomático y militar de potencias como Francia y Estados Unidos.
En las últimas décadas, Marruecos ha buscado una normalización diplomática creciente: la reapertura de fronteras con Argelia, el acercamiento a varios países africanos y su reincorporación a la Unión Africana han servido para presentar al Reino como un actor estable y “moderno”. Sin embargo, esta integración coexiste con la persistencia de la ocupación en el Sahara Occidental, lo que genera una tensión entre la imagen de Marruecos en el tablero internacional y la realidad en el terreno.
El papel de España en el conflicto
España, antigua potencia administradora, impulsó junto a Francia y Estados Unidos el Acuerdo de Madrid, que dejó el Sahara Occidental en manos de Marruecos y Mauritania. Aunque el país ha pasado de la dictadura a la democracia en las últimas décadas, su posición en la ONU ha permanecido ambigua: en muchos casos se ha inclinado por soluciones de compromiso que evitan poner a Marruecos en una posición incómoda, como un referéndum claro de autodeterminación.
Esta postura, muchas veces justificada por intereses económicos y de seguridad, ha alimentado críticas de organizaciones saharauis y de derechos humanos, que ven a España como un actor que reconoce al Frente Polisario como representante legítimo del pueblo, pero elude dar el paso de reconocer formalmente a la RASD o defender con firmeza el derecho a la autodeterminación.
La vida cotidiana en los campamentos
Más allá de la política institucional, la supervivencia de la RASD pasa por la vida cotidiana en los campamentos saharauis de Tinduf. Allí se han organizado escuelas, centros de salud, racionamiento alimentario y estructuras administrativas básicas, con un papel central de las mujeres en la gestión comunitaria.
La presencia de mujeres en la enseñanza, la atención sanitaria y la logística ha permitido mantener una cierta estabilidad social, incluso en condiciones de pobreza y fragilidad política. Este protagonismo femenino no se debe solo a la disponibilidad de recursos, sino a la necesidad de reorganizar la sociedad frente a la guerra y el desplazamiento forzado.
La RASD en 2026: un Estado consolidado pero incompleto
En 2026, la RASD llega a los 50 años de existencia con una administración institucional consolidada, con representación en numerosos países y una comunicación activa a través de agencias y medios saharauis. El ELPS (Ejército de Liberación Popular del Sahara) sigue activo, y la guerra se reanudó en 2020, cuando el Frente Polisario retomó la lucha armada ante la escalada de la presencia marroquí y la marginación diplomática de la RASD.
Al mismo tiempo, la propaganda de Marruecos insiste en presentar el Sahara Occidental como un territorio “integral” del Reino, mientras que la ONU y varios actores internacionales tienden a hablar de “autonomía” como solución, sin mencionar de forma clara la posibilidad de un referéndum. Esta tensión entre la realidad de un Estado plenamente funcionante y la incapacidad de ejercer la soberanía sobre su territorio marca el estado actual de la RASD.
Un aniversario para repensar el conflicto
El 50 aniversario de la RASD no es solo un hecho histórico, sino una ocasión para revisar el papel de la comunidad internacional en el Sahara Occidental. Mientras la Unión Africana mantiene a la RASD como miembro pleno y reafirma el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro, las grandes potencias se mueven entre compromisos y ambigüedades que favorecen la estabilidad de Marruecos por encima de una solución clara.
Para la opinión pública y para los medios de información, el reto es convertir este aniversario en una oportunidad para informar con más profundidad sobre el conflicto: cómo se construye un Estado en el exilio, cómo se organiza la vida en los campamentos, qué papel juegan Marruecos, España y las potencias occidentales, y qué implica realmente hablar de “autodeterminación” sin concretar un referéndum.
Referencias
- https://prensarural.org/spip/spip.php?article31503
- https://www.elindependiente.com/opinion/2026/03/30/la-rasd-50-anos-de-resistencia-dignidad-y-esperanza/
- https://es.wikipedia.org/wiki/Reconocimiento_internacional_de_la_Rep%C3%BAblica_%C3%81rabe_Saharaui_Democr%C3%A1tica
- https://wsrw.org/es/noticias/la-votacion-de-la-onu-sobre-el-sahara-occidental
- https://www.rtve.es/noticias/20251031/consejo-seguridad-onu-renueva-ano-su-mision-paz-sahara-occidental/16796724.shtml
- https://cadenaser.com/audio/1772109507084/
- https://www.perplexity.ai/search/https-prensarural-org-spip-spi-U7jMOcpPScW0PbgHVV.Hnw

