El capitalismo no solo te explota, te enajena por dentro
Hay una forma de dominación que no necesita policías ni cárceles. Es más eficiente y más barata: convencerte de que eres tú quien elige ser explotado. El neoliberalismo lleva décadas perfeccionando esa operación —la de moldear desde dentro a quienes después explota desde fuera— y el resultado es una generación que se autoexige, se autoculpa y se autogestiona hasta el agotamiento, sin preguntarse nunca por qué pasa eso ni quién diseñó el juego.
Esa es la tesis de fondo del libro “Un sujeto para la revolución”, del psicólogo y filósofo marxista David Pavón-Cuéllar, publicado por el Instituto Cubano del Libro (ISBN 978-959-06-2711-8). No es un texto de autoayuda al revés ni un panfleto. Es un intento serio de articular la psicología crítica y el materialismo histórico para entender por qué el capitalismo no solo organiza la producción, sino también la personalidad de los sujetos trabajadores.
El homo œconomicus: la patología que se llama normalidad
El sistema no te pide que seas feliz. Te pide que seas funcional. Y esa funcionalidad tiene una forma muy precisa: la del individuo que se comporta como una empresa unipersonal, que mide su valor en productividad, que compite con sus iguales y que, cuando cae enfermo de estrés o depresión, acepta que el problema es suyo. Pavón-Cuéllar denomina a eso «normopatía»: la patología de los perfectamente adaptados, que es también la patología de los perfectamente sometidos.
Las redes sociales son el escaparate más visible de ese proceso. La existencia reducida a likes, seguidores y valoraciones numéricas no es una aberración del sistema: es su lógica más transparente. Las personas tratadas como mercancías intercambiables, con un precio determinado por su cotización en el mercado laboral o en la pantalla. Y cuando alguien no logra seguir el ritmo, la psicología convencional llega a ofrecer técnicas para «mejorar el rendimiento personal». El sistema produce la herida y te vende el vendaje.
Cambiar conductas antes que conciencias
Frente a la tradición que sitúa el cambio en el interior del individuo —en la toma de conciencia, en la introspección, en el trabajo sobre uno mismo—, la propuesta de Pavón-Cuéllar invierte la dirección: primero la acción, luego el sujeto. No se trata de esperar a estar convencido para actuar de otra manera, sino de actuar de otra manera para ir convirtiéndose en alguien distinto.
Eso tiene implicaciones concretas y cotidianas. Usar el transporte público por convicción política y no por comodidad. Negarse al ciclo del consumismo. Rechazar las lógicas de explotación en el entorno laboral aunque sean «normales». No son gestos heroicos ni tampoco suficientes por sí solos, pero funcionan como rupturas prácticas con una identidad que el sistema asigna sin pedir permiso. El «sujeto neoliberal» no es lo que somos: es lo que nos quieren hacer ser si no nos resistimos.
La militancia como espacio de desintoxicación colectiva
La desidentificación individual del neoliberalismo, sin embargo, no es fácil. El capitalismo es también un sistema ideológico y sus efectos sobre la subjetividad son estructurales: no basta con decidir en solitario que uno va a dejar de competir contra los demás y de compararse con ellos. Hay que resaltar que la transformación del sujeto requiere insertarse en colectivos, en organizaciones con formas horizontales y democráticas que le permitan experimentar, aunque sea en pequeña escala, relaciones sociales distintas a las del mercado.
Esos espacios pueden funcionar como «talleres clandestinos» donde se producen subjetividades disidentes antes de que ninguna revolución social se complete. No son la revolución, pero la prefiguran. Y en un tiempo en que el escepticismo posmoderno ha vaciado de contenido la propia idea de transformación colectiva, recuperar la capacidad de identificarse con un ideal es en sí mismo un acto político.
Marx, el Che y Lacan en el mismo nudo borromeo
La ambición teórica del libro no es modesta. Pavón-Cuéllar recurre a la estructura del nudo borromeo de Lacan para articular las tres dimensiones inseparables del sujeto revolucionario: la lucha concreta como práctica que desafía las determinaciones del poder; la justicia como horizonte político que da sentido y dirección al deseo; y la verdad como principio teórico que impide que la lucha se desvíe o se corrompa. Si se rompe cualquiera de los tres, el conjunto colapsa.
Hay también en el libro una reivindicación explícita de la herencia del Che Guevara y su insistencia en que el «hombre nuevo» no puede construirse después del socialismo, sino simultáneamente con él. La base material y la transformación de las conciencias no son etapas sucesivas: son procesos que se condicionan mutuamente. Cambiar el mundo para poder cambiarse, y cambiarse para poder cambiar el mundo. Una dialéctica que el activismo contemporáneo tiende a olvidar cuando reduce la política a la gestión de expectativas o a la acumulación de siglas.
El psicoanálisis como herramienta de subversión
Quizá el giro más provocador del libro sea la rehabilitación del psicoanálisis —no como terapia de adaptación, sino como instrumento de subversión. La práctica analítica, correctamente orientada, puede ayudar al sujeto a reconstruir su propia historia, a ver que su identidad no es una esencia natural sino una construcción del capitalismo (patriarcal), y a reconocer su singularidad frente a la masificación del mercado.
Es una propuesta incómoda porque exige mucho de la psicología crítica: que renuncie a la neutralidad del profesional; que asuma la dimensión política de su práctica y que acepte que privatizar el malestar —convencer al individuo de que sus problemas son suyos y solo suyos— es también una forma de colaborar con el orden establecido. La psicología no es inocente. Nunca lo ha sido.
En definitiva, el libro de Pavón-Cuéllar ofrece algo escaso en la izquierda actual: una teoría del sujeto que no se resigna ni al determinismo estructural ni al voluntarismo ingenuo. La transformación social y la transformación personal son una sola cosa. Y eso significa que la política empieza, literalmente, en cómo actuamos cada día.
«Para ser un hombre nuevo, hay que empezar por comportarse como tal, forzándose a estar a la altura de los propios actos.»

Referencia: Pavón-Cuéllar, David. Un sujeto para la revolución. Instituto Cubano del Libro, 2025. https://www.icl.cu