El pasado 26 de febrero, auspiciado por el Diario.es tuvo lugar un debate mediático sobre esta cuestión en el que participaron Alberto Garzón, Alejandra Jacinto, Xavier Domènech y María Eugenia Rodríguez Palop. Este debate, que puede verse directamente en youtube, ofrece, seguramente, una buena radiografía del momento político que vivimos y de una izquierda que, según dijeron estas mismas personas, permanece atrapada entre sus logros institucionales, la desafección social y el avance de la extrema derecha.
Diagnóstico de situación
En efecto, hubo bastante acuerdo con respecto a la distancia entre los logros institucionales y la experiencia material de la ciudadanía. Rodríguez Palop señaló que España es hoy un referente internacional de políticas socialdemócratas exitosas. Sin embargo, Domènech y Jacinto introdujeron un contrapunto: la vida de la gente no ha mejorado al ritmo de los indicadores y esta brecha alimenta la percepción de que la izquierda se ha vuelto parte del paisaje institucional.
En el mismo sentido, Garzón, expuso que el ciclo de 2015 (cuando fue ministro) se construyó sobre la promesa de cambio, pero la entrada en el gobierno con el PSOE se produjo en el peor momento y conllevó una gestión gris, tecnocrática y poco inspiradora, que erosionaron la capacidad de movilización y el carisma de los liderazgos. Así, la izquierda pasó de impugnar el sistema a aparentar administrarlo, y ese tránsito dejó heridas internas y una gran desconexión social.
Causas del bloqueo
A lo largo del debate realizado de más de hora y media, se señalaron hasta cuatro factores para explicar este bloqueo de la izquierda.
- Que el éxito macro de la política económica se contradice con la realidad micro vivida por la población. La mejora de los grandes indicadores socio-económicos convive con una generación que vive peor que sus padres.
- Que la institucionalización de las fuerzas políticas las aleja del cambio social. La izquierda que siempre se postuló alternativa gobierna con un socio que siempre exige (consiguiendo) moderación y respeto a la monarquía.
- El empleo de la “Unidad” como fetiche, que hace que los partidos no dejen de invocarla mientras se vacían de militancia y sus lideres se enfrentan entre sí.
- La supeditación de un cierto discurso identitario eliminando las referencias de clase, aunque esto no fue respaldado por todos los ponentes.
Propuestas para la recomposición.
De cara al futuro, en el debate hubo bastante acuerdo sobre la necesidad de lo que llamaríamos “Cooperación Virtuosa”, lo que requeriría mantener entre las fuerzas políticas de izquierdas reglas de juego claras, lealtad en la diversidad y permitir que cada formación mantenga su propia identidad (Más Madrid, Izquierda Unida, Comuns, etc.). E impulsar “liderazgos corales”, como ocurrió en el cartel electoral de 2016 que incluía a múltiples referentes territoriales.
Y también se coincidió en que la “unidad institucional” no serviría de nada sin una conexión con los movimientos sociales. Precisamente, como estrategia a corto plazo, los ponentes plantearon una doble confrontación con la extrema derecha y con el PSOE para recuperar el espacio de la izquierda. Habría que romper la subalternidad con el PSOE. Pues no es de recibo, por ejemplo, que Sumar (IU-PCE) hubiera «enseñado mal» al PSOE, permitiéndole incumplir promesas (como bajar el precio de la vivienda) sin consecuencias. Incluso, como propuso Alberto Garzón, dar «batallas imposibles» y plantear medidas radicales, aunque luego se pierdan en el Congreso, para mostrar ante la sociedad qué es lo que el PSOE bloquea y recuperar el pulso político de la izquierda (institucional).
En definitiva, que había que destacar el discurso de la Esperanza frente al discurso del Miedo. Aunque el temor a la extrema derecha movilice aún, nunca será suficiente a largo plazo. Se requiere un discurso de «alegría» y esperanza que ofrezca un proyecto de futuro deseable para la población trabajadora. Este mismo “optimismo condicionado” lo resalta en sus conclusiones del debate la web de profesionales del pcm:
La izquierda tiene los mimbres para reaccionar, pero debe abandonar las «miserias internas» y el patriotismo de partido. El escenario de 2028 se prevé oscuro si no hay una transformación real en la forma de hacer política desde las instituciones, pasando de la gestión gris a la confrontación política valiente, especialmente en materia de vivienda y justicia social. La clave reside en si el espacio político actual (Sumar, Podemos y aliados) es capaz de transitar hacia una estructura coral que priorice la utilidad para la clase trabajadora por encima de la supervivencia de las siglas.
¿Qué alternativas?
Mas allá, pues, de este debate entre figuras destacadas de la izquierda (actualmente sin responsabilidades ejecutivas) y de las medidas voluntaristas planteadas y que resumen nuestros camaradas del PC, como contrapunto obligado y necesario, habría que destacar de este debate la cortedad de miras mostrada y las inconcreciones de las medidas propuestas. Por ejemplo ¿cómo construir la famosa “confluencia social” sin instrumentalizar movimientos autónomos? ¿quién relevará a la generación de 2015, que reconoce estar agotada? o ¿qué estrategia adoptar realmente frente al PSOE, un socio que solo se mueve bajo presión de unos u otros sectores?
Todo apunta, a tenor de estas cuestiones, a resaltar que el problema de la izquierda en nuestro país no es de diagnóstico ni de voluntarismos orgánicos, como dijeron los ponentes, sino de falta de un proyecto político con capacidad de alternativa. Es decir, que vaya más lejos de limitarse a ayudar al PSOE a mantenerse en el poder los próximos años. Está seria la conclusión principal que sacamos en nuestro caso de un debate, en el que no se mencionó, ni siquiera y solo como ejemplo:
- Que cada vez resulta más necesario convertir las precarizadas condiciones de vida de la población trabajadora (salarios, vivienda muy en particular o servicios públicos) en la batalla identitaria de la izquierda.
- Que habría igualmente que superar el institucionalismo y recuperar el pulso político de la calle, la participación social y la capacidad de generar esperanza en base a los avances concretos que se vayan consiguiendo, desde la movilización y desde las instituciones.
- O reconstruir la infraestructura social, devolviendo a los partidos su papel como espacios de vida y de lucha social en lo concreto y no solo para hacer campañas y fidelización electorales cada x años.
Es un decir.