El Congreso acaba de dejar en el limbo a cientos de miles de familias trabajadoras. Este martes 27 de enero pasará a la historia como otro capítulo lamentable de la actual legislatura. PP, Vox, Junts y UPN acordaron tumbar el decreto que prorrogaba el escudo social para 2026, dejando literalmente en el aire unas medidas que afectan a cientos de miles de hogares trabajadores. Y no es la primera vez: ya suman cinco los decretos no refrendados, dos de ellos sobre mejora de las pensiones y de la protección social.
Lo que está vez ha quedado en papel mojado no son tampoco minucias:
- Las pensiones de nuevo, ese 2,7% de subida que ya cobraron los pensionistas en enero, ahora resulta que está sin cobertura legal. Un limbo jurídico del que nadie sabe cómo salir.
- Los desahucios vuelven a ser más posibles para familias sin alternativa habitacional (en realidad nunca han desaparecido, como bien sabemos).
- Los cortes de luz, agua y gas a hogares vulnerables también.
- El bono social eléctrico reforzado, desaparece.
- Los autónomos se quedan sin saber a qué atenerse con sus cotizaciones para este año.
- Y por si fuera poco, las ayudas para los afectados por la DANA en Valencia también se quedan colgadas.
Nada ni nadie puede justificar a todas estas familias afectadas que la atención a sus necesidades acuciantes fue objeto y moneda de cambio parlamentaria entre unas y otras fuerzas políticas.
Un Gobierno que gobierna a golpe de decreto (y la oposición que lo aprovecha)
Llevamos más de un año viendo la misma historia. El Gobierno saca un decreto ómnibus metiendo de todo —desde pensiones hasta cesiones inmobiliarias al PNV—, la oposición vota en contra “por estas formas antidemocráticas” (aunque con ello tumbe medidas que dice defender), y al final quien paga el pato es la gente de a pie.
PSOE-Sumar no tiene mayoría estable. Eso es un hecho. Depender de Junts para sacar adelante políticas sociales es como construir una casa sobre arena: cualquier día se hunde. Y mientras tanto, el PP juega a ser oposición destructiva sin proponer alternativas reales. Dicen que defienden a los pensionistas pero votan contra la subida de sus pensiones.
El problema de fondo va más allá de quién tiene la culpa en esta ocasión. Gobernar a base de decretos-ley siempre será como “pan para hoy y hambre para mañana”. Sin leyes sólidas que blinden derechos, cada año toca volver a negociar lo más básico. Y en esas negociaciones, quien no tiene mínima mayoría, pierde.
Lo que los “progresistas” nunca deberían ignorar
Desde una perspectiva transformadora, lo que ha sucedido confirma algo muy sabido: el Parlamento solo no basta. Sin presión en la calle, sin movimientos sociales fuertes, los derechos sociales acaban siendo como fichas de póker en el juego entre partidos.
Además de que casi da igual cuántos decretos apruebe un Gobierno u otro, porque, como viene ocurriendo, en cuanto cambian los vientos parlamentarios, todo se esfuma.
Por tanto, no podemos quedarnos esperando a que el Gobierno consiga los votos necesarios para el próximo decreto. Hace falta politizar esto, convertirlo en conflicto social visible, movilizar.
Claro que hay alternativa
La vivienda, energía o pensiones no son favores. Son derechos. Y los derechos no se mendigan, se conquistan y se defienden. Hay que crear movilización que conecte luchas. El que le corten la luz, el que no llega a fin de mes con la pensión, el que vive con miedo al desahucio… todos están en el mismo barco. Toca remar juntos.
Organización de barrio y de trabajo. Asambleas vecinales, redes de apoyo mutuo, presión sindical desde los centros de trabajo. Cosas que aguanten más allá de una manifestación un sábado.
Exigir cambios estructurales de verdad. Basta de parches anuales. Necesitamos leyes que blinden derechos y, yendo más al fondo, un modelo económico que anteponga las necesidades de la gente al beneficio de cuatro.
Derechos, no caridad.
Lo del 27 de enero no es un simple episodio parlamentario más. Es la prueba de que sin organización popular, nuestros derechos son papel mojado. Que un puñado de diputados puedan decidir si este año hay protección contra desahucios o no, si se pueden cortar suministros o no, demuestra lo frágil que es todo cuando no lleve poder social organizado detrás.
Toca convertir el cabreo en organización. La protesta está bien, pero sin propuesta y sin estructura que la sostenga, se la lleva el viento. Hay que construir poder desde abajo, el tipo de poder que haga que ningún parlamento se atreva a jugar con lo básico. Porque al final, la vivienda digna, la luz en casa y una pensión con la que vivir no son regalos de ningún gobierno. Son conquistas de la gente cuando se organiza y planta cara.
¿Quieres actuar? Contacta con organizaciones de tu barrio que luchan por la vivienda digna, únete a plataformas contra la pobreza energética, participa en asambleas sindicales… La movilización empieza donde vivimos y trabajamos. Votar en las elecciones nunca será suficiente.

