Las imágenes de la DANA que devastó Valencia en octubre de 2024 están grabadas a fuego en la memoria colectiva: coches apilados como juguetes rotos, calles convertidas en ríos de barro y mucho dolor por las muertes de tantas personas y la devastación de quienes lo perdieron todo o casi todo. Sin embargo, una vez que las aguas y las consecuencias más visibles de la riada se han ido paliando, aún queda sobre la mesa una realidad mucho más profunda y perturbadora.
Porque la DANA destapó no solo una grave destrucción material y de vidas humanas, sino también las grietas sistémicas de una sociedad precarizada y de un modelo institucional de respuesta a las emergencias y las vulnerabilidades sociales que el pasado 29 de octubre de 2024 acreditó ser, además de ineficaz, una trampa mortal.
Más allá de la necesaria referencia a los daños, a la justicia necesaria y a la responsabilización pública que sigue sin producirse realmente, hay que plantearse las varias cuestiones cruciales que cabe extraer de esta tragedia. Ignorarlas y seguir confiando básicamente en el hormigón, como han optado desde los gobiernos autonómicos, local y estatal, implica arriesgarse a perpetuar futuros desastres, al tiempo que se dejan sin respuesta las muchas necesidades sociales y ambientales que siguen desatendidas después de transcurrido más de un año desde el 29 O.
1. Los errores de las canalizaciones de hormigón y de la restauración paliativa
Analizar el actual paradigma institucional de gestión de riesgos no puede limitarse a un mero ejercicio técnico o académico, porque se trata primeramente de una cuestión básica de justicia social y de atender una necesidad estratégica para el bienestar futuro de nuestras poblaciones. Porque, si algo nos enseñó la DANA de forma brutal, son las limitaciones de un modelo basado básicamente en las defensas estructurales contra el discurrir natural de las aguas y en las reacciones paliativas tras los desastres acontecidos. Un enfoque además, que nos sigue manteniendo peligrosamente expuestos frente a futuros incidentes vinculados al cambio climático acelerado que vivimos.
La presión social y popular continuada ha conseguido, en efecto, la dimisión del presidente de la Generalitat, Carlos Mazón. Pero esto no ha supuesto un cambio real de las políticas en esta materia y está sirviendo más como muro de contención contra la exigencia de mayores responsabilidades, tanto judiciales como con respecto a la gestión practicada por los gobiernos autonómico, estatal y municipales.
Antes que un cambio real, cabe hablar de la continuidad de estas políticas que condujeron al desastre humano, social y medioambiental sufridos en Valencia. De modo que, como resaltan los CLERs (Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción), sigue siendo imprescindible una movilización ciudadana masiva, tanto para exigir las responsabilidades políticas como para evitar lo que c0onsideramos un «aprovechamiento» corrupto de las tareas de reconstrucción.
Y es que, como veremos con detalle al final o en otras entradas, sigue resultando imprescindible organizar la implicación social y ciudadana en todos los ámbitos de respuesta frente a los desastres climáticos, mediante la confluencia de los movimientos sociales para defender los servicios públicos y los derechos humanos ante el modelo basado en la especulación que quieren seguir manteniendo desde las administraciones públicas.
Análisis del paradigma obsoleto
Como también ponen de manifiesto los pronunciamientos de organizaciones (CLER, asociaciones de familiares y de afectados y ecologistas) la crítica fundamental al enfoque adoptado por las administraciones públicas es que confunde control con seguridad. Durante décadas, junto con los recortes sistemáticos de recursos y el urbanismo depredador, se viene operando bajo un paradigma de «proteger y reaccionar», centrado en el control de las amenazas a través de mega-soluciones de ingeniería y de gestión de las emergencias una vez producidas.
Sin embargo, la alternativa al fracaso de este modelo que acabamos de padecer pasa por avanzar hacia un nuevo enfoque basado en «adaptar y prevenir», orientado a la gestión integral del riesgo que también incluya la participación social y la defensa del medio ambiente y las condiciones de vida de la mayoría poblacional. Un nuevo modelo que sea capaz de asumir realmente las amenazas predecibles, dada la creciente intensidad y frecuencia de eventos extremos impulsados por el cambio climático como esta DANA.
Todo lo contrario del enfoque actual de las administraciones públicas, obsesionado con las infraestructuras y que ignora sistemáticamente los aspectos sociales del riesgo, tratando el desastre como un problema técnico y no como lo que realmente es: un fenómeno social con consecuencias devastadoras y desiguales.
La respuesta a esta obsolescencia no puede ser más de lo mismo. Usar la planificación estratégica para evitar actuaciones improvisadas que, a la larga, solo reproducen y agravan la vulnerabilidad, implica una revisión profunda del planeamiento urbanístico bajo criterios de resiliencia climática, el fomento de modelos urbanos compactos, sociales y sostenibles, y el refuerzo de la planificación hidrológica preventiva.
Se trata de dejar de construir muros para empezar a construir comunidades preparadas. El modelo fallido que se ha venido implementando por intereses muy concretos, ciego a las realidades sociales, no solo ha mostrado ser ineficaz e incluso criminal, también resulta profundamente injusto, pues su impacto se distribuye de manera dramáticamente desigual entre la población e incrementa estas mismas situaciones.
2. El desastre no fue igual para todos: La crisis invisible de la vulnerabilidad social
Existe una idea errónea de que una catástrofe natural es un «gran ecualizador» que afecta a todos por igual. Nada más lejos de la realidad. La DANA de Valencia actuó como un cruel amplificador de las desigualdades sociales preexistentes, golpeando con una dureza desproporcionada a los colectivos más frágiles.
El informe de la Plataforma del Tercer Sector (PTS) de la Comunidad Valenciana pone nombre y rostro a quienes sufrieron un impacto agravado, aquellos que ya partían de una situación de desventaja:
- Personas en situación de pobreza y exclusión social , cuya falta de recursos económicos les impidió afrontar la pérdida de enseres básicos o encontrar una alternativa habitacional.
- Personas mayores y con discapacidad , que no solo enfrentaron barreras de movilidad durante la evacuación, sino que también perdieron dispositivos de asistencia personal indispensables como sillas de ruedas o audífonos, dejándolos en una situación de extrema dependencia.
- Población migrante, personas sin empadronamiento o en situación administrativa irregular , cuya invisibilidad administrativa les dificultó el acceso a ayudas y servicios de emergencia.
- Personas que vivían en régimen de alquiler, chabolas o infraviviendas , a menudo ignoradas por las ayudas institucionales, que se centraron principalmente en los propietarios, dejando a miles de familias en un limbo legal y habitacional.
La vulnerabilidad de estos grupos sociales no es una casualidad, sino el resultado de procesos estructurales. El modelo de desarrollo neoliberal, basado en un crecimiento urbanístico desmedido, ha empujado a las poblaciones con menos recursos a localizarse en zonas inundables y en infraviviendas.
La precariedad laboral, la falta de ahorros o la ausencia de redes de apoyo formal son las «condiciones inseguras» que convirtieron la riada en una catástrofe social. Esta fractura se vio agravada, como denuncian muchas organizaciones sociales y/o vinculadas al Tercer Sector, como la red EAPN CV, por el alarmante incremento de discursos de odio —racismo y antigitanismo— que buscaron culpables en los primeros días, en lugar de ofrecer soluciones.
3. La marea solidaria: Cuando la ciudadanía se convierte en la primera respuesta
Frente a una respuesta de las administra públicas considerada universalmente como lenta, inexistente o insuficiente, las calles inundadas de las poblaciones fueron testigo de un fenómeno extraordinario: una marea masiva, espontánea y más o menos autoorganizada y coordinada de voluntariado proveniente de múltiples lugares. Este fue uno de los pilares fundamental para la ayuda inmediata y más urgente. Fue una respuesta que puso en evidencia el vacío dejado por un modelo institucional crónicamente carencial en infraestructuras y servicios por la falta de inversiones provocada por las políticas socio-liberales del bipartidismo.
Un modelo, igualmente, centrado en la respuesta técnica institucionalizada, pero carente de protocolos para integrar la participación ciudadana y de la sociedad civil, tanto en las horas más críticas como posteriormente.
El papel del voluntariado fue, a la vez, la solución a muchos problemas inmediatos y el síntoma de una profunda brecha en la planificación institucional. Diversos informes realizados dimensionan este gran esfuerzo heroico: solo la Plataforma del Voluntariado de la Comunitat Valenciana (PVCV) movilizó a 12.300 voluntarios, que realizaron tareas esenciales como la limpieza de viviendas y calles o el reparto de alimentos y medicinas. Y también muchas otras organizaciones, como los CLERs, multitud de asociaciones de todo tipo, incluyendo las Brigadas voluntarias, desarrollaron iniciativas en este sentido..
Esta respuesta admirable no solo fue la casi única respuesta, sino que igualmente desveló la falta de mecanismos institucionales para canalizar la ayuda ciudadana, un vacío de participación social que hizo que la solidaridad se tuviera que desarrollar a base de iniciativas y de esfuerzos particulares.
4. Alternativa y estrategias de Resiliencia
La riada de Valencia ha sido mucho más que un desastre climático; ha sido un diagnóstico implacable de las carencias y debilidades de la administración pública actual. Ha expuesto un modelo de gestión de riesgos obsoleto, ha visibilizado una fractura social que condena a los más vulnerables y ha revelado vacíos institucionales que fueron cubiertos por la solidaridad ciudadana. La verdadera reconstrucción, por tanto, no puede consistir en volver a la «normalidad» institucional que nos hizo vulnerables en primer lugar.
El camino a seguir debe ser el de forjar un nuevo paradigma de resiliencia. La alternativa es un modelo de gestión integral del riesgo que ponga la vulnerabilidad social y la participación ciudadana en su núcleo. Esto significa que resulta imprescindible involucrar a la ciudadanía no solo en las labores de limpieza post-desastre, sino en las fases de planificación, prevención y diseño de los protocolos de emergencia.
Construir comunidades resilientes supone fortalecer las capacidades sociales, mejorar la gobernanza democrática multinivel y diseñar un modelo territorial más seguro, sostenible e inclusivo, antes de que llegue la siguiente riada o el próximo desastre. Hay que transformar la tragedia sucedida en un catalizador para un cambio estructural dentro y fuera de las poblaciones afectadas por la DANA, asegurando que la próxima vez el barro y el agua no encuentren grietas sociales que convertir en abismos.
Para transformar el modelo de gestión del riesgo sería necesario, a grandes rasgos:
- Integración de la Vulnerabilidad Social: Superar el modelo puramente técnico-ingenieril por uno que analice los elementos generativos, capacitivos y experimentativos de la vulnerabilidad. Esto implica identificar las causas profundas (modelo de desarrollo neoliberal) y reforzar las capacidades comunitarias antes del desastre.
◦ Renaturalización de ríos: Recuperar bosques de ribera que actúan como frenos naturales contra el agua.
◦ Restauración de costas: Recuperar sistemas dunares y praderas de Posidonia que funcionan como escudos protectores frente a temporales.
◦ Control de conectividad hídrica: En zonas agrícolas, implementar cubiertas verdes y barreras vegetales para reducir la velocidad de la escorrentía y evitar la erosión explosiva.
- Planificación Urbana Resiliente: Revisar el planeamiento urbanístico para evitar la construcción en zonas inundables y promover modelos de ciudades que «trabajen con el agua» mediante pavimentos permeables y parques de inundación.
- Participación ciudadana y social. Entre las principales organizaciones ciudadanas surgidas tras la DANA, cabe destacar los Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción (CLER) así como el Acord Social Valencià, que es una plataforma de sindicatos, movimientos sociales y familias de víctimas que exigen críticamente una reconstrucción justa y sostenible frente a las carencias y responsabilidades institucionales. Ambas instancias integran, dentro de cada localidad y en conjunto, tanto a personas con especial sensibilidad hacia esta problemática como asociaciones y entidades de diverso tipo de la sociedad civil.
Pero tanto los CLER como Acord Social comparten la misma lucha y movilización unitarias por una reconstrucción tras la DANA, sin Gürtel ni contrataciones públicas a dedo con empresas «vinculadas» al poder, proponiendo órganos supramunicipales con las administraciones para agilizar la recuperación de escuelas y servicios públicos. Por eso mismo rechazan los planes de la Generalitat como «Endavant» que ignoran la huerta y la seguridad ciudadana, así como las iniciativas de las administraciones públicas que no incluyan la participación directa de los y las afectadas.ó.

Referencias
- https://www.elsaltodiario.com/valencia/comites-locales-emergencia-reconstruccion-crean-una-red-autogestionada-alerta-danas
- https://www.rtve.es/noticias/20251028/red-vecinos-nacio-del-barro-ahora-pide-ser-escuchada-reconstruccion-dana/16787755.shtml
- https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/acord-social-valencia-exige-enmienda-totalidad-presupuestos-consell-son-programa-vo…
- https://www.hortanoticias.com/comites-locals-emergencia-i-reconstruccio-dana-exigen-retirada-plan-endavant/
- https://www.youtube.com/watch?v=FMXEAfR_Tbw
- https://elrogle.es/cas/els-cler-la-resposta-ciutadana-a-una-catastrofe/
- https://federacioveinspalma.org/acord-social-valencia-la-reconstruccio-com-a-resposta-del-poble/
- Reconstrucción y Resilencia tras la Dana de octubre de 2024 en Valencia
- La incorporación de la vulnerabilidad social en la gestión integral del riesgo de inundación
- Memoria de IMPACTO: LA DANA DE VALENCIA SEIS MESES DESPUÉS
- Resiliencia Solidaria: Informe Integral de las Entidades del Tercer Sector de Acción Social de la Comunidad Valenciana ante la DANA 2024

