La visita europea al paisaje post DANA de Valencia debe incluir a la ciudadanía.

Imagen por IA de vecinos exigiendo participar en encuentros con autoridades europeas

Según la información proporcionada, el 17 y 18 de febrero una delegación de al menos doce gobiernos intermedios (Diputaciones, provincias, áreas metropolitanas) de la Unión Europea visitará l’Horta Sud para comprobar sobre el terreno el avance de la reconstrucción tras la DANA del 29 de octubre de 2024. Ante estas previsiones, los Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción (CLER) de las localidades reclaman algo tan básico como democrático: que las personas afectadas puedan explicar directamente a estos responsables políticos su realidad concreta, yendo más allá de la propaganda.

La Mancomunitat de l’Horta Sud, que este año ejerce la presidencia del consorcio europeo Partenalia y actúa como anfitriona del encuentro, ha programado un intenso calendario de actos políticos y técnicos en municipios como Torrent, con reuniones del Consejo Político de Partenalia y sesiones sobre participación juvenil. Eso está muy bien, porque estas iniciativas refuerzan la centralidad de la comarca en la agenda europea y abren puertas a nuevas alianzas y fondos para proyectos de reconstrucción y transformación territorial.

Pero si hablamos de “políticas para las personas”, como insiste el propio presidente de la Mancomunitat y de Partenalia, José F. Cabanes, es imposible diseñarlas sin escuchar directamente a las poblaciones y a las personas damnificadas. Eso es exactamente lo que denuncian los CLER, mediante una nota de prensa difundida a los medios.

Una herida abierta tras la DANA

La DANA del 29 de octubre de 2024 dejó en l’Horta Sud una auténtica catástrofe social, económica y territorial, con personas fallecidas y desaparecidas, viviendas y negocios arrasados, infraestructuras destrozadas y barrios enteros inundados. Estudios posteriores han cuantificado una devastación sin precedentes: solo en los 20 municipios de l’Horta Sud, la población de las zonas inundadas supera las 214.000 personas, cerca de la mitad de quienes viven en la comarca, y el 31,1% de su territorio quedó afectado por las aguas.

sin embargo, mientras que los grandes centros comerciales y polígonos industriales han recuperado su actividad con relativa rapidez, todavía hoy muchas familias siguen viviendo en carne propia una reconstrucción a dos velocidades: niñas y niños que dan clase en barracones, centros de mayores cerrados, polideportivos, casas de cultura, bibliotecas, centros de salud, parques y escuelas de personas adultas aún sin rehabilitar. No hablamos solo de edificios: hablamos de los espacios cotidianos de socialización, de cuidados y de apoyo mutuo que hacen posible la vida en común.

Reconstruir contra el territorio o con el territorio

Los Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción llevan más de un año alertando sobre un modelo de reconstrucción que reproduce los errores que han hecho tan vulnerables a nuestras comarcas: urbanización masiva, infraestructuras que bloquean la salida natural del agua hacia el mar y destrucción de la huerta periurbana que actúa como esponja frente a las lluvias torrenciales.

La propia Confederación Hidrográfica del Júcar admite que los daños de la DANA se explican en buena parte por la intensidad de las precipitaciones sobre un territorio ya muy presionado por infraestructuras y expansión urbana. Aun así, en municipios como Alfafar, Xirivella, Picanya o Aldaia se han aprobado proyectos que eliminan miles de metros cuadrados de huerta fértil, justo cuando más falta hace recuperar su función ecológica como herramienta de laminación de avenidas y defensa frente a futuras inundaciones.

Y, en paralelo, la Generalitat ha presentado un macroproyecto de parques inundables y corredor verde ligado a las cuencas del Poyo y del Turia, con 18 sectores, 1.485 hectáreas y más de 72 kilómetros de recorridos verdes. Bien orientado, este tipo de iniciativas podría ser una oportunidad extraordinaria para renaturalizar el territorio, reforzar la huerta, crear empleo verde y proteger barrios populares, pero siempre que se diseñe con participación real de la población afectada y no como un escaparate pensado desde arriba.

La visita europea como oportunidad para la democracia local

La visita de Partenalia y de los gobiernos intermedios europeos llega en un momento clave: está en juego si la reconstrucción de l’Horta Sud se convertirá en un laboratorio de políticas neoliberales de “resiliencia” al servicio del negocio urbanístico o en un ejemplo de transición ecosocial impulsada desde abajo.

Por eso es tan importante la propuesta de los CLER para que la delegación europea se reúna también con la ciudadanía y recorra la “otra zona cero”: las escuelas en barracones, los centros de salud aún cerrados, los barrios sin equipamientos, las huertas amenazadas por nuevos planes urbanísticos.

Escuchar esta realidad no es un gesto simbólico, sino la condición mínima para construir unas políticas europeas de reconstrucción que tengan como eje la justicia social y la justicia climática, no solo la absorción de fondos y proyectos-escaparate, como se pretende.

Reconstrucción ecosocial y poder vecinal

En l’Horta Sud se podría estar construyendo una referencia europea de reconstrucción ecosocial si se asumiera, de verdad, que las comunidades afectadas son protagonistas y no meras invitadas. Eso pasa, también, por reconocer y fortalecer los CLER como espacios de autoorganización popular, incorporarlos de manera vinculante al diseño de los planes de emergencia, de renaturalización y de equipamientos, y priorizar los proyectos que combinan adaptación climática, defensa de la huerta y garantía de derechos básicos como vivienda, educación, salud o cultura.

La experiencia de planes de agriculturas urbanas, como el de València, o de corredores verdes y parques inundables en otras ciudades europeas, muestra que es posible articular políticas metropolitanas que protegen el territorio, generan empleo y aumentan la resiliencia frente a fenómenos extremos, siempre que se acompañen de procesos serios de participación y control ciudadano.

Si estos días Europa mira hacia las comarcas afectadas por la DANA, es el momento de que vea también a quienes, desde hace 16 meses, sostienen el territorio y se organizan para que la reconstrucción no se haga contra sus vidas. Que la foto oficial de la visita no borre las voces que, precisamente, pueden convertir l’Horta Sud en un ejemplo europeo de democracia local, defensa de la huerta y justicia climática.

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