El ojo que ve sin contexto es el ojo que sirve al poder.

Diseño por IA sobre mirada y manipulación

La política de la mirada en tiempos de ofuscación. Un análisis marxista y psicológico.

¿Cuántas imágenes has visto hoy? Docenas, quizás cientos. Imágenes de guerra, de precariedad, de lujo obsceno, de protestas, de catástrofes. Y sin embargo, algo falla. La acumulación de imágenes no produce claridad: produce ofuscación y parálisis.

José W. Legaspi lo formula con precisión en su artículo «Ver no alcanza. La política de la mirada en tiempos de ceguera organizada«. Ver es el simple acto sensorial de recibir información visual. Mirar es un acto político: supone posicionarse, interpretar, preguntar desde dónde y para quién.

Esta distinción no es semántica. Es, en el fondo, la diferencia entre la ideología y la conciencia de clase.

La ofuscación como producto del capitalismo

Marx señalaba que la clase dominante no solo controla los medios de producción material, sino también los medios de producción intelectual: las ideas, las representaciones, los relatos sobre la realidad. En el capitalismo contemporáneo, ese control se ha extendido al campo visual: quién produce las imágenes, qué encuadres se imponen, qué se oculta y qué se hace viral son decisiones que no son inocentes.

La «ceguera organizada» no es fruto de la ignorancia espontánea de las masas, sino de un sistema deliberado de administración perceptiva. El capitalismo no oculta brutalmente la realidad: la satura para ofuscarla. Produce un exceso de imágenes, datos y narrativas que, lejos de iluminar, generan ruido, confusión y una sensación permanente de que «ya lo sé todo y no puedo hacer nada».

De este modo, la ideología ya no es solo un discurso, es un dispositivo material que entrena la atención, la memoria y la sensibilidad. Las plataformas digitales, los algoritmos de recomendación, los medios corporativos. Todos participan de este entramado que nos hace ver mucho y mirar poco.

La psique fragmentada bajo el capitalismo visual

Desde la psicología marxista —la tradición que arranca de Vygotski y llega hasta análisis contemporáneos sobre subjetividad y capitalismo— sabemos que la mente no es un receptor pasivo de estímulos, sino el resultado de las relaciones sociales en que se inscribe.

El trabajador y la trabajadora no solo venden su fuerza de trabajo: venden también su tiempo de atención, su vida emocional, su capacidad de asombro. Cada scroll, cada indignación performática en redes, cada ciclo de noticias que se olvida al día siguiente es una forma de alienación de la percepción.

Esta alienación visual produce síntomas psicológicos concretos:

  • Fatiga informativa: la sobrecarga de imágenes agota la capacidad crítica antes de que pueda activarse.
  • Impotencia aprendida: Ver tantas catástrofes sin poder intervenir genera la creencia de que el cambio es imposible.
  • Disociación afectiva: el dolor ajeno se vuelve espectáculo; la empatía se convierte en consumo emocional sin consecuencias.

Se trata, por tanto, de una doble alienación. Las personas están separadas no solo de los productos de su trabajo, sino también de su propia capacidad de comprender y transformar la realidad.

 La política de mirar como práctica militante

Si la ceguera es organizada, la mirada crítica también debe serlo. No se trata de «ver mejor» a título individual —ese es el camino del consumidor ilustrado que compra libros de pensamiento crítico y sigue igual—, sino de construir marcos colectivos de interpretación que pongan en el centro las relaciones de clase, el poder y la estructura social.

La política de la mirada, entonces, no es solo un ejercicio estético ni una pedagogía abstrusa, sino otro frente de lucha. Porque mirar desde una perspectiva marxista implica:

1. Romper el encuadre dominante. Toda imagen tiene un fuera de campo o de foco. La lucha comienza por preguntar qué no se muestra, quién decidió el corte, qué relaciones de poder sostienen ese encuadre.

2. Restituir la historicidad. La precariedad, el desahucio, la migración forzada, la pobreza, no son catástrofes naturales ni fatalidades individuales. Son el resultado de decisiones políticas concretas al servicio de intereses de clase. Ver eso en cada imagen es ya un acto de ruptura ideológica.

3. Pasar de la mirada pasiva a la mirada activa. La mirada pasiva se compadece, se indigna, comparte la publicación y sigue. La mirada militante vincula lo que ve con una práctica colectiva: la organización, la huelga, la alternativa, la lucha.

4. Des-mercantilizar la experiencia perceptiva. Recuperar tiempos de pausa, de lectura profunda, de diálogo colectivo es hoy un acto de resistencia. Frenar la aceleración del consumo visual para poder mirar propiamente es condición necesaria para recuperar la capacidad de pensar.

Una propuesta: la mirada como práctica de clase

El comunismo no es solo la transformación de las relaciones de propiedad sobre los medios de producción material. Es también —y esto a menudo se olvida— la emancipación de la subjetividad de clase: recuperar individual y colectivamente la mirada, el pensamiento y el deseo como capacidades que no están al servicio de la acumulación capitalista.

Una psicología marxista consecuente debe plantearse hoy la pregunta de cómo des-alienar la percepción, cómo construir, en los espacios de organización colectiva, prácticas que permitan a la clase trabajadora ver el mundo no a través de las categorías que el capital impone, sino desde sus propias experiencias, intereses y proyectos históricos.

La alternativa a ver no es simplemente «mirar mejor». La alternativa es mirar desde la clase, desde la lucha, desde la conciencia de que lo que vemos no es el mundo tal como es, sino tal como el poder quiere que lo veamos.

Para esta misión clave, todas las aportaciones sirven.

miradadeclasermed

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Boletín semanal de novedades

Recibe en tu email un correo semanal con todas las nuevas entradas publicadas en esta web










Sumario

Subscribete por email!