Mientras los misiles caen sobre Irán y el gasto militar se dispara, el Gobierno Sánchez-Díaz presume de “dignidad” por vetar a EEUU utilizar las bases de Rota y Morón. Pero son muchas más las cuestiones pendientes: auditoría del uso de las bases de la OTAN; frenar al aumento del gasto en defensa; debate público sobre qué modelo de seguridad queremos: con más presupuesto para la guerra como ahora o bien para la sanidad, vivienda y educación… Por desgracia, estas exigencias básicas tampoco figuran en el pasquín llamado “carta a la militancia” que la dirección del PCE está difundiendo…
¿Hasta cuándo vamos a aceptar que se decida fuera cómo se usa nuestro territorio y a qué se destina nuestra riqueza colectiva?
La ofensiva de Israel y Estados Unidos contra Irán ha abierto una nueva fase de la guerra global que se libra a través de múltiples frentes. Palestina, Líbano, Yemen, Siria o Ucrania son solo algunos de ellos. No se trata de episodios aislados, sino de una misma lógica de dominación que combina bombardeos, sanciones y control de rutas energéticas para sostener la hegemonía de un bloque imperialista en crisis.
En este contexto, la decisión del Gobierno español de vetar el uso de las bases de Rota y Morón en la agresión contra Irán es un hecho importante y muy positivo. Por primera vez, un Ejecutivo del Estado se ve obligado a poner un límite público al uso de instalaciones que han sido pieza clave del dispositivo militar de Estados Unidos en el Mediterráneo y Oriente Medio durante décadas. Esa posición contrasta con la sumisión de Francia, Alemania y Reino Unido, y con el servilismo explícito del PP y Vox, alineados sin matices con las amenazas de Trump.
Pero si queremos hacer análisis, y no solo propaganda, hay que decir toda la verdad. La misma administración que hoy presume de “dignidad” en Rota y Morón ha superado en mucho el 2% del PIB en gasto militar, y ha aceptado un marco de “rearme” que empuja a los países de la OTAN hacia el 5% del PIB para “defensa y seguridad” en 2035. Mientras se nos pide aplaudir un veto coyuntural, se blindan los presupuestos para una década de rearme.
Tampoco podemos hablar de bases sin mirar qué significan en la vida de la gente. En la última década, Rota y Morón han perdido alrededor del 25% de sus empleos civiles, pese al aumento del despliegue militar y del escudo antimisiles. Donde se prometía “desarrollo y trabajo”, lo que crecen son la precariedad, la subcontratación y la dependencia de decisiones tomadas en Washington.
Frente a la brutalidad de los bombardeos sobre Irán, que han dejado cientos de muertes y miles de instalaciones civiles dañadas –escuelas, viviendas, comercios, centros médicos–, la defensa del Derecho Internacional no puede ser selectiva. No basta con denunciar a EEUU e Israel cuando nos conviene y guardar silencio ante otras guerras o intervenciones del propio bloque occidental. Un antiimperialismo serio rechaza todas las violaciones, vengan de donde vengan, y se coloca del lado de los pueblos, no de las élites de uno u otro Estado.
“OTAN no, bases fuera” sigue siendo una consigna necesaria, pero si queremos que deje de ser un mantra para convencidos y se convierta en programa de mayoría, hay que darle contenido. Eso implica auditar el uso de las bases, recuperar soberanía parlamentaria sobre cualquier operación militar, diseñar planes de reconversión económica para las comarcas afectadas y vincular la lucha contra la guerra con la defensa de salarios, vivienda y servicios públicos.
Porque cada euro que se va a misiles es un euro que se le quita a una enfermera, a un aula o a un tren de cercanías. Y cada base militar extranjera es un recordatorio de que nuestra soberanía –económica, energética y política– sigue secuestrada por intereses que no son los de la mayoría. Sin embargo, dentro de ciertas fuerzas “antiimperialistas” no son éstos los planteamientos que se hacen. Una pequeña muestra la tenemos en el “pasquín” publicado por el partido comunista, como ahora veremos.
Carta a la militancia del PCE…
Recién acaba de difundirse una carta de la dirección del PCE a la militancia sobre este mismo tema. Una carta, sin embargo, con alguna luz y largas sombras. Porque acierta al denunciar la ofensiva de Israel y EEUU contra Irán y enmarcarla en una escalada regional, pero lo hace con un tono digamos “propagandístico” que debilita su capacidad analítica y propositiva. Además, presenta como verdades absolutas ideas discutibles, por ejemplo que Irán sería el “único” actor capaz de frenar a Israel o que vivimos “el escenario más peligroso en ochenta años”, sin aportar datos comparativos ni referencias a otros momentos de máxima tensión (ver infografía al final).
E igualmente, sobredimensiona el papel del propio PCE en la decisión del Gobierno sobre Rota y Morón, además de presentar al Ejecutivo del PSOE-Sumar como “el más decente del bloque occidental”, obviando descaradamente sus contradicciones previas en la OTAN y el aumento del gasto militar español exigido por la Alianza y que se viene produciendo cada Consejo de Ministros (con presencia de comunistas).
Finalmente, tampoco se habla de Irán como algo más que un Estado agredido, sin considerar (recogiendo el llamamiento de los comunistas en este país, por ejemplo) la realidad de su sociedad, sus conflictos internos y la lucha Interna de los movimientos populares.
Es lo que hay.
