No uno sino muchos 8 de Marzo.

Diseño por IA que muestra las divisiones en el movimiento feminista

Este 8 de marzo nuestro país volverá a ser un escenario de reivindicación feminista, donde también quedarán reflejadas las profundas tensiones y contradicciones existentes en este movimiento, planteadas al compás -podríamos decir- de la lucha de clases y de posiciones realmente existentes.  

Como muestran las convocatorias realizadas a lo largo y ancho de nuestra geografía, estamos ante un escenario fragmentado, donde los debates identitarios y las luchas simbólicas conviven —y a veces chocan— con las reivindicaciones concretas y/o con la acción institucional. Se trata de una escalada que comenzó hace años y que parece articularse en torno a dos narrativas y referentes principales, como muestra en términos muy generales la tabla siguiente.

OrganizacionesComisiones 8M (Interseccionales)Movimientos y Coordinadoras feministas
Lema para el 8M«Feministas antirracistas, ¡a las calles!»«Mujeres en lucha contra el machismo global»
Sujeto PolíticoSujeto plural e interseccional (mujeres, trans, no binarias).Las mujeres y niñas (sujeto basado en el sexo biológico).
Enfoque CentralAntirracismo, precariedad y justicia social.Abolición de la prostitución, de la pornografía y vientres de alquiler.
Posición ante la Ley TransA favor. Defensa de la autodeterminación de género como derecho humano.Exigencia de derogación o reforma por considerar que «borra» a las mujeres.
Visión EconómicaCrítica al capitalismo y defensa de los servicios públicos.Crítica a la mercantilización del cuerpo femenino (OnlyFans, trata).

Un tercer grupo que cabe mencionar es el vinculado a los actos institucionales convocados según el color político de su gobierno, como la campaña «8M. 8 Mujeres, 8 Motivos» de la Delegación del Gobierno en Madrid para galardonar a mujeres con trayectorias destacadas en diversos ámbitos. O la campaña del Ministerio de Igualdad «Mujeres de alto valor». Iniciativa muy criticada desde la derecha y la izquierda. Esta última, por su superficialidad y por el presupuesto dedicado (gasto millonario en agencias como Ogilvy), así como por desarrollar una orientación que distrae de los problemas reales existentes (brecha salarial, violencia machista persistente…) y desmoviliza a los enfoques movimentistas reivindicativos y de clase.

Omisiones y Contradicciones generales

Situándonos en un terreno más político e ideológico, cabría definir las diferencias en torno a varios ejes:

· Ruido institucional vs. la voz de la calle.  La contradicción más llamativa se acaba de dar, seguramente, en Valencia, donde un ayuntamiento que dice estar «sensibilizado con el 8M» programa un acto festivo que interfiere directamente con la protesta que ya estaba convocada. Esta acción, realizada por una alcaldesa del PP, es un ejemplo claro de cómo las políticas de igualdad pueden quedar vacías de contenido, pero seguramente habrán muchos más y de distinta orientación política.

· Aspectos identitarios vs. confluencia. La división en las horas y recorridos de las marchas convocadas en las ciudades grandes constituye otra contradicción notoria. Frente a la opinión generalizada dentro y fuera del movimiento feminista, que considera que «deben ir todas juntas» y que la división «separa», las diversas organizaciones siguen enrocadas en sus posiciones. Priorizan la pureza ideológica identitaria (p.e. abolición vs. derechos trans) por encima de la construcción de un sujeto político colectivo capaz de ejercer un impacto real. Del mismo modo que ocurre con la cuestión sobre el trato a dar a la prostitución, sin duda muy importante, pero que también puede eclipsar la posibilidad de construir un relato común contra la precariedad, la violencia o la falta de vivienda que afectan a la mayoría de las mujeres.

· Omisión clara de la precariedad laboral y migrante en la mayoría de manifiestos y llamados. Aunque las trabajadoras del hogar y los cuidados han ganado centralidad en algunas convocatorias (como la de la Comisión 8M) y se menciona la necesidad de «papeles para todas», la crítica al modelo económico que genera esta precariedad suele quedar diluida en un mar de consignas etéreas. La lucha contra la precariedad, el desempleo femenino o la brecha salarial, aunque presentes, siguen entregando todo protagonismo a las cuestiones simbólicas.

· Feminismo «institucional» vs. «feminismo de base». Iniciativas como los premios de la Delegación del Gobierno de Madrid, que intenta visibilizar referentes positivos de las mujeres, pueden ser percibidas como un «feminismo testimonial», plenamente compatible con políticas de recortes o con la falta de avances en la abolición de la prostitución que denuncia el Movimiento Feminista. La propia Yolanda Díaz, de Sumar, que ha llamado “a tomar las calles”, personifica esta tensión entre el feminismo que se ejerce desde las instituciones y el gobierno donde ella misma se sienta y el feminismo que protesta contra ellas, por lo que hacen y por lo que no.

Críticas al manifiesto del PCE

Aunque esta fuerza política está imbricada en la coordinadora feminista estatal, como comunistas resulta interesante analizar este caso particular desde una perspectiva independiente (y de clase), por lo que nos basaremos en el manifiesto para el 8M titulado «No vamos a volver al blanco y negro. Contra el fascismo, feminismo recién publicado en la web del PCE.

Se trata de un llamado que busca articular una unidad de lucha entre el feminismo y la oposición al fascismo, situando el combate contra la extrema derecha política como una condición para la defensa y ampliación de derechos de las mujeres (pero dejando la puerta abierta para un concepto retórico del fascismo, concebido no solo como oposición a partidos ultraderechistas sino como postura global contra “discursos de odio” que fragmentan a los sectores oprimidos). Una unidad, igualmente, que defienda lo que llaman un programa de “100 % para la vida”, basado en priorizar los recursos públicos hacia sanidad, educación, cuidados y políticas de igualdad, frente al gasto militar.

El problema cabría situarlo, por tanto, en lo que no se menciona en el documento. Ya que en el mismo no se encuentra ninguna concreción de contenido y reivindicaciones como clase trabajadora; ni una definición menos retórica y más rigurosa del fascismo; ni propuestas tácticas concretas hacia el movimiento feminista; ni -en fin- una articulación internacionalista plasmable en acciones.

Omisiones más que significativas porque, para avanzar en una agenda que fortalezca a la clase trabajadora y a los movimientos feministas, sería crucial integrar un análisis concreto de la explotación capitalista aquí y ahora, así como plantear estrategias de organización popular y prioridades de movilización que trascendieran lo identitario o la mera retórica institucional y electoral (ver análisis más detenido próximamente).

Alternativas para un feminismo movilizador y combativo.

Entre las propuestas que podrían enriquecer el debate y la práctica feminista concreta y efectiva que venimos analizando, proponemos:

1.- Pasar del monólogo identitario al diálogo transversal: Sería necesario buscar espacios de encuentro más allá de las siglas. Por ejemplo, en lugar de marchas separadas, se podrían organizar manifestaciones con un recorrido común y bloques diferenciados que expresasen la diversidad, mostrando que la pluralidad es una fortaleza, no una debilidad. El objetivo común (contra el patriarcado, el fascismo y la precariedad) debería primar sobre las diferencias tácticas.

2.- Re-politizar la lucha económica. Las alternativas deben pasar por centrar el foco en las causas materiales de la desigualdad. Esto implica vincular de manera más explícita la lucha feminista con la lucha de clases y también con lo que hacen las instituciones, poniendo en el centro la precariedad laboral de las migrantes, la crisis de los cuidados, el acceso a la vivienda o la defensa de los servicios públicos.

3.- Recuperar el 8M como día de lucha. Frente a la «contraprogramación» institucional (fuegos artificiales en Valencia) o la folklorización de la fecha (comidas sindicales, tardeos y eventos festivos), resulta esencial defender el 8M como un día de paro, huelga y protesta de las mujeres trabajadoras. La fiesta no puede tapar la denuncia. Es necesario igualmente, para no perder referentes, mantener viva la memoria de las trabajadoras que lucharon antes y el espíritu reivindicativo que dio origen a esta fecha.

4.- Feminismo de Base y Proximidad. Priorizar las asambleas de barrio y pueblo sobre las grandes marchas de capital, permitiendo que las demandas locales (transporte público, centros de salud, guarderías) recuperen el protagonismo.

5.- Cuidados Corresponsables. Superar la denuncia testimonial para exigir leyes que impongan la corresponsabilidad real del Estado y las empresas, desvinculando el cuidado de la gratuidad del trabajo femenino.

6.- Unidad en la acción de mínimos. Establecer una «agenda de urgencia» que permita la movilización conjunta en temas indiscutibles como el fin de los feminicidios y la defensa de la sanidad pública, dejando los debates identitarios e ideológicos para otros espacios y ámbitos.

7.- Memoria y compromiso. Sin duda, el 8M nunca debería ser solo un día de gran manifestación, sino la culminación de un trabajo continuo durante todo el año, a lo largo y ancho de las organizaciones implicadas.

En definitiva, por lo que hemos visto, puede decirse que el feminismo español actual muestra la vitalidad de un movimiento amplio y diverso, pero también su fragilidad. El gran reto en los próximos años sería gestionar su pluralidad sin abandonar o romper su capacidad de movilización y transformación social, poniendo la lupa antes que en los debates internos, en las urgencias de las mujeres trabajadoras concretas a las que se dice querer representar.

unnafeminismomed

 Referencias

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