Coalición internacional exige a Irán la apertura del estrecho de Ormuz.

Mapa dibujado del estrecho de ormuz y conflicto buques

El estrecho de Ormuz, arteria vital por donde fluye el 20% del petróleo mundial, permanece cerrado por decisión soberana de Irán ante la agresión directa de Israel y Estados Unidos, que han bombardeado sus instalaciones y eliminado a líderes clave como Jameneí. Ahora, una coalición de más de 40 países liderada por el Reino Unido y alineada con las exigencias de Trump presiona para su reapertura «inmediata e incondicional», amenazando con sanciones económicas si Teherán no cede. Esta maniobra no es de defensa de la «libre navegación», sino un pulso imperialista para garantizar el flujo barato de hidrocarburos que sostiene la maquinaria capitalista global.

España, de partida, no se incluye en esta coalición. Fuentes diplomáticas indican que Madrid optó por la ausencia, alineándose con su postura de “no contribuir a la guerra actual” y de cautela frente a la escalada, pese a que previamente Pedro Sánchez ya había exigido públicamente la reapertura para evitar impactos energéticos, lo que a su vez abre el interrogante de si fue invitada o si rechazó participar en la coalición.

De un modo u otro, el cierre de Ormuz revela las contradicciones del imperialismo occidental. La coalición, que incluye potencias europeas de la OTAN, prefiere ignorar el origen del conflicto —la escalada bélica de Israel— y se limita a priorizar los mercados energéticos sobre la soberanía de naciones. Mientras, el precio del Brent supera los 115 dólares y el gas natural alcanza 92 euros/MWh, disparando la inflación en Europa y golpeando duramente a la clase trabajadora, con subidas del 50% en facturas de luz y un riesgo recesivo inminente. Desde la UE, también Von der Leyen condena a Irán, pero calla igualmente sobre las bases OTAN que facilitan la agresión, beneficiando indirectamente a Rusia con ventas caras de gas.

La OTAN, por su parte, se mantiene al margen de la intervención directa para evitar una guerra abierta, pero su secretario general, Mark Rutte, impulsa «medidas conjuntas» con aliados para reabrir la ruta, respondiendo a la ofensiva trumpista que ve en Irán un obstáculo a su dominio global. Esto profundiza la dependencia energética de Europa del capital transnacional, frena cualquier transición verde real y acelera la proletarización masiva mediante crisis artificiales. En última instancia, el pulso de Ormuz no es solo geopolítico: es la lucha por el control de las rentas petroleras que nutren la acumulación capitalista, donde las sanciones buscan doblegar a un Irán que resiste como baluarte contra el imperialismo.

La izquierda europea no puede hacer otra cosa que repudiar esta coalición hipócrita impulsada por Reino Unido y apoyar la autodeterminación iraní, exigiendo el fin de las bases OTAN y una transición energética soberana que priorice a los pueblos sobre las multinacionales. Solo rompiendo la cadena imperialista se liberará el potencial de un mundo multipolar más justo.

infocrisisormuz

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