El Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Mercosur perjudica a los pueblos y al planeta.

Imagen por IA de un agricultor desolado y los dirigentes de la UE y Mercosur

El acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur (integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), cuya firma definitiva se ha materializado este mismo mes de enero de 2026 tras más de un cuarto de siglo de negociaciones, representa uno de los tratados de libre comercio más ambiciosos y controvertidos de la historia reciente. Aunque sus defensores lo presentan como una oportunidad histórica para crear una zona de «libre comercio» de 720 millones de personas y un contrapeso geopolítico a las tendencias proteccionistas globales, el pacto enfrenta una resistencia feroz y multidimensional en ambas orillas del Atlántico. La oposición en Europa está liderada principalmente por el sector agrario y diversos gobiernos nacionales que consideran que el acuerdo sacrifica la soberanía alimentaria y los estándares de calidad del continente.

El actual gobierno social liberal de España del PSOE-Sumar, sin embargo, SI apoya este acuerdo.

Competencia Desleal y Falta de Reciprocidad

El argumento central de los agricultores europeos es la competencia desleal. Denuncian que los productos del Mercosur entrarán al mercado europeo con aranceles reducidos o nulos, a pesar de no cumplir con las estrictas normativas sanitarias, ambientales y de bienestar animal impuestas a los productores de la UE.

Por un lado, se critica la ausencia de «cláusulas espejo» efectivas que obliguen a los países del Mercosur a producir bajo las mismas exigencias que los europeos. Y también por el uso de Pesticidas. El uso en Sudamérica de fitosanitarios y pesticidas prohibidos en la UE (como el glifosato en ciertas aplicaciones o sustancias neonicotinoides) es visto como un riesgo para la salud pública y una ventaja competitiva injusta.

Desde Europa, ganaderos, agricultores de remolacha azucarera y productores de biocombustibles ven una amenaza existencial. ¿Cómo competir con productos que no cumplen los mismos estándares fitosanitarios, ambientales o de bienestar animal (hormonas, pesticidas)? Temen una «race to the bottom» (carrera hacia el abismo) que hunda sus precios y medios de vida.

Del mismo modo, desde Sudamérica la industria manufacturera (especialmente en Argentina y Brasil) tiembla ante la llegada masiva de coches, maquinaria, químicos y productos de lujo europeos. Temen que el acuerdo consolide su rol de «exportadores de materias primas» y mate de raiz cualquier intento de industrialización sofisticada.

Grave impacto Social y Laboral

Los sindicatos y algunos partidos de la izquierda advierten que la presión por la competitividad podría derivar en una precarización de las condiciones laborales y un estancamiento de los salarios reales, al tiempo que se limita la capacidad de los Estados para implementar políticas públicas de fomento industrial.

El acuerdo es una camisa de fuerza dorada: limita la capacidad de los Estados para regular en favor del interés público, proteger a las PYMEs o desarrollar políticas industriales propias, otorgando demasiados derechos a las grandes corporaciones e inversores extranjeros.

Por su parte, las ONGs señalan que el texto no garantiza suficientemente la protección de los pueblos indígenas cuyas tierras están en la línea de fuego de la expansión agrícola. Y Tampoco asegura el cumplimiento efectivo de los convenios fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en todos los territorios.

Desastre Ambiental y Climático

Las organizaciones ecologistas globales constituyen uno de los bloques opositores más vocales, calificando el pacto como un «acuerdo tóxico» para el planeta.

A pesar de las salvaguardias ambientales añadidas en las fases finales de la negociación, el acuerdo incentivará la expansión de la frontera agrícola en Sudamérica. Una gran presión sobre los Ecosistemas como resultado del aumento de la demanda de carne y soja para exportación, que se traducirá directamente en una mayor presión sobre la Amazonía, el Cerrado y el Gran Chaco, acelerando la pérdida de biodiversidad.

Además, también se plantea que los mecanismos de control y sanción por incumplimiento de los compromisos climáticos (como el Acuerdo de París) son débiles y difíciles de ejecutar.

Por otra parte, e incremento del comercio transatlántico de productos básicos que podrían producirse localmente contradice los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero debido al transporte marítimo de larga distancia.

Oposición diversificada

Las posturas publicadas ante la firma de este acuerdo agrupan a actores con intereses a menudo divergentes pero que coinciden en rechazar al texto actual (aún faltan los reglamentos de aplicación).

Conclusión

El acuerdo UE-Mercosur se encuentra en una encrucijada crítica. Mientras las élites políticas y los sectores exportadores de ambos bloques presionan por su ratificación final, la base social y productiva —especialmente en el ámbito rural europeo y el industrial sudamericano— manifiesta un rechazo profundo. La crítica fundamental reside en que el tratado prioriza el volumen comercial sobre la sostenibilidad ambiental, la equidad social y la reciprocidad normativa. Sin una revisión profunda que incluya garantías vinculantes y mecanismos de compensación efectivos, el acuerdo corre el riesgo de nacer con una legitimidad mermada y de enfrentar constantes obstáculos legales y sociales en su implementación. Esta es la lucha que sigue en pie a lo largo y ancho de los territorios implicados, como muestra por ejemplo la movilización agraria en el País Valencià.

Referencias

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