Los comunistas y el 8M. Observaciones militantes.

Composición por IA del contenido del articulo sobre 8M

El pasado 2 de marzo, el PCE publicó en su web un documento titulado No vamos a volver al blanco y negro. Contra el fascismo, feminismo que a nuestro entender resulta mejorable. Motivo por el que procedemos a hacer un breve análisis de su contenido y plantear algunas propuestas.

1. Estructura y planteamiento general

El documento del PCE persigue articular una unidad de lucha entre el feminismo y la oposición al fascismo, situando el combate contra la extrema derecha política como una condición para la defensa y ampliación de derechos de las mujeres. Se propone además un programa de “100 % para la vida” que prioriza recursos hacia sanidad, educación, cuidados y políticas de igualdad, frente al gasto militar. Enfoque que responde a una intersección entre feminismo y antifascismo que algunas corrientes de izquierda han defendido históricamente, aunque no sin tensiones en su formulación y prioridades. Además, el antifascismo se concibe no solo como oposición a partidos ultraderechistas sino como postura global contra “discursos de odio” que fragmentan a los sectores oprimidos.

2. Omisiones significativas

  • Ausencia de análisis de clase. Aunque se menciona la desigualdad estructural y se plantea una agenda de recursos públicos, el manifiesto no articula una crítica explícita y sistemática al capitalismo como raíz de la explotación de la clase trabajadora. Se invoca principalmente el “patriarcado imperialista” y la reacción fascista, sin integrar con suficiente claridad cómo las dinámicas económicas del capital reconfiguran las opresiones de género de forma específica (por ejemplo, en empleo, salarios, cuidados y precariedad laboral). Esto limita la capacidad del texto para conectar luchas sociales concretas hacia una estrategia de clase clara. Sin embargo, una lectura marxista-leninista conlleva una vinculación explícita entre patriarcado y modos de producción capitalistas que estructuran la explotación social y económica.
  • Carácter retórico del antifascismo. El uso del término “fascismo” se aplica tanto a la extrema derecha contemporánea (como PP/VOX y el “trumpismo”) como a discursos de odio genéricos, sin un criterio histórico y material claro de qué constituye fascismo y qué no. En la tradición marxista, el fascismo es una forma concreta de respuesta del capital en crisis para reprimir a la clase trabajadora y los movimientos populares; en el manifiesto esta categoría se usa con amplitud retórica, lo que puede diluir su significado analítico. Aunque la  extrema derecha se basa en discursos de odio legitimados políticamente, no todos ellos responden a dinámicas fascistas estrictas, según criterios históricos y sociopolíticos.
  • Propuestas testimoniales. Reclamar “100 % de presupuestos para la vida” y recursos hacia sanidad y cuidados es políticamente potente, pero el manifiesto no discrimina ni jerarquiza los sectores ni estrategias concretas de redistribución o de reforma. (¿Cómo se instrumentaría esa redistribución desde una política de clase? ¿Qué mecanismos se proponen para fortalecer la organización de trabajadoras/es por fuera de las agendas institucionales?) Ciertamente, la ausencia de vías tácticas claras debilita la capacidad de movilización efectiva y de construcción de poder popular.
  • Internacionalismo poco desarrollado. Aunque se mencionan ejemplos de retrocesos en otros países (como EE. UU., Italia y Hungría), el texto no articula una agenda internacionalista de construcción de alianzas con movimientos obreros y feministas de otros contextos. Hay referencias retóricas a la solidaridad entre pueblos, pero sin plantear cómo consolidar un frente internacionalista más allá de consignas enunciativas o testimoniales.. Cuestión relevante, si se considera el carácter global de la lucha contra el patriarcado y la extrema derecha en varios países. Y tampoco hay un enlace orgánico con iniciativas de clase obrera organizadas transnacionalmente fuera del Estado español, algo que fortalecen otras experiencias históricas de feminismo clasista y antifascismo.

3. Tensiones críticas

Unidad antifascista versus pluralidad de feminismos. Si bien se reivindica la unidad de diversas identidades, el texto no aborda las contradicciones internas del movimiento feminista, por ejemplo sobre prostitución, derechos trans o trabajo reproductivo. Esto puede generar tensiones tácticas en movilizaciones amplias, tal como ha ocurrido en diferentes convocatorias de 8M donde las diversas expresiones feministas han tenido agendas heterogéneas.

Focalización en partidos institucionales sin balance del movimiento social. El manifiesto tiende a situar el “enemigo” en la extrema derecha electoral y sus políticas, con menos atención a la crítica del poder institucional y empresarial emergente dentro del propio Estado capitalista. No hay un balance del rol de otras fuerzas políticas o de la clase empresarial (privada) en la reproducción de desigualdades estructurales más allá de la ultraderecha.

4. Valoración y propuestas

El manifiesto del PCE para el 8M articula positivamente una alianza entre feminismo y antifascismo con demandas por mayores recursos públicos. Sin embargo, presenta omisiones significativas en concreción de contenido de clase, definición rigurosa de fascismo, propuestas tácticas y articulación internacionalista. Para avanzar en una agenda que fortalezca a la clase trabajadora y a los movimientos feministas, sería necesario integrar el análisis material de la explotación capitalista, estrategias de organización popular y prioridades de movilización que trasciendan la retórica institucional y electoral empleada. Algunos ejes de propuesta podrían ser:

Feminismo de clase. Formular un marco que vincule la crítica al patriarcado con la crítica al capitalismo en términos concretos de producción social — salarios, contratación, organización sindical, reparto de la jornada, cuidados. E incorporar demandas específicas de trabajadoras sindicalizadas y precarizadas (servicios, cuidados, industria, educación), que conecten 8M con la lucha por empleo digno y sindicalización.

Estrategia antifascista concreta. En lugar de un antifascismo retórico amplio, proponer estrategias concretas de formación, organización comunitaria y acumulación de fuerzas en barrios, centros de trabajo y espacios populares. Esto implica construir frentes de solidaridad de base que disputen espacios políticos a la extrema derecha.

Agenda feminista independiente y no solo reactiva. Integrar prioridades que no dependan de debates institucionales reactivos a medidas de extrema derecha, sino que fortalezcan autonomía organizativa del movimiento feminista — cooperativas de cuidados, servicios comunitarios, educación popular. Diseñar plataformas de acción feminista que articulen lucha contra sexismo con lucha por vivienda, salud, transporte y seguridad en el espacio público.

Hacia un internacionalismo no testimonial. Conectar iniciativas del 8M con redes feministas de clase en Europa y globalmente mediante intercambios organizativos, campañas coordinadas y acciones comunes que trasciendan declaraciones de solidaridad.

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